Un estudio publicado este 25 de agosto de 2026 en The BMJ (1) estima que al menos uno de cada cuatro exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021 presentaba encefalopatía traumática crónica –CTE, por sus siglas en inglés– en el momento de su muerte, una enfermedad neurodegenerativa relacionada con la exposición repetida a impactos en la cabeza durante la práctica de deportes de contacto.
La encefalopatía traumática crónica es una enfermedad neurodegenerativa relacionada con la exposición repetida a impactos en la cabeza durante la práctica de deportes de contacto
Una prevalencia difícil de medir
La investigación analiza tejido cerebral de antiguos jugadores de fútbol americano que habían disputado al menos un partido en la NFL después de 1949, el primer año en el que el uso de cascos de plástico pasó a ser obligatorio. Los investigadores recurrieron a muestras procedentes principalmente del banco de cerebros UNITE del Centro CTE de la Universidad de Boston, además de los bancos del Monte Sinaí y del ADRC de la Universidad de California en San Francisco.
En total, entre los 1.712 jugadores de la NFL fallecidos entre 2008 y 2021, los investigadores pudieron estudiar los cerebros de 338 exjugadores, un 19,7% del total. De ellos, 315 –el 93,2%– presentaban un diagnóstico de CTE confirmado mediante examen post mortem.
La elevada proporción entre los cerebros donados no implica, sin embargo, que más del 90% de todos los antiguos jugadores padecieran la enfermedad. El propio diseño del estudio obliga a considerar un importante sesgo de selección, ya que las familias que sospechaban de problemas neurológicos podían tener una mayor predisposición a donar el cerebro de los jugadores fallecidos.
Por este motivo, los autores calcularon un intervalo de posible prevalencia entre todos los jugadores fallecidos. Para el conjunto del periodo comprendido entre 2008 y 2021, la presencia de CTE en el momento de la muerte pudo situarse entre el 18,5% y el 98,7%, dependiendo de las distintas hipótesis sobre los jugadores cuyos cerebros no fueron examinados.
La estimación resulta algo más precisa para los fallecimientos registrados entre 2016 y 2021, cuando la donación de cerebros fue más frecuente. En ese periodo, la posible prevalencia de CTE se situó entre el 24,5% y el 97,7%, lo que permite sostener que, como mínimo, cerca de una cuarta parte de los exjugadores fallecidos presentaba evidencias de la enfermedad.
La CTE avanzada y la demencia
El estudio también examina la relación entre la gravedad de la encefalopatía traumática crónica y la presencia de síntomas de demencia antes del fallecimiento. Para ello, los investigadores accedieron a notas médicas y a historiales obtenidos mediante entrevistas clínicas realizadas a familiares u otros informantes.
Los médicos participantes evaluaron toda la información disponible para establecer los diagnósticos de demencia y determinar las causas de muerte. La edad media de los jugadores al fallecer fue de 66,5 años, según los datos recogidos en el trabajo.
Entre los 338 donantes, un total de 104 –el 30,8%– presentaba CTE en estadio IV, la fase más avanzada considerada en el estudio. Además, 202 jugadores –el 59,8%– fueron diagnosticados de demencia por los médicos responsables de la investigación.
Otros 63 exjugadores –el 18,6%– tenían registrada una enfermedad neurodegenerativa como principal causa de muerte, lo que refuerza el interés de los investigadores por estudiar las posibles consecuencias neurológicas a largo plazo de los impactos repetitivos en la cabeza.
Los resultados muestran que la CTE en estadio IV se asociaba con síntomas característicos de demencia, entre ellos la pérdida de memoria y el deterioro de la función cognitiva. Los jugadores con esta fase avanzada de la enfermedad presentaban además una prevalencia de demencia un 44% mayor que el resto de los donantes analizados.
Los autores consideran que estos resultados indican que la gravedad de la CTE en el momento de la muerte está significativamente relacionada con la demencia entre los exjugadores de la NFL cuyos cerebros fueron donados para investigación.
Persisten importantes incertidumbres
Los investigadores subrayan que la CTE solo puede confirmarse actualmente mediante una autopsia, una circunstancia que dificulta determinar con precisión su prevalencia entre jugadores vivos o establecer estimaciones exactas para el conjunto de la población de antiguos profesionales de la NFL.
El estudio tiene además carácter observacional y retrospectivo, por lo que los autores advierten de que las relaciones detectadas no permiten establecer por sí solas una causalidad directa. Entre sus limitaciones figura especialmente que no fueron examinados todos los jugadores fallecidos durante el periodo analizado.
También reconocen que parte de la información clínica procedía de familiares u otros informantes, de manera que algunos síntomas podrían haber sido recordados de forma inexacta o exagerados. Estas limitaciones amplían notablemente los márgenes de incertidumbre de las estimaciones de prevalencia.
Pese a ello, los investigadores señalan que los resultados apuntan a una prevalencia de CTE entre jugadores de la NFL superior a la observada previamente en distintos estudios comunitarios y muestran una asociación significativa entre las formas más graves de la enfermedad y la presencia de demencia.
Serán necesarios más estudios en otras poblaciones con una elevada exposición acumulada a impactos repetitivos en la cabeza
Los autores consideran necesarios más estudios en otras poblaciones con una elevada exposición acumulada a impactos repetitivos en la cabeza para aclarar la naturaleza de esta relación y conocer mejor las consecuencias neurológicas a largo plazo.
Un editorial relacionado publicado junto al estudio considera que el trabajo ofrece una de las estimaciones más informativas disponibles hasta ahora sobre la carga de CTE entre antiguos jugadores de la NFL, aunque mantiene importantes incertidumbres derivadas de la disponibilidad limitada de muestras cerebrales.
Según el editorial, uno de los próximos retos será medir con suficiente precisión las consecuencias neurológicas de los impactos repetidos en la cabeza para facilitar información útil a deportistas, médicos, organizaciones deportivas y responsables políticos.
Conocer los posibles riesgos asociados a la práctica deportiva y las limitaciones que todavía presentan las investigaciones
Entre las prioridades también figuran avanzar hacia la identificación de la CTE durante la vida y mantener los esfuerzos destinados a reducir las exposiciones evitables a impactos repetitivos mientras continúe la incertidumbre científica.
Los autores del editorial consideran asimismo fundamental que los jugadores de la NFL actuales, antiguos y potenciales reciban periódicamente la evidencia disponible y emergente, de modo que puedan conocer los posibles riesgos asociados a la práctica deportiva y las limitaciones que todavía presentan las investigaciones.
Referencias
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