La Unión Europea comenzará a aplicar este miércoles 12 de agosto el nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases, una normativa que establece reglas comunes para todos los Estados miembro y que pretende avanzar hacia envases reciclables, aumentar la reutilización y reducir la cantidad de residuos generados en el bloque. El cambio sustituye el sistema actual basado en legislaciones nacionales y busca evitar que las empresas tengan que cumplir requisitos diferentes según el país donde comercialicen sus productos.
Reglas comunes desde agosto
Una de las principales novedades del reglamento es que las disposiciones europeas pasan a ser directamente aplicables en toda la Unión Europea, en lugar de depender de la incorporación de una directiva comunitaria a las respectivas legislaciones nacionales. Esto permitirá que las empresas estén sometidas a los mismos requisitos independientemente del Estado miembro en el que vendan sus productos.
Entre las primeras medidas que entran en aplicación este 12 de agosto figuran límites comunes a la presencia de determinadas sustancias PFAS en los envases destinados a entrar en contacto con alimentos. Estos compuestos, conocidos habitualmente como “químicos eternos”, quedan sujetos a restricciones ante sus posibles efectos para la salud.
La normativa también armoniza conceptos utilizados hasta ahora de manera diferente entre los países, como los de productor y fabricante, e incorpora nuevas obligaciones de información y trazabilidad. El objetivo es que las autoridades puedan identificar al fabricante de un recipiente cuando detecten que un producto incumple los requisitos establecidos por las normas europeas.
La Comisión Europea ha aclarado, sin embargo, que esta información no tendrá necesariamente que aparecer sobre el propio producto. Podrá incorporarse también en documentos de entrega o de envío, de modo que las empresas no deberán modificar inmediatamente el etiquetado de todos los productos que ya tienen en el mercado.
Bruselas pretende así facilitar la transición hacia un modelo regulatorio común y reducir las diferencias que hasta ahora encontraban las compañías al comercializar un mismo envase en distintos Estados miembro.
Más reciclaje desde 2030
El cambio más importante llegará a partir de 2030, cuando comenzarán a aplicarse los requisitos destinados a garantizar la reciclabilidad de los envases, junto con nuevos objetivos de reutilización y exigencias sobre la proporción de material reciclado que deberán incorporar determinados embalajes de plástico.
Entre las obligaciones previstas, las botellas de plástico PET para bebidas deberán contener al menos un 30% de material reciclado en 2030. De esta manera, el reglamento introduce porcentajes concretos destinados a aumentar el aprovechamiento de materiales ya utilizados y reducir la generación de nuevos residuos.
También se establecen objetivos específicos de reutilización para los distribuidores de bebidas. A partir de 2030 deberán alcanzar un porcentaje del 10%, calculado sobre el volumen total de productos que comercialicen.
Estas exigencias forman parte de una aplicación progresiva de la normativa, que combina las medidas que comienzan a aplicarse este miércoles con otras obligaciones cuyo cumplimiento se irá incorporando en los próximos años.
La regulación modificará igualmente la manera en que los consumidores reciben información sobre cómo reciclar correctamente los envases. La Comisión Europea prevé presentar antes de que finalice el año las reglas necesarias para crear un sistema común de etiquetado en todo el bloque.
El objetivo es sustituir progresivamente las diferentes indicaciones que se utilizan actualmente en cada Estado miembro y conseguir que los consumidores puedan identificar de la misma manera en toda la UE el contenedor en el que deben depositar cada residuo.
Adaptación antes de sanciones
La Comisión Europea reconoce que la adaptación al nuevo reglamento supondrá costes iniciales para las compañías, aunque considera que la armonización de la normativa permitirá reducirlos a largo plazo al eliminar la necesidad de adaptar los embalajes a las diferentes exigencias nacionales.
“El Reglamento sustituirá las normas nacionales fragmentadas, difíciles de aplicar para los operadores económicos del mercado interior. Sin embargo, las nuevas normas también conllevan costes de adaptación, y hemos trabajado intensamente con los operadores del mercado para implementarlas de forma pragmática y sin burocracia”, ha indicado la comisaria de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, Jessika Roswall.
Durante este periodo inicial, Bruselas ha pedido además a las autoridades nacionales que adopten un enfoque gradual ante los posibles incumplimientos relacionados con las obligaciones que empiezan a aplicarse este 12 de agosto.
La Comisión recomienda que, antes de imponer directamente una sanción o retirar un producto del mercado, las autoridades recurran en primer lugar a advertencias y concedan a las empresas un plazo para corregir las irregularidades detectadas.
Bruselas no ha establecido una fecha límite general para esta aplicación gradual. El tiempo que se conceda para subsanar cada problema dependerá del tipo de incumplimiento, según ha explicado la Comisión, con la finalidad de que las compañías dispongan de margen para adaptarse progresivamente a las nuevas exigencias.
El Reglamento de Envases y Residuos de Envases abre así una transición en varias etapas: desde las obligaciones de trazabilidad y las restricciones sobre determinadas sustancias que empiezan a aplicarse ahora hasta los requisitos de reciclabilidad, reutilización y contenido reciclado previstos a partir de 2030.
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