Un reactor nuclear de nueva generación alimentado por residuos radioactivos que sería capaz de satisfacer las necesidades de energía de los Estados Unidos durante los próximos 800 años. Este es el sueño del fundador de Microsoft, Bill Gates, y de su socio y ex jefe de tecnología de la empresa informática, Nathan Myhrvold.

Actualmente, del 3 al 5% del combustible que consumen los reactores nucleares es uranio 235, un isótopo que en el proceso genera un residuo puro, el uranio 238. Es precisamente este sobrante el que emplearía el proyecto de Gates, que tan sólo necesitaría una pequeña cantidad de dicho material para desencadenar un proceso cuya actividad se prolongaría durante décadas.

El reactor convertiría el uranio 238 en combustible para mantener la reacción nuclear en cadena y producir el calor necesario para generar electricidad. Hasta ahora, el residuo, conocido también como uranio empobrecido, y por tanto con menor carga de radioactividad, se ha ido acumulando en bidones sellados en los llamados cementerios nucleares, donde deberá permanecer bajo control durante siglos.

El aprovechamiento del uranio 238 ayudaría a evitar la proliferación de armas atómicas

La idea, que está siendo desarrollada por la empresa TerraPower –creada ex profeso para ello por Intellectual Ventures, un grupo dedicado a promover innovaciones tecnológicas–, pretende construir un mecanismo que tenga un bajo coste y que genere pocos desechos.

El objetivo de Gates, según reconoció en la conferencia TED2010, dedicada a los avances en nuevas tecnologías, es buscar una alternativa para conseguir cero emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) para el año 2050. “Si pudiera formular un deseo para los próximos 50 años, sería reducir drásticamente la cantidad de CO2 que enviamos a la atmósfera”, afirmó.

El fundador de Microsoft añadió que el proyecto ofrece la posibilidad de limitar la proliferación de armas nucleares en el mundo, puesto que el nuevo reactor haría innecesario el enriquecimiento de uranio con el que algunos países como Irán justifican su excesiva producción de uso militar atribuyéndola a fines civiles.

El resultado, tal y como esperan los partidarios de la innovación, es que los países no necesiten enriquecer las cantidades de uranio actuales ni recuperar el plutonio del combustible gastado del reactor, con el que se fabrican las bombas atómicas.

Esquema del nuevo reactor que emplearía el uranio 238 / Imagen: Terra Power