Las cuentas del cine comercial esconden una paradoja. Las películas escritas por mujeres, pero no dirigidas por ellas, han obtenido en las últimas tres décadas un beneficio un 34% superior al de las producciones hechas solo por hombres, con presupuestos similares. Aun así, las mujeres siguen infrarrepresentadas en la industria y prácticamente ausentes de los proyectos más caros.

Sumario

 

Así lo recoge un estudio publicado en la revista Frontiers in Communication(1) por Anja Huwiler, investigadora de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania), que ha analizado cerca de 200.000 películas estrenadas entre 1994 y 2023. Para la autora, los resultados revelan un problema en la forma en que se reparte el dinero dentro de la industria cinematográfica.

 

Más rentabilidad con guionistas mujeres

 

El trabajo ha cruzado dos grandes fuentes de datos. Por un lado, la ficha de 199.656 largometrajes de ficción registrados en la plataforma IMDb. Por otro, las cifras de presupuesto e ingresos en taquilla de 4.245 de esas películas, en su mayoría estrenos estadounidenses, cuyas cuentas son públicas.

Las películas escritas por mujeres pero no dirigidas por ellas fueron las que alcanzaron el mayor beneficio entre los cuatro grupos que compara el estudio

Las películas escritas por mujeres pero no dirigidas por ellas fueron las que alcanzaron el mayor beneficio entre los cuatro grupos que compara el estudio. Frente a las producciones exclusivamente masculinas, su beneficio fue un 34% mayor y su retorno de la inversión, un 25% superior.

El retorno de la inversión –conocido por sus siglas en inglés, ROI– relaciona lo que gana una película con lo que ha costado producirla. Mide, por tanto, la eficiencia del dinero invertido: no basta con recaudar mucho, hay que recaudar mucho en relación con lo gastado.

Las cifras corresponden a valores medianos –el de la película situada justo en el centro de cada grupo–, un método que evita que unos pocos éxitos de taquilla desproporcionados distorsionen el resultado.

Las películas con mujeres tanto en la dirección como en el guion consiguieron, por su parte, un retorno similar al de las masculinas pese a trabajar con aproximadamente la mitad del presupuesto: unos 20 millones de dólares frente a unos 39 millones.

El estudio precisa que este cálculo no incluye los gastos de marketing y distribución ni otros ingresos, como los de plataformas de streaming o el merchandising. Además, al tener en cuenta el tipo de película –comedia, terror, drama…–, la ventaja de las guionistas se reduce, pero se mantiene.

 

Los grandes presupuestos siguen masculinizados

 

Pese a esos resultados, el reparto de la inversión dibuja un panorama muy distinto. A medida que crece el presupuesto, aumenta también el peso de las películas dirigidas y escritas solo por hombres: son tres de cada cuatro en el 10% más caro y casi nueve de cada diez en el 1% más caro.

En tres décadas, ninguna película dirigida por una mujer ha entrado en el 1% de producciones con mayor presupuesto, un grupo de 44 superproducciones

En tres décadas, ninguna película dirigida por una mujer ha entrado en el 1% de producciones con mayor presupuesto, un grupo de 44 superproducciones. Cada una de ellas contó con un presupuesto mediano de entre 320 y 340 millones de dólares, y solo cinco tenían a una mujer como guionista.

Esas pocas excepciones, sin embargo, obtuvieron mejores resultados: un beneficio mediano de unos 930 millones de dólares, frente a los cerca de 818 millones de las películas exclusivamente masculinas, aun partiendo de presupuestos algo menores.

La tendencia se repite en otros escalones de gasto. Entre el 10% de películas más caras, las escritas por mujeres y dirigidas por hombres lograron un retorno de la inversión un 33% mayor. El estudio subraya que en estos grupos hay pocos casos, por lo que las diferencias deben leerse como una descripción y no como una prueba estadística concluyente.

Tampoco el público parece justificar este reparto. Las valoraciones de los espectadores en IMDb fueron comparables entre todos los grupos y, en las grandes producciones, las diferencias de audiencia prácticamente desaparecieron.

La autora describe la situación como un rompecabezas económico: el lugar al que fluye el capital no coincide con aquel en el que se obtienen retornos iguales o mejores.

 

Tres décadas de avance lento

 

Más allá del dinero, el estudio constata que la llegada de mujeres a la escritura y la dirección cinematográfica ha avanzado con lentitud. El porcentaje de películas que acreditaban al menos a una mujer como directora o guionista pasó del 21,5% en 1994 al 29,4% en 2023.

Después de casi tres décadas, menos de una de cada tres películas analizadas contaba con una mujer en alguno de esos dos puestos creativos

Después de casi tres décadas, menos de una de cada tres películas analizadas contaba con una mujer en alguno de esos dos puestos creativos. En el conjunto del periodo, casi tres de cada cuatro películas –el 73,8%– no acreditaban a ninguna mujer ni en la dirección ni en el guion.

La investigación también ha examinado si el movimiento #MeToo, surgido en 2017, aceleró esa evolución. Aunque la presencia femenina siguió creciendo, los datos no muestran una aceleración sostenida: solo un pequeño aumento puntual que no llegó a ser estadísticamente significativo.

El trabajo no ha investigado directamente las causas, pero Huwiler señala que estudios anteriores apuntan a la aversión al riesgo en la financiación del cine. En un negocio marcado por la incertidumbre, quienes deciden tienden a recurrir a profesionales conocidos y a fórmulas ya probadas, lo que refuerza el statu quo aunque los números indiquen otra dirección.

La investigadora considera que un cambio duradero podría requerir modificar cómo acceden las profesionales a las oportunidades y convertir en habitual la búsqueda de talento fuera de los círculos de siempre en las decisiones de contratación y presupuesto.

El propio estudio reconoce varias limitaciones. Los datos económicos proceden sobre todo de estrenos estadounidenses y algunos grupos tienen pocos casos. Es lo que ocurre con las películas dirigidas por mujeres sin guionista femenina: solo 83 títulos, que registraron el retorno más bajo de la muestra, un dato que la autora pide interpretar con cautela.

Además, si cada persona acreditada era hombre o mujer se dedujo a partir de su nombre de pila, un método que puede dejar infrarrepresentadas a mujeres de ciertos orígenes, como las que tienen nombres chinos transcritos al alfabeto latino.

Para Huwiler, una de las aportaciones del trabajo es abordar la desigualdad desde una perspectiva financiera, y no solo de representación. Sus resultados, concluye, ofrecen motivos para que estudios e inversores revisen cómo deciden la contratación, la aprobación de proyectos y el reparto de presupuestos.

Referencias

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