Ver cómo otra persona queda en evidencia delante de los demás puede generar incomodidad también en quien lo presencia. Un estudio de la Universidad de Aalto (Finlandia) ha comprobado que el cerebro de las personas con rasgos narcisistas elevados responde de forma menos sincronizada ante esas escenas de vergüenza ajena que el de quienes puntúan bajo en narcisismo.
La investigación, publicada en Cerebral Cortex y difundida este martes, 27 de octubre de 2026, ha analizado con resonancia magnética funcional a 58 adultos mientras veían cómo otra persona recibía críticas a su historia personal. Lleva por título Reducción del acoplamiento cerebral social ante las amenazas a la imagen ajena en el narcisismo(1) (del inglés, Reduced social brain coupling to others’ face threats in narcissism) y la firman el investigador doctoral Matias Piispanen y otros once científicos de universidades de Finlandia y EE UU.
Menos sincronía ante la vergüenza
Las personas con rasgos narcisistas elevados han mostrado una actividad cerebral menos parecida entre sí cuando presencian cómo se pone en cuestión la imagen de otra persona. Los autores lo miden con la correlación entre sujetos, una técnica que compara cuánto se asemejan, a lo largo del tiempo, las respuestas cerebrales de distintas personas ante un mismo estímulo.
Los participantes con rasgos narcisistas elevados mostraron menor similitud entre sí en las regiones relacionadas con la empatía cognitiva
Los participantes con rasgos narcisistas elevados mostraron menor similitud entre sí en las regiones relacionadas con la empatía cognitiva, advierte el estudio. Se trata de la capacidad de comprender lo que piensa y siente otra persona. En concreto, la diferencia se mantuvo en una zona de la corteza prefrontal dorsolateral izquierda y en otra de la corteza cingulada posterior derecha.
Los autores asocian la primera región con la regulación de las emociones y con la capacidad de adoptar el punto de vista de otra persona. La segunda, con la tarea de contextualizar esa perspectiva con la propia experiencia. En el grupo con puntuaciones bajas, la actividad de estas áreas fue más semejante entre los participantes, una coincidencia que se interpreta como una respuesta más compartida ante la escena.
Los resultados tienen un matiz importante. En la ínsula anterior, otra región vinculada a la empatía afectiva –la que permite sentir las emociones ajenas–, no hubo diferencias entre los grupos. Tampoco las hubo con el análisis clásico, que mide cuánto se activa cada área en lugar de cuánto coincide con la de otras personas.
Piispanen explica, en un comunicado de la Universidad de Aalto, que quienes presentan muchos rasgos narcisistas pueden responder de otra manera a la vulnerabilidad ajena. Pueden sintonizar de forma distinta con la interacción, fijarse en otros aspectos o interpretar de otro modo lo que sucede, incluso ante la misma situación.
Los cuestionarios que rellenaron antes del escáner apuntan en la misma dirección. El grupo con narcisismo elevado declaró menos preocupación por los demás, menos malestar personal ante el sufrimiento ajeno y menos capacidad para adoptar otros puntos de vista que el grupo de comparación.
Un experimento con vídeos
El estudio arrancó con un cuestionario en línea sobre rasgos narcisistas que respondieron 935 personas. Con esas puntuaciones, el equipo invitó a las exploraciones cerebrales a quienes obtuvieron resultados altos y a un grupo de comparación con resultados bajos. Tras descartar a 15 personas por exceso de movimiento de la cabeza durante el escáner, la muestra final quedó en 58 participantes: 28 con narcisismo elevado y 30 con narcisismo bajo.
Los participantes vieron vídeos en los que un actor contaba historias personales de admiración o de exclusión y después recibía críticas a su relato
Los participantes vieron vídeos en los que un actor contaba historias personales de admiración o de exclusión y después recibía críticas a su relato. Las historias correspondían a su juventud y a su vida adulta. Después, otra persona valoraba el relato y, en los vídeos analizados, lo hacía de forma negativa: lo consideraba inadecuado o poco creíble y amenazaba así la imagen del narrador ante los demás.
