Pocas imágenes resultan más repulsivas que unas narices mocosas, no será mi yo cívico el que lo niegue. Pero sí que será mi otro yo, el científico, el que sugiera mirar más allá y reflexionar sobre cómo sin los mocos estaríamos muertos.

Sí, aunque cueste creerlo, el mucus (así suena mejor) es la materia física que permite la dinámica vital. Desde esta perspectiva, el moco es vida. Y lo es gracias a unas propiedades físicas fascinantes que le permiten realizar funciones increíblemente variadas y sofisticadas. Tanto es así, que determinados mucus (como el cervical) se han ganado el calificativo de “inteligentes”.

 

La insospechada física del moco

 

El mucus es lo que denominamos, aunque suene rarísimo, un material reológico (deformable) de tipo viscoelástico no newtoniano. Esto quiere decir que, a macroescala, se puede comportar indistintamente como un líquido (que fluye) o como un sólido (resistente a la deformación), dependiendo del esfuerzo aplicado. Por el contrario, a nanoescala, se comporta como un fluido de baja viscosidad. Por eso, aunque en reposo sea espeso, la fuerza de una potente tos o un estornudo lo vuelve fluido (ya que se adelgaza por cizallamiento o shear-thinning), lográndose su expulsión.

Esto es posible porque este coloide contiene, además de más de mil proteínas diferentes (entre defensivas, estructurales o factores de crecimiento), muchas moléculas de mucina. Estas glucoproteínas son las responsables de que el mucus, cambiante y pseudoplástico, obre maravillas funcionales. Sin mucus, los mamíferos ni respiraríamos, ni nos alimentaríamos ni, lo que es más sorprendente, nos reproduciríamos.

 

La mejor de las defensas

 

Las mucinas forman una red tridimensional, microscópica y muy pegajosa, que atrapa partículas en las entradas de nuestros “agujeros corporales”. Al inspirar, estas auténticas barreras físicas evitan que bacterias, virus, polvo y demás partículas ambientales contacten con las células epiteliales de la mucosa del tracto respiratorio. Las mucinas MUC5AC y MUC5B del moco pulmonar, además, aglutinan estas partículas extrañas y las expulsan al exterior mediante el movimiento ciliar coordinado de bronquiolos, bronquios y tráquea.

Pero no son solo defensores pasivos. Los azúcares de las mucinas (glicanos) alteran la superficie de los microorganismos, impidiendo que se “peguen” a nuestras células. Asimismo, el mucus contiene elementos que neutralizan o destruyen microorganismos, como anticuerpos (la inmunoglobulina A secretora neutraliza patógenos antes de que lleguen a contactar con las células) o enzimas antimicrobianas (la lisozima y otros péptidos dañan o inhiben bacterias y hongos).

Y no solo se trata de una cuestión de narices. En el tracto digestivo, el mucus segregado por las células globosas gastrointestinales nos defiende contra la multitud de patógenos que ingerimos normalmente con los alimentos o con los objetos que nos llevamos a la boca a lo largo del día.

 

El mucus es un excelente hidratante

 

El mucus sorprende también por su higroscopía, es decir, por su elevadísima capacidad de captar y retener agua. Se lo debe también a las mucinas, que forman múltiples puentes de hidrógeno con las moléculas de agua, configuran una especie de colchón de hidrogel sobre los epitelios que evita su desecación y amortigua los cambios térmicos y químicos.

Esto es más importante de lo que parece. En primer lugar, porque impide el daño mecánico de los tejidos expuestos al exterior, manteniéndolos lo necesariamente húmedos y lubricados para que sean funcionales. Pensemos en nuestros ojos: la fina capa de mucus superficial retiene una humedad que, junto con el parpadeo, nos asegura el nivel de hidratación necesario para poder ver. Pero también porque protege estructuras internas de la desecación que supone el contacto con el aire.

Me refiero no solo a la cavidad bucal, las fosas nasales, los conductos excretores o las aberturas reproductoras sino, sobre todo, a los órganos específicos de flujo de aire. ¡Qué sería de nuestros conductos respiratorios y de nuestros pulmones sin un mucus hidratador! Pasarían al estado de mojama en pocos minutos y no podríamos respirar.

Pero es más que un protector, porque los gases no difunden si no es a través de un medio fluido continuo donde sus moléculas puedan moverse. De hecho, el coeficiente D de la ley de Fick (J=−D∇c), que rige los procesos de difusión, solo está bien definido dentro de una fase continua que es lo que, precisamente, aporta el mucus. Ahora ya saben por qué los animales de respiración cutánea son tan babosos y tienen una piel tan mucilaginosa. También entenderán por qué nuestros alveolos pulmonares no son más que microbolsas de moco. Así aseguran la difusión del oxígeno hacia los glóbulos rojos de los capilares dispuestos bajo el epitelio respiratorio.

Igualmente se posibilita la difusión de los alimentos digeridos a través de las vellosidades intestinales. Sin su recubrimiento de mucus, sería inviable nuestra alimentación.

 

No hay máquina biológica que funciones sin una buena lubricación

 

La higroscopía del mucus, por otra parte, minimiza el rozamiento y facilita el tránsito de materia a través de los numerosos conductos anatómicos. Pensemos en la dificultad de tragar con la boca seca. Sería de lo más tortuoso (o imposible) el paso de los alimentos hacia el estómago, por no hablar del de las heces a través del recto (¡que se lo digan a los estreñidos!).

Mención aparte merece la función del mucus en los procesos reproductores, desde la cópula (qué sería de nosotros sin un buen mucus vaginal) hasta el alumbramiento de los mamíferos, especialmente el humano, donde algo enorme como un bebé tiene que salir por un estrechísimo y tortuoso canal de parto.

Las excepcionales propiedades lubricantes del mucus no solo facilitan el tránsito de materiales por nuestros aparatos y sistemas, sino que suponen el paraíso de desarrollo para microorganismos que nos ayudan a vivir. Me refiero al mucus intestinal, que sirve de hábitat y fuente de nutrientes para bacterias beneficiosas. Entre otras cosas, porque la microbiota intestinal utiliza los glicanos mucínicos como fuente de energía.

Por otra parte, nosotros no nos arrastramos para ir de un sitio a otro, pero pensemos en los invertebrados reptantes. Un caracol se puede desplazar porque tiene un pie reptador netamente mucoso de adhesión reversible y deslizamiento controlado. Por cierto, de esta capacidad higroscópica nos hemos aprovechado cosméticamente en forma de la famosa baba de caracol, que tan de moda se puso hace unos años.

 

Nada más sofisticado que el mucus cervical

 

Y por último, si me permiten la licencia, en el caso del mucus cervical femenino, el que forma el flujo vaginal, podemos hablar de un “mucus inteligente”. Tanto, que sus mucinas MUC5B y MUC5AC son capaces de modificar su estructura y reología en respuesta directa a las hormonas sexuales, regulando así de forma activa el paso de los espermatozoides y, consecuentemente, la fertilidad. Así, la elevación de estrógenos durante nuestra fase ovulatoria vuelve al mucus “fértil” (elástico y fluido), facilitando la natación de los espermatozoides. Por el contrario, la progesterona elevada de la fase lútea densifica el mucus, que se transforma en una densa barrera a patógenos y una auténtica defensa inmunológica.

Visto lo visto, más que asqueroso el moco es una maravilla biológica casi perfecta e, indiscutiblemente, vital. Pero, no se confunda. Continúe reprobando el impresentable gesto de hurgarse la nariz de algunos, por favor.