El Ministerio de Salud de Francia estima que hasta 1.000 personas han muerto esta semana posiblemente a causa de la ola de calor que afecta al país y a gran parte de Europa.

Sumario

 

El episodio extremo golpea también al campo francés, con cientos de miles de aves de corral muertas, presión sobre las explotaciones avícolas y preocupación por el impacto en las cosechas.

 

Balance sanitario provisional

 

El nuevo balance sanitario sitúa en hasta 1.000 los fallecimientos posiblemente relacionados con el calor desde el 24 de junio, según la estimación realizada por las autoridades francesas en comparación con la mortalidad media de los meses anteriores.

El Ministerio habla de muertes posiblemente atribuidas al calor, una formulación que evita establecer una relación directa y cerrada entre cada fallecimiento y las temperaturas extremas. Aun así, la mortalidad detectada sitúa el episodio como una crisis de fuerte impacto sanitario.

Las autoridades sanitarias precisan que estos datos se basan en certificados de defunción electrónicos y siguen siendo incompletos, especialmente en lo relativo a las muertes ocurridas en domicilios. Por ello, el balance puede modificarse conforme se incorporen nuevos registros.

La población mayor de 65 años concentra el 85% de los fallecimientos recogidos en las estimaciones oficiales. Este dato sitúa a las personas de más edad como el grupo más afectado por la mortalidad observada durante la semana.

El incremento resulta especialmente notable en las regiones que se encuentran desde hace días en alerta roja. Entre ellas figuran Île-de-France, Nueva Aquitania, Bretaña, Centro-Valle del Loira, Normandía y Países del Loira.

La ministra de Sanidad, Stéphanie Rist, ha declarado a BFM TV que, aunque la ola de calor sea comparable desde el punto de vista meteorológico a la de 2003, probablemente Francia no estará en la misma situación desde el punto de vista sanitario. Aquella crisis veraniega se cobró la vida de 15.000 personas en todo el país.

La comparación con 2003 introduce el principal antecedente reciente de mortalidad asociada al calor en Francia. Sin embargo, el balance actual se mantiene como una estimación preliminar, pendiente de consolidación por parte de las autoridades sanitarias.

 

Aves muertas por el calor

 

La ola de calor también está llevando al límite a agricultores y ganaderos franceses, especialmente en el sector avícola. Las organizaciones agrarias y fuentes del sector hablan de cientos de miles de aves de corral muertas por las altas temperaturas, aunque todavía no existe una cifra definitiva.

El impacto se concentra sobre todo en Bretaña y Países del Loira, las dos principales regiones avícolas de Francia. Ambas reúnen cerca del 60% del censo de aves de corral del país, lo que amplifica las consecuencias del episodio sobre la producción avícola nacional.

Francia es el tercer productor avícola de la Unión Europea, por detrás de Polonia y España. Por ello, la mortandad registrada en estas regiones no supone solo un problema local, sino también un golpe relevante para uno de los principales sectores avícolas europeos.

El presidente del grupo francés del sector avícola ANVOL, Yann Nedelec, ha señalado que en las dos mayores regiones productoras se observa una mortalidad excesiva debido al calor. El fenómeno afecta tanto a explotaciones cubiertas como al aire libre, según las informaciones difundidas por el sector.

Las Cámaras Agrarias de Bretaña y Países del Loira han advertido de una mortandad “masiva” en granjas avícolas. El volumen de cadáveres está desbordando los servicios habituales de recogida y tratamiento, lo que ha llevado a plantear autorizaciones excepcionales para enterramientos en las propias explotaciones.

Los sistemas de ventilación, nebulización y suministro de minerales en el agua se han utilizado para intentar reducir el estrés térmico de los animales. Sin embargo, cuando el aire exterior supera ampliamente los 35 grados, estas medidas resultan insuficientes en muchas granjas.

El golpe para los productores combina pérdidas económicas, problemas logísticos y un fuerte impacto emocional. La retirada de miles de animales muertos en pocos días obliga a las explotaciones a operar en condiciones extremas, con servicios de recogida incapaces de absorber todo el volumen generado.

Por ahora, los datos disponibles no ofrecen un desglose oficial de mortalidad animal por todos los sectores ganaderos. La cifra más concreta se refiere al sector avícola, mientras que no se han difundido balances equivalentes para vacuno, porcino u ovino.

Esta ausencia de datos sectoriales cerrados obliga a tratar con cautela el alcance total del impacto ganadero. Sí se constata, en cambio, que la avicultura francesa es el sector con mayor información disponible sobre muertes de animales asociadas al episodio de calor extremo.

 

Cosechas bajo amenaza

 

La ola de calor amenaza también al conjunto del campo francés, más allá de la ganadería. Las altas temperaturas y la falta de agua afectan a varias producciones agrícolas y elevan la preocupación por el rendimiento de las cosechas en las próximas semanas.

Las estimaciones difundidas apuntan a posibles pérdidas de rendimiento de hasta el 30% en el maíz si persiste la falta de lluvias. Este cultivo se encuentra entre los más expuestos al estrés hídrico y térmico durante episodios prolongados de calor.

También preocupan las hortalizas al aire libre, más vulnerables a las temperaturas extremas y a la escasez de agua. El impacto sobre estos cultivos puede traducirse en menores volúmenes disponibles y en dificultades para mantener la calidad de la producción.

El calor afecta además a cultivos que se encuentran en fases sensibles, como la floración o el desarrollo del fruto. En estos momentos, las temperaturas extremas pueden reducir el rendimiento final o deteriorar parte de la producción antes de la recolección.

El sector de la distribución ha advertido de posibles subidas en los precios de frutas, verduras y carne. La combinación de pérdidas agrícolas, mortalidad animal y mayores costes de producción introduce presión sobre la cadena alimentaria.

Entre los productos amenazados figura el melón francés, que podría escasear si se mantienen los efectos de la sequía y las temperaturas extremas. La falta de agua puede impedir que parte de las cosechas llegue al mercado en condiciones normales.

En el este del país, productores de Fougerolles, en Alto Saona, tratan de salvar la cosecha de cerezas destinadas a la elaboración de kirsch. El calor intenso está dañando la fruta y amenaza con reducir de forma importante la producción prevista.

La crisis agraria se suma así al balance sanitario de la ola de calor. Mientras las autoridades contabilizan hasta 1.000 fallecimientos posiblemente asociados al episodio, el campo francés afronta pérdidas animales, daños en cultivos y temor a un encarecimiento de alimentos básicos.

El episodio muestra una cadena de impactos que alcanza simultáneamente a la salud pública, la producción animal y las cosechas. Para agricultores y ganaderos, la adaptación a temperaturas extremas deja de ser una previsión de futuro y se convierte en una urgencia inmediata.

Las autoridades francesas mantienen la cautela sobre el balance definitivo. Tanto la cifra de fallecimientos como el alcance de las pérdidas en el campo dependen todavía de datos incompletos, aunque los primeros indicadores dibujan ya una crisis de fuerte impacto sanitario, agroganadero y alimentario.

La ola de calor, comparable desde el punto de vista meteorológico a la de 2003, se produce en un país que ha reforzado su respuesta sanitaria desde aquella crisis. Aun así, las cifras provisionales y los daños en el campo muestran la vulnerabilidad de Francia ante episodios extremos cada vez más intensos.

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