El análisis principal se centró en los dos vídeos con crítica, que suman algo más de cuatro minutos. Los participantes no recibieron instrucciones de ponerse en el lugar del protagonista: solo se les pidió que observaran la reacción que recibía. Así, el equipo pudo ver cómo procesaban la escena de forma espontánea.
Mientras tanto, la resonancia magnética funcional registraba su actividad cerebral. Es una técnica que permite examinar los cambios en la actividad del cerebro mientras una persona realiza una tarea o presencia determinados estímulos. Después de cada vídeo, los participantes valoraron también cómo se sentían.
Este enfoque se diferencia de otros trabajos sobre empatía, que utilizan estímulos más sencillos y controlados, como expresiones faciales asociadas a una emoción concreta. Aquí se buscó reproducir una situación cercana a la vida real, que obliga a interpretar a la vez comportamientos, comentarios y posibles amenazas a la reputación. Piispanen subraya que una escena así es mucho más compleja y exige más interpretación y valoración de lo que sucede.
Los autores señalan que las bases cerebrales de este tipo de narcisismo se habían estudiado poco en contextos sociales complejos. Se trata del narcisismo grandioso, asociado a una sensación de superioridad. Estos rasgos están presentes en distinto grado en toda la población, aunque algunas personas los muestran de forma mucho más acusada.
Matices y límites del estudio
El planteamiento se apoya en las ideas del sociólogo Erving Goffman, que en los años cincuenta describió los esfuerzos constantes de las personas por mantener una determinada imagen ante los demás. Según esta perspectiva, la posibilidad de que otros cuestionen esa imagen puede generar ansiedad, incomodidad o vergüenza.
Estas emociones no afectan solo a quien recibe el comentario, sino que también pueden aparecer entre quienes presencian la situación
Estas emociones no afectan solo a quien recibe el comentario, sino que también pueden aparecer entre quienes presencian la situación, planteó Goffman. Observar un momento embarazoso exige, por tanto, algo más que reconocer una emoción: hay que evaluar las relaciones entre los implicados, interpretar la intención de los comentarios y entender cómo afectan a la consideración social de quien los recibe.
Los autores interpretan que la menor sincronía puede reflejar respuestas empáticas más variables ante el malestar social de otros. Recuerdan que una revisión previa de estudios apunta a que las personas con narcisismo grandioso rinden igual que otras en pruebas de comprensión de lo que piensa o siente alguien, aunque se describen peor a sí mismas. Según los autores, esto sugiere que tienen la capacidad, pero menos motivación para usarla.
Los propios investigadores advierten de que una menor coincidencia entre cerebros puede deberse a varios procesos –variaciones en la atención, interpretaciones distintas o falta de implicación– y no solo a la empatía. Por eso, el estudio describe diferencias en cómo se procesa la información social, sin reducir los resultados a una única reacción emocional.
Entre las limitaciones, la muestra no es representativa: es mayoritariamente joven y femenina y se reclutó a través de listas de correo universitarias, redes sociales y folletos. Además, algunos efectos eran significativos antes de aplicar correcciones estadísticas y solo se mantuvieron en dos subregiones concretas, por lo que los autores piden estudios con muestras más grandes.
El diseño tampoco permite separar el narcisismo grandioso del vulnerable, más ligado a la vergüenza y a la hipersensibilidad ante la evaluación ajena. Por eso, los resultados no pueden extrapolarse a esta segunda forma, señalan los autores.
Piispanen advierte de que las personas con numerosos rasgos narcisistas no siempre establecen vínculos genuinos o de apoyo con quienes las rodean, lo que puede generar dificultades y malentendidos en las relaciones. El siguiente artículo del equipo sobre narcisismo examinará las expresiones faciales, como los músculos asociados a la sonrisa, según la universidad.
Referencias
- (1) Reduced social brain coupling to others’ face threats in narcissism (Reducción del acoplamiento cerebral social ante las amenazas a la imagen ajena en el narcisismo). Cerebral Cortex.
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