Los museos de todo el mundo cuentan ahora con una nueva herramienta para distinguir auténticos artefactos antiguos de arcilla de posibles falsificaciones, después de que un equipo del Instituto Scripps de Oceanografía de la UC San Diego, en Estados Unidos, desarrollara una técnica capaz de diferenciar el magnetismo adquirido por estos materiales con el paso del tiempo del que incorporaron cuando fueron fabricados. Los resultados del trabajo, difundidos este 31 de agosto, se publican en la revista científica PNAS.
El magnetismo revela la antigüedad
El investigador postdoctoral de la UC San Diego Yoav Vaknin (1) encontró una manera de separar el magnetismo que los objetos de arcilla van adquiriendo progresivamente del magnetismo que quedó registrado en ellos el día en el que fueron fabricados y cocidos.
Los investigadores identificaron una diferencia significativa entre los artefactos modernos y los antiguos en la temperatura que resulta necesaria para eliminar el magnetismo adquirido después de la cocción original. Esta propiedad constituye la base del nuevo procedimiento propuesto para evaluar la autenticidad de las piezas.
Vaknin espera que el método resulte útil para los conservadores de museos que quieren exhibir únicamente objetos auténticos, pero también para arqueólogos e historiadores interesados en estudiar las sociedades que fabricaron las piezas y para las autoridades que combaten el comercio ilícito de antigüedades.
El investigador señala que este tráfico ilegal incluye tanto el saqueo de yacimientos arqueológicos como la falsificación de objetos que posteriormente pueden comercializarse como si se tratara de piezas antiguas.
Los autores recuerdan que un reciente proceso judicial celebrado en Israel por la venta de artefactos falsificados terminó sin éxito debido a la falta de pruebas concluyentes que permitieran demostrar la falsificación.
La coautora del estudio Lisa Tauxe, geocientífica de Scripps, considera que la técnica podría resultar especialmente útil para museos y gobiernos que necesitan adelantarse a quienes producen este tipo de objetos. Las falsificaciones constituyen un problema persistente en Israel, China, México y prácticamente todas las regiones del mundo en las que existen yacimientos arqueológicos.
La huella magnética de la cerámica
La técnica parte de una propiedad conocida de la cerámica cocida en hornos. Durante su fabricación, estos materiales adquieren una impronta correspondiente al campo magnético terrestre existente en ese momento.
De este modo, el magnetismo de las partículas de una vasija de barro creada actualmente apunta hacia la ubicación presente del polo norte magnético terrestre. Por el contrario, si una roca se enfrió hace unos 800.000 años, cuando el campo magnético terrestre estaba invertido, el magnetismo de sus pequeños cristales apuntaría hacia el polo sur.
Sin embargo, la dirección de la señal magnética no permite por sí sola conocer la antigüedad de una muestra. Esa dirección depende también de la orientación física que tenga el objeto cuando se realiza la medición.
Así, si una muestra se mantiene en una determinada posición, su señal puede apuntar hacia el norte, mientras que al darle la vuelta puede apuntar hacia el sur o hacia cualquier otra dirección. Esa circunstancia impedía utilizar únicamente la orientación del magnetismo como indicador fiable para establecer cuándo había sido creada una pieza.
El equipo superó esta limitación mediante la diferenciación de dos tipos de magnetismo presentes en las rocas, la arcilla y otros materiales. Esta separación permitió identificar qué parte de la señal había quedado fijada durante la fabricación del objeto y cuál se había acumulado posteriormente.
Durante la cocción de la cerámica, las señales magnéticas de sus partículas tienden a orientarse siguiendo la dirección del campo magnético terrestre. Cuando el material se enfría, la señal correspondiente a las partículas de mayor tamaño queda atrapada de forma permanente en esa orientación.
Este fenómeno recibe el nombre de magnetismo remanente térmico y conserva, por tanto, una señal asociada al momento en el que la pieza fue calentada y posteriormente se enfrió durante su fabricación.
Un umbral de 112 grados
Las partículas más pequeñas presentan un comportamiento diferente. Sus señales no llegan a estabilizarse permanentemente y su magnetismo fluctúa en función de las variaciones del campo magnético que se van produciendo a lo largo del tiempo.
Esta segunda propiedad se conoce como magnetismo remanente viscoso y resulta fundamental para el nuevo método desarrollado por el equipo de Scripps.
La magnetización viscosa puede eliminarse con relativa facilidad mediante el recalentamiento de la cerámica, aunque la temperatura necesaria para hacerlo varía según la edad de la pieza. Cuanto más reciente es el objeto, menor es la temperatura requerida.
Para comprobar estas diferencias, los investigadores analizaron diversos objetos de cerámica. Entre las muestras había piezas con miles de años de antigüedad, objetos procedentes de tiendas de recuerdos de Jerusalén y otras falsificaciones.
Las piezas fueron introducidas en un horno a temperaturas que comenzaron en 50 ºC y fueron aumentando posteriormente en intervalos de 10 ºC para determinar cuándo desaparecía la magnetización viscosa acumulada.
Los científicos comprobaron que, cuando una muestra tiene más de 1.000 años, esa magnetización viscosa solo puede eliminarse al superar una temperatura de 112 ºC. En las muestras modernas, por el contrario, desaparece a temperaturas inferiores.
Los geocientíficos conocían desde hacía décadas las propiedades magnéticas utilizadas en el estudio, pero durante mucho tiempo la capacidad de cálculo disponible resultó insuficiente para elaborar los modelos micromagnéticos necesarios para complementar las pruebas realizadas en laboratorio.
El equipo recurrió ahora a estos modelos para simular el calentamiento de muestras hipotéticas durante diferentes periodos de tiempo. Los resultados obtenidos permitieron a los investigadores establecer los 112 ºC como temperatura umbral para diferenciar las piezas antiguas de materiales más recientes.
Una vez establecido el procedimiento, los investigadores pretenden aplicarlo a objetos cuya autenticidad está cuestionada en museos de todo el mundo. De esta manera, la técnica podría proporcionar una nueva herramienta científica para analizar piezas arqueológicas sobre las que existen dudas.
Además de su utilización por conservadores, arqueólogos e historiadores, el método podría servir como prueba en procesos judiciales relacionados con presuntas falsificaciones, ampliando las posibilidades de reunir evidencias sobre objetos vendidos o presentados como antigüedades.
La investigación plantea así una forma de aprovechar las señales magnéticas conservadas en la propia arcilla para reconstruir parte de la historia de una pieza y establecer si su comportamiento corresponde al de un objeto antiguo o al de una creación moderna presentada como auténtica.
Referencias
- (1) Researchers Develop Method to Tell Authentic Artifacts from Fakes. UC San Diego, Yoav Vaknin.
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