Albania vive una creciente movilización ciudadana contra un proyecto turístico de lujo respaldado por una empresa vinculada a Jared Kushner, yerno de Donald Trump, en una zona ambientalmente sensible próxima a Vlora.
El proyecto tiene impacto previsto sobre la isla de Sazan, los humedales de Vjosa-Narta y hábitats costeros donde viven flamencos, pelícanos dálmatas y focas monje del Mediterráneo.
Protestas en aumento
Las movilizaciones, conocidas ya como la “revolución de los flamencos”, han reunido durante las últimas semanas a miles de personas en Tirana y en zonas costeras para rechazar un modelo de desarrollo que, según los manifestantes, entrega espacios naturales y suelo público a intereses privados extranjeros. La protesta más visible se ha concentrado frente a la oficina del primer ministro albanés, Edi Rama, donde los asistentes han coreado lemas como “Albania no está en venta”.
La novedad de las últimas horas es que el conflicto no se ha desinflado. The Guardian ha publicado este martes una llamada a la ciudadanía albanesa para recoger testimonios sobre las protestas, después de que el lunes 15 de junio hubiera nuevas concentraciones en el bulevar principal de Tirana, frente a la sede del Gobierno.
El proyecto que ha desatado la contestación se vincula a Affinity Partners, la firma de inversión dirigida por Kushner. Según las informaciones publicadas, el plan incluye hoteles, apartamentos, una marina y otros desarrollos turísticos entre la isla de Sazan y el área protegida de Zvërnec, en el entorno de la laguna de Narta y el mar Adriático.
La contestación tiene una dimensión ambiental, pero también social y política. Muchos manifestantes denuncian la falta de transparencia, el encarecimiento del territorio, la precariedad económica y un modelo de inversiones que, según ellos, beneficia a élites económicas mientras deja a la población local en posiciones secundarias.
Riesgo ambiental y europeo
El centro de la polémica está en la ubicación. Las zonas afectadas incluyen espacios de alto valor ecológico, como la isla deshabitada de Sazan, áreas del parque marino nacional y humedales costeros que acogen más de 200 especies de aves, entre ellas flamencos y pelícanos dálmatas, además de hábitats vinculados a la foca monje del Mediterráneo.
Los críticos sostienen que el desarrollo turístico puede alterar dunas, lagunas, zonas de nidificación y corredores naturales. En las últimas semanas, medios internacionales han informado de trabajos sobre el terreno, apertura de caminos y presencia de maquinaria en áreas próximas a los espacios afectados, lo que ha elevado la preocupación de organizaciones ambientales y vecinos.
La Comisión Europea también ha intervenido en el debate. Bruselas ha advertido a Albania de que el proyecto puede comprometer su proceso de adhesión a la UE si las autoridades no garantizan que cumple la legislación medioambiental europea. El Ejecutivo comunitario ha recordado que Albania debe alinearse con las directivas europeas de Aves y Hábitats para avanzar en el capítulo ambiental de las negociaciones.
Según esa misma información, el ministro de Medio Ambiente albanés se ha comprometido ante la Comisión a suspender las obras y realizar una evaluación de impacto ambiental en consulta con la sociedad civil. Sin embargo, el primer ministro Edi Rama ha defendido públicamente que el proyecto seguirá adelante, lo que mantiene abierta la tensión entre el Gobierno, Bruselas y los manifestantes.
La presión europea es especialmente sensible porque Albania aspira a entrar en la Unión Europea. Para los opositores al resort, permitir un desarrollo de estas características en una zona protegida enviaría una señal contraria a los compromisos ambientales exigidos por Bruselas. Para el Gobierno, en cambio, la operación forma parte de una estrategia para atraer inversión turística y posicionar el país como destino de lujo.
Investigación y tensión diplomática
La crisis también tiene una vertiente judicial. La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania ha abierto una investigación sobre cambios legislativos de 2024 que habrían facilitado el proyecto, incluida la reducción de protección de determinadas áreas, modificaciones ambientales y cuestiones relativas a derechos de propiedad sobre los terrenos afectados.
Las informaciones publicadas distinguen dos desarrollos: uno en Sazan, valorado en unos 1.400 millones de euros, y otro en los humedales de Vjosa-Narta, estimado en más de 4.000 millones de euros y vinculado a socios cataríes de Kushner. La Fiscalía investiga transferencias de títulos de propiedad que habrían permitido avanzar en el segundo proyecto.
La movilización ha crecido desde finales de mayo y se intensificó después de enfrentamientos entre manifestantes y seguridad privada en Zvërnec, un episodio que multiplicó la indignación pública y ayudó a convertir la protesta ambiental en una denuncia más amplia contra la corrupción y la gestión política del territorio.
El conflicto ha derivado además en una tensión diplomática inesperada. Rama ha acusado a campañas digitales favorables a las protestas de formar parte de una “guerra híbrida” con supuesta conexión iraní, mientras Irán ha rechazado esas acusaciones y ha defendido que las movilizaciones responden a agravios internos de la ciudadanía albanesa.
A fecha de hoy, el pulso sigue abierto. Las protestas continúan, la Comisión Europea mantiene la vigilancia sobre el cumplimiento ambiental, la Fiscalía Anticorrupción investiga la tramitación del proyecto y el Gobierno de Edi Rama mantiene su apoyo político al desarrollo turístico. La llamada “revolución de los flamencos” se ha convertido así en una disputa sobre el futuro de Albania: entre inversión extranjera y protección ambiental, entre desarrollo turístico y soberanía territorial, y entre aspiración europea y prácticas internas cuestionadas por una parte creciente de la sociedad.
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