El 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación con el objetivo de reconocer el importante papel que desempeña la educación en favor de la paz y del desarrollo. El lema elegido para 2026 es El poder de la juventud para cocrear la educación.
- Antecedentes de la celebración
- Los jóvenes, los protagonistas del día en 2026
- El liderazgo educativo y su importancia en la educación
- 272 millones de niños y jóvenes sin escolarizar y 763 millones de adultos analfabetos
- Recomendación histórica para la educación en paz, derechos humanos y desarrollo sostenible
- El rol de la educación en el desarrollo social y económico
El Día Internacional de la Educación se celebra cada año el 24 de enero. Esta efeméride fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 3 de diciembre de 2018 para destacar la importancia de la educación y su papel clave en el desarrollo sostenible.
Antecedentes de la celebración
En un gesto sin precedentes, la aprobación unánime de la resolución 73/25 para conmemorar el Día Internacional de la Educación revela la firme determinación política de 59 estados, liderados por Nigeria, de respaldar medidas transformadoras para lograr una educación inclusiva, equitativa y de alta calidad para todos. Marca un compromiso tangible de la comunidad internacional con el papel vital que desempeña la educación en la edificación de sociedades sostenibles y resistentes. Este paso también subraya la contribución esencial de la educación hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en concreto del número 4 dedicado a la educación de calidad.
Los jóvenes, los protagonistas del día en 2026
El 24 de enero de 2026 se celebrará este día bajo el lema El poder de la juventud para cocrear la educación, resaltando el papel activo de la juventud como cocreadores de la educación. Se quiere destacar la enorme influencia de los jóvenes (menores de 30 años), que representan más de la mitad de la población mundial, en la transformación educativa y social. La necesidad de involucrarlos de manera significativa en el diseño y evolución de los sistemas educativos, sobre todo en un escenario de cambios tecnológicos vertiginosos.
La juventud se ha consolidado como una fuerza decisiva en la evolución de los sistemas educativos en todo el mundo. Representando más de la mitad de la población global, los jóvenes no solo son destinatarios de políticas educativas: también son actores clave en su diseño y en su transformación en un momento de profundos cambios sociales y tecnológicos.
Hoy, su papel va mucho más allá de la participación simbólica. Las nuevas generaciones impulsan una educación más inclusiva, digital, sostenible y centrada en las personas, aportando una visión fresca y realista de los desafíos y oportunidades del siglo XXI. Su contribución resulta esencial en varias dimensiones:
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Innovación digital con impacto social. La juventud lidera el uso creativo de herramientas tecnológicas para aprender, colaborar y crear. Su familiaridad con la inteligencia artificial, la cultura digital y el pensamiento en red acelera la transformación de modelos educativos más adaptativos y personalizados.
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Compromiso con la sostenibilidad y la justicia social. Las generaciones jóvenes muestran una sensibilidad creciente hacia el cambio climático, la igualdad y los derechos humanos. Su presión social y su activismo han situado estos temas en el centro de las agendas educativas globales.
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Participación real en la toma de decisiones. Cada vez más jóvenes participan en foros, consultas y plataformas donde pueden cocrear políticas educativas junto a docentes, instituciones y organizaciones internacionales. Su voz contribuye a que las soluciones educativas sean más coherentes con la realidad actual.
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Impulso de nuevas alianzas. La juventud genera puentes entre escuelas, comunidades, empresas y administraciones públicas. Su capacidad para trabajar en red favorece ecosistemas formativos más abiertos y colaborativos.
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Una visión pragmática sobre el futuro del empleo. Los jóvenes demandan una educación que conecte mejor con el mercado laboral, desarrolle competencias para la empleabilidad y fomente habilidades transversales como la creatividad, la comunicación o el pensamiento crítico.
El liderazgo educativo y su importancia en la educación
El reciente “Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2024/5” de la UNESCO pone de relieve la crucial importancia del liderazgo en la educación. El informe enfatiza que los líderes escolares —desde directores hasta coordinadores y responsables pedagógicos— deben desempeñar un papel más amplio que la mera gestión: actuar como agentes de cambio, clave para impulsar transformaciones profundas en los centros educativos
Este exhaustivo análisis identifica cuatro dimensiones esenciales del liderazgo eficaz:
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Establecer expectativas claras y compartidas, que orienten el rumbo pedagógico y cultural de cada centro.
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Centrarse en el aprendizaje, situando al alumnado en el centro de las decisiones académicas y organizativas.
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Fomentar la colaboración, creando comunidades educativas cohesionadas, participativas y orientadas a la mejora continua.
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Promover el desarrollo profesional, impulsando la formación y actualización docente como motor de calidad educativa.
En un contexto global marcado por retos crecientes —como la digitalización acelerada, el aumento de las desigualdades, la crisis de bienestar estudiantil o la demanda de nuevas competencias—, la UNESCO subraya la necesidad de políticas que empoderen a los líderes escolares. Entre sus recomendaciones clave destacan: fortalecer la confianza institucional, profesionalizar la dirección escolar, mejorar los procesos de selección, garantizar apoyo continuo y fomentar entornos de colaboración y corresponsabilidad.
