Una nueva generación de jóvenes indígenas de Brasil lleva la defensa de sus derechos y de sus territorios al espacio digital, donde las redes sociales, la música, la fotografía y la danza se han convertido en herramientas de resistencia frente a la crisis climática.
Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora el 9 de agosto, tres jóvenes líderes describen esa transformación desde sus comunidades: la bailarina y emprendedora Marciele Albuquerque, del pueblo Munduruku; la cantante y compositora Kaê Guajajara, del pueblo Guajajara; y el fotógrafo y comunicador Cristian Wariu, del pueblo Xavante.
El bosque ya no alimenta
Los tres forman parte de la iniciativa Verified de las Naciones Unidas, que trabaja para combatir la desinformación relacionada con el clima. Sus testimonios describen cómo el aumento de las temperaturas, la desaparición de fuentes de alimento, los incendios forestales y la pérdida acelerada de tierras ancestrales forman ya parte de la vida cotidiana en sus comunidades.
Marciele Albuquerque creció en Juruti, en la Amazonía brasileña, donde durante su infancia podía nadar en los ríos y recoger frutas a pocos pasos de su comunidad. Cuando regresa ahora, asegura encontrar una realidad muy diferente.
“Podemos sentir que cada año hace más calor. Las frutas ya no son tan abundantes como antes”, explicó la bailarina, que describe recorridos cada vez más largos por el bosque para reunir los mismos alimentos que antes crecían junto a la comunidad.
La joven munduruku percibe además cambios cada vez más pronunciados entre las estaciones. “Notamos la diferencia entre la temporada de lluvias y la estación seca. Las sequías se han vuelto extremas, y también las inundaciones”, señaló.
Los incendios transforman el Cerrado
Cristian Wariu procede del territorio indígena Parabubure, en el valle de Araguaia, en el estado de Mato Grosso. Allí, los incendios forestales cada vez más intensos están transformando el bioma del Cerrado y alterando la vida cotidiana de las comunidades indígenas.
Sus consecuencias, sostiene, van mucho más allá del medio ambiente. “La vida se ha vuelto cada vez más insostenible porque estos incendios ahora son incontrolables. Afectan gravemente la cadena alimentaria del pueblo Xavante, y eso también facilita la entrada en nuestras comunidades de muchos alimentos que no son buenos para nuestra gente”, señaló el fotógrafo.
“Un problema lleva a otro y, finalmente, termina afectando nuestra salud”, añadió. Según las Naciones Unidas, más de 370 millones de personas indígenas en todo el mundo ya experimentan los efectos del cambio climático, unas presiones que se han intensificado a medida que aumentan las temperaturas globales.
Nacida en Mirinzal, en el estado brasileño de Maranhão, Kaê Guajajara considera que la actual crisis ambiental refleja un modelo de desarrollo impuesto a los pueblos indígenas. Para ella, distinguir los hechos de la desinformación resulta cada vez más importante, sobre todo para que las comunidades vulnerables puedan prepararse ante las amenazas climáticas antes de que ocurran.
La cantante sostiene que la música se ha convertido también en una forma de resistencia. “Nuestras canciones tradicionales antes celebraban la belleza de la naturaleza y nuestra relación con ella. Hoy, esas mismas canciones hablan de nuestros territorios y de cómo somos expulsados de ellos. Hablan de la deforestación porque la estamos viviendo”, afirmó.
La visibilidad convertida en poder
Al mirar a las generaciones anteriores, Cristian Wariu reconoce el trabajo de los líderes indígenas que consiguieron derechos constitucionales y construyeron organizaciones que fortalecieron su ciudadanía. Su generación, sostiene, libra ahora la lucha en otro frente.
“La demarcación ya no consiste únicamente en la política. También se trata de ocupar las pantallas. Una cosa fortalece a la otra”, explicó. “Cuando observo el movimiento indígena en su conjunto, creo que la mayor contribución de nuestra generación ha sido la comunicación. La visibilidad se convirtió en poder”.
Según su testimonio, esa creciente presencia digital también está ayudando a los pueblos indígenas a acceder a instituciones políticas y a espacios gubernamentales de toma de decisiones que anteriormente quedaban fuera de su alcance.
Marciele Albuquerque conoce bien el poder de esa visibilidad: fue la primera mujer indígena elegida Cunhã-Poranga, el principal título cultural femenino del Festival Folclórico de Parintins. Este año ganó la competición actuando con Boi Caprichoso.
Una de las canciones que acompañaron la victoria – Guerreira das Lutas, compuesta en su honor en 2022 – alcanzó popularidad nacional después de que la bailarina participara este año en Big Brother Brasil. Su coro nombra a numerosos pueblos indígenas, la parte que más fuerza le da porque, afirma, ahí no representa solo al suyo, sino a la diversidad indígena de Brasil.
“El arte es una forma de luchar”, resume. Para ella, el escenario de Parintins permite que el público se acerque de manera natural a los problemas que afectan a los pueblos indígenas mientras celebra su cultura, y la danza sirve además para ofrecer representación a las nuevas generaciones.
Kaê Guajajara persigue un objetivo similar a través de su música y desafía los estereotipos según los cuales los indígenas pierden su identidad por utilizar teléfonos inteligentes o producir música electrónica. “Hoy es cada vez más común escuchar el sonido de la maraca junto a los sintetizadores”, sostiene.
Tras presentarse en importantes festivales de Brasil y de otros países, la compositora promueve también el idioma Ze’egete, hablado por el pueblo Guajajara. Criada en la favela de Maré, en Río de Janeiro, recuerda que alrededor de la mitad de la población indígena del país vive actualmente en ciudades y reclama políticas públicas más sólidas para apoyar a estas comunidades en entornos urbanos.
La artista observa además una presencia indígena cada vez mayor en la industria musical brasileña, algo que considera una oportunidad para sanar lo que describe como una herida colonial que durante generaciones silenció sus voces.
Su canción Samaúma resume su manera de entender la resistencia: por mucho cemento que se vierta sobre la tierra, las raíces siempre acaban atravesándolo. La samaúma o ceiba, conocida como “Reina del Bosque”, es un árbol centenario venerado por numerosos pueblos indígenas que, para ella, representa la resiliencia y la vida.
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