El Papa León XIV ha llamado este lunes en Madrid a los obispos españoles, durante su discurso en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), a responder con escucha, verdad, justicia y reparación a las víctimas de abusos en el ámbito de la Iglesia, una realidad que ha descrito como una “plaga” al referirse a quienes han sido heridos por quienes debían cuidarlos, “incluso por miembros del clero”.

 

Escucha y reparación

 

El Pontífice ha situado la atención a las víctimas de abusos como uno de los puntos centrales de su intervención ante los obispos españoles. Según ha señalado, el viaje está hecho de encuentros y, entre ellos, no faltan quienes viven “momentos de oscuridad” y reclaman que la Iglesia se haga para ellos “samaritana”.

León XIV ha afirmado que uno de los encuentros más dolorosos es con quienes han sido heridos por personas que debían cuidarlas, incluidos miembros del clero. Ante esa realidad, ha subrayado que la comunidad eclesial está llamada a responder con escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación.

El Papa ha insistido en que la respuesta ante esta “plaga” debe apoyarse en la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido con la prevención y la cultura del cuidado. El Pontífice se reunirá este lunes con algunas víctimas de abusos en un encuentro privado.

 

Diálogo y nuevos lenguajes

 

Durante su discurso, León XIV también ha trasladado a los obispos que el patrimonio de la Iglesia debe ser siempre instrumento y oportunidad de diálogo con quienes se encuentran en el camino. Para explicarlo, ha recurrido a la imagen de los peregrinos del Camino de Santiago y a las “inmensas planicies castellanas” que pueden aparecer vacías a los ojos.

El Pontífice ha vinculado esos encuentros de los peregrinos con personas mayores o trabajadores extranjeros a situaciones sociales que, según ha dicho, se perciben en algunas realidades eclesiales. También ha recordado que España ya afrontó en el pasado situaciones análogas, cuando la Iglesia tuvo que reconstruir su presencia en “franjas de tierra quemada” y surgieron modelos de evangelización que después se exportaron a América.

En ese contexto, ha señalado que los obispos están llamados a construir una nueva realidad mediante el diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes, como hizo fray Hernando de Talavera y, más adelante, santo Toribio de Mogrovejo en América.

León XIV ha apuntado que los lenguajes de la era digital son distintos y que las culturas que componen ahora el mosaico de las realidades eclesiales también han cambiado, con migrantes de todas las partes del mundo. Aun así, ha subrayado que el espíritu debe permanecer y que hay que afrontar con franqueza los retos siempre nuevos de la evangelización en cada circunstancia.

El Papa ha añadido que, después de las “llanuras desiertas”, también aparecen las grandes ciudades, donde el silencio y la lejanía no son espaciales, sino íntimos. Según ha remarcado, las respuestas serán distintas, pero los procesos para llegar a ellas deben ser análogos: escucha, comprensión, respeto, generosidad y franqueza.

 

Vocaciones y comunidades

 

León XIV ha pedido a los obispos españoles que su misión custodie la unidad, favorezca el diálogo, sane las fracturas y acompañe el camino del pueblo encomendado a su cuidado. A su juicio, una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a otras confesiones cristianas, a otras religiones, a quienes no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común.

El Pontífice también ha señalado otro desafío que toca hoy el corazón de muchas personas: la dificultad de asumir compromisos definitivos y tomar decisiones vitales profundas. En muchos jóvenes, y no solo en ellos, la pregunta “¿Para quién soy?” resuena, según ha afirmado, como una búsqueda sincera de sentido, pertenencia y don.

En esa línea, León XIV ha defendido que el corazón humano no se colma acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisorias, sino cuando descubre una llamada y comprende que la vida llega a plenitud cuando es donada. Por ello, ha advertido de que la pastoral vocacional no puede reducirse a una simple búsqueda de números.

El Papa ha afirmado que esa pastoral nace de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad y de una Iglesia que muestra con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande. Donde el Evangelio se vive con alegría, servicio y comunión, ha señalado, la llamada del Señor puede ser nuevamente escuchada como promesa de vida.

Respecto al contexto vocacional actual, León XIV ha dicho que la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación. También ha indicado que los seminaristas tienen derecho a la mejor formación posible y que la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados.

El Pontífice ha explicado que los seminarios deben ser auténticas casas de formación si aseguran una adecuada experiencia comunitaria, cuentan con formadores dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en acompañamiento espiritual, y disponen de Centros Superiores de Teología dotados de los medios necesarios para desarrollar su función.

Para afrontar estos desafíos, el Papa considera imprescindible aunar fuerzas y aprender a trabajar juntos. También ha destacado que las dificultades pueden convertirse en oportunidades, especialmente cuando se trata de presentar la vocación de los laicos y su integración en el camino de vida de la Iglesia.

León XIV ha recordado que en muchas obras gestionadas tradicionalmente por religiosos se recurre a colaboradores laicos para poder seguir realizando la tarea. A su juicio, esa dificultad puede convertirse en una oportunidad de encuentro, diálogo y comunicación, siempre que esos laicos lleguen a percibir su participación como una llamada de Dios a asumir su responsabilidad como cristianos.

Sobre la secularización, el Papa ha indicado que muchos hombres y mujeres no rechazan simplemente a Dios, sino que llevan en el corazón una sed profunda de sentido, verdad, pertenencia y esperanza, aunque no sepan darle un nombre. También ha recalcado que la fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de sus medios, sino de la santidad de sus hijos, la comunión de sus pastores y la fidelidad humilde de quienes se dejan guiar por el Espíritu.

Tras su intervención, León XIV ha firmado en el libro de honor de la CEE, ha recibido un evangeliario con el lema y el escudo pontificio y un cuadro de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América. Además, ha saludado a arzobispos, obispos y administradores diocesanos.

Posteriormente, el Pontífice ha descubierto una placa conmemorativa de su visita en la puerta de la sede de la CEE, ha saludado brevemente a los trabajadores de la casa y se ha acercado a los fieles que le esperaban a las puertas. Con motivo de la visita, la CEE ha estrenado un cuadro pintado por la cordobesa María José Ruiz, en el que se ve a León XIV en la Basílica de San Juan de Letrán.

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