El informe concluye que, para afrontar los desafíos del siglo XXI, se requiere un liderazgo pedagógico sólido, capaz de guiar sistemas educativos más resilientes, inclusivos y orientados a la calidad. Esta hoja de ruta resulta especialmente relevante en un mundo donde la educación debe adaptarse a cambios sociales y tecnológicos cada vez más rápidos.
272 millones de niños y jóvenes sin escolarizar y 763 millones de adultos analfabetos
La educación es un derecho humano inalienable, un proceso que dura toda la vida y tiene lugar en toda la sociedad, mediante el cual todas las personas aprenden y desarrollan al máximo su potencial, el conjunto de su personalidad, su sentido de la dignidad, sus talentos y sus capacidades mentales y físicas, dentro de las comunidades y los ecosistemas locales, nacionales, regionales y mundiales y en beneficio de estos.
Según las cifras más recientes de la UNESCO (2025–2026), 272 millones de niños y jóvenes están fuera de la escuela en el mundo, una cifra que ha aumentado en los últimos años debido a crisis humanitarias, desigualdades persistentes y retrocesos en políticas educativas. Este dato supone un incremento respecto a los 249–251 millones registrados en 2024. Además, los recortes en la financiación internacional podrían elevar esta cifra hasta los 278 millones para 2026, según UNICEF.
El desglose actualizado muestra que 78 millones de niños de primaria, 64 millones de adolescentes de secundaria inferior y casi 130 millones de jóvenes de secundaria superior no están escolarizados. Más de la mitad de ellos viven en África subsahariana, la región más afectada por la falta de acceso educativo.
En cuanto a la alfabetización, los datos globales indican que 763 millones de adultos carecen de competencias básicas de lectura y escritura, con un impacto especialmente grave en mujeres adultas en países de renta baja. Aunque la alfabetización mundial ha mejorado lentamente, las desigualdades regionales siguen siendo profundas.
Recomendación histórica para la educación en paz, derechos humanos y desarrollo sostenible
En su 42ª reunión, la Conferencia General de la UNESCO aprobó la nueva recomendación con fecha de 22 de septiembre de 2023 sobre educación para la paz, los derechos humanos y el desarrollo sostenible, un hito significativo que establece pautas normativas globales para el uso de la educación en la búsqueda de la paz y el desarrollo humano. Este documento, respaldado por los 194 estados miembros, se erige como la única guía mundial que detalla cómo la educación puede ser un vehículo efectivo para construir una paz duradera, basándose en 14 principios rectores. La recomendación, no vinculante pero orientadora, se centra en la evolución de la enseñanza y el aprendizaje en el siglo XXI para enfrentar las amenazas contemporáneas y promover la paz, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Va más allá de las competencias básicas y aboga por la adquisición de habilidades como empatía, pensamiento crítico y comprensión intercultural.
Aborda diversas áreas, desde tecnologías digitales y cambio climático hasta cuestiones de género y libertades fundamentales. Enfatiza la necesidad de transformaciones positivas en estos ámbitos, reconociendo que la educación es transversal a todos ellos y, a su vez, influye en ellos. Subraya la importancia de aspectos antes no considerados conjuntamente, como la conexión entre salud física y mental de los estudiantes y su acceso a la educación. Además, se aplica a todas las partes interesadas del sector educativo, desde formuladores de políticas hasta docentes y líderes comunitarios.
Los principios destacados incluyen una nueva comprensión de la paz en el siglo XXI, educación para el desarrollo sostenible, educación para la ciudadanía mundial, igualdad de género y educación, y la relevancia de la educación en la era digital. La aprobación de esta recomendación llega en un momento crucial, con nuevos desafíos y amenazas para los derechos humanos y la comprensión internacional. La UNESCO se compromete a ayudar a los países a convertir estas directrices en acciones concretas a nivel local, nacional e internacional. Además, los estados miembros se comprometen a presentar informes periódicos sobre su aplicación, demostrando así su compromiso con la solidaridad internacional y el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4.7.
El rol de la educación en el desarrollo social y económico
Más allá de ser un simple proceso de transmisión de conocimientos, la educación emerge como un pilar indispensable para el progreso social y económico. La inversión en educación no solo moldea a individuos competentes y adaptativos, sino que también forja comunidades más saludables y economías más fuertes. Desde el aumento de la productividad laboral hasta la reducción de la pobreza, la educación emerge como una fuerza transformadora capaz de romper ciclos viciosos y abrir las puertas hacia un futuro más próspero. Facilita la formación de ciudadanos informados, activos y comprometidos, fortaleciendo la cohesión social y promoviendo valores de tolerancia y respeto.
La adaptabilidad a los cambios tecnológicos, la competitividad global y la contribución al desarrollo sostenible son resultados directos de sistemas educativos sólidos. Al celebrar este día reafirmamos la importancia de seguir invirtiendo en este recurso invaluable que impulsa la evolución y el progreso de nuestras sociedades.
La educación no solo es un vehículo para alcanzar metas individuales, sino también un compromiso colectivo para construir un futuro más equitativo, sostenible e inclusivo. Es una herramienta poderosa que trasciende fronteras y se erige como un catalizador para un mundo mejor.