Detrás de la mayor ofensiva tecnológica de Estados Unidos (EE UU) hay un nombre español. Darío Gil, subsecretario de Ciencia del Departamento de Energía estadounidense, dirige los programas que más valora la Administración de Donald Trump: los que impulsan la inteligencia artificial y la ciencia cuántica. Su tarea, sin embargo, no es solo técnica, sino también persuasiva, porque debe convencer a miles de investigadores de que estos campos merecen las inversiones millonarias que reciben justo cuando la Casa Blanca recorta el gasto federal en ciencia y muchos temen por su financiación –e incluso por sus empleos, amenazados por la propia IA–.
El Departamento de Energía (DoE) ha anunciado el objetivo de construir la primera computadora cuántica “tolerante a fallos” –capaz de seguir funcionando pese a sus propios errores– para resolver problemas científicos en 2028, en respuesta a una orden ejecutiva de Trump. A esa meta se suma la Misión Génesis, dotada con 600 millones de dólares, que pretende ganarse la confianza de los científicos en la inteligencia artificial. Gil, que llegó a Estados Unidos desde España siendo un adolescente, es la cara visible de ambas apuestas.
Vencer el escepticismo científico
Gil reconoce que el entusiasmo por estas iniciativas no ha sido unánime dentro de la comunidad científica, pero lo considera previsible. Muchos investigadores, recuerda, llevan toda su carrera aprendiendo a desconfiar de las grandes promesas y a exigir pruebas antes de respaldar cualquier revolución tecnológica.
Los académicos están formados para ser escépticos
Darío Gil, Departamento de Energía de EE UU
“Están formados para ser escépticos”, admite Gil sobre los académicos, según ha relatado a la revista Nature (1). Aun así, hay quien se ha sumado con entusiasmo o, al menos, ha captado el mensaje de que ahí está el dinero. La primera convocatoria de Génesis, en marzo, recibió la cifra récord de 5.000 solicitudes, 2,5 veces más que cualquier llamamiento anterior de la agencia.
El próximo mes, el Departamento de Energía dará a conocer un grupo reducido de ganadores que se repartirán 293 millones de dólares. La Misión Génesis, lanzada en noviembre, encarga a la agencia desarrollar una plataforma de inteligencia artificial capaz de conectar instrumentos científicos, supercomputadoras y bases de datos de los 17 laboratorios nacionales del país para abordar los grandes retos de la ciencia.
¿De dónde sale el dinero?
La gran duda de los científicos escépticos es si la investigación básica se está sacrificando en favor de la IA. Gil lo niega. La presión que sienten algunos investigadores, explica, procede de una tendencia de fondo del Departamento de Energía: el coste creciente de mantener y levantar instalaciones para usuarios, es decir, los grandes equipos especializados que dan servicio a toda la comunidad científica. Ese gasto, ajeno a Génesis, ha ido en detrimento de las ayudas a la investigación.
No he movido ni un solo dólar
Darío Gil, Departamento de Energía de EE UU
“No he movido ni un solo dólar” entre disciplinas, asegura Gil. El presupuesto de la Oficina de Ciencia ha crecido este año en todas sus áreas, sostiene. Su aportación a Génesis suma ya 520 millones de dólares en dos rondas, parte de ellos procedentes de partidas de ciencia básica como la física nuclear y la de altas energías. Pero, insiste, ese dinero seguirá llegando a esas disciplinas: la única condición es que los proyectos incorporen inteligencia artificial.
Exploren con detenimiento y reflexión las implicaciones de esta revolución informática
Darío Gil, Departamento de Energía de EE UU
“Exploren con detenimiento y reflexión las implicaciones de esta revolución informática para la biología”, pide Gil a quienes trabajan en ese campo. Su mensaje resume la lógica de Génesis: ninguna disciplina pierde fondos, pero todas deben mirarse en el espejo de la nueva potencia de cálculo.
La seguridad de la IA
Queda un tercer frente: la seguridad de la inteligencia artificial. La Administración Trump ha defendido una postura de no intervención en su regulación. Sin embargo, este mes obligó a la empresa Anthropic a desconectar su modelo Fable 5 pocos días después de su lanzamiento y a suspender el acceso de ciudadanos extranjeros, ante el rápido avance de los modelos más punteros.
La colaboración científica profunda en la vanguardia de la IA es un mecanismo fundamental para aprovecharla, protegerla y moldear su futuro
Darío Gil, Departamento de Energía de EE UU
“La colaboración científica profunda en la vanguardia de la IA es un mecanismo fundamental para aprovecharla, protegerla y moldear su futuro”, sostiene Gil. El subsecretario evita pronunciarse sobre la regulación y prefiere reclamar que las empresas tecnológicas y el Gobierno colaboren para frenar los riesgos, en lugar de limitarse a reaccionar ante ellos.
Gil llegó a Estados Unidos desde España como estudiante de intercambio de secundaria. Se doctoró en Ingeniería Eléctrica e Informática en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y desarrolló su carrera en IBM, donde llegó a ser director de investigación y vicepresidente sénior. Se incorporó al Departamento de Energía el pasado septiembre, con el encargo de pilotar la mayor apuesta científica de la era Trump.
Referencias
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