Pasan los meses y el conflicto de Ucrania no tiene visos de finalizar. Moscú ha vuelto a golpear con dureza Kiev, con varios ataques contra los puentes de la capital que permiten cruzar el río Dniéper, y ha llegado a llamar a los diplomáticos extranjeros a abandonar la ciudad por el grave riesgo que suponen sus bombardeos.

Sumario

 

El enfrentamiento se prolonga encallado en una línea del frente con mínimos movimientos y con el absoluto predominio de la guerra aérea, sin que ninguna de las partes logre imponerse ni nadie pueda mediar para alcanzar conversaciones viables de paz.

 

El mapa de la guerra hoy

 

Mapa de la guerra en Ucrania a 5 de octubre de 2026 / Infografía: EA

El mapa de la evolución de la guerra de Ucrania a 5 de octubre de 2026 muestra un escenario ya conocido: un frente anclado en el este del país y una violencia que se desplaza casi por completo a los ataques a distancia sobre las retaguardias de ambos bandos.

Sobre el terreno, Rusia trata de ganar posiciones en la provincia de Járkov y de ampliar el territorio que controla en el este de Ucrania, mientras en la región anexionada de Donetsk se registran fuertes combates por su dominio completo.

El reparto territorial apenas se altera: Moscú mantiene bajo control la práctica totalidad de Lugansk, buena parte de Donetsk y amplias franjas de Zaporiyia y Jersón, además de Crimea, anexionada en 2014.

Los impactos señalados en el mapa dibujan la doble dirección del conflicto. Los bombardeos rusos se concentran sobre Kiev, Sumy, Dnipró, Zaporiyia, Mykoláiv y Odesa, mientras los ataques ucranianos apuntan a Crimea y el mar Negro, con la península como uno de sus objetivos estratégicos primordiales.

Un elemento añadido de riesgo es que los drones y aparatos rusos se aproximan cada vez más a la frontera oeste de Ucrania y, por tanto, a territorio polaco y de la OTAN, con las consiguientes implicaciones para la Unión Europea.

En sentido contrario al avance ruso, el presidente ucraniano Zelenski anunció el 30 de septiembre la recuperación de 176 kilómetros cuadrados de territorio ocupado en el marco de la Operación Vivaldi, desplegada en el eje de Limán, al norte de Donetsk.

Según su balance, esa ofensiva ha causado a Rusia más de 5.000 bajas entre muertos y heridos y la captura de 250 militares. El Instituto para el Estudio de la Guerra calcula que en septiembre las tropas rusas tomaron unos 175 kilómetros cuadrados pero perdieron 256 en otros puntos.

En esta guerra de cifras, el Estado Mayor de Ucrania sostiene que septiembre fue el peor mes del año para el ejército ruso, con 46.230 bajas entre muertos y heridos, el registro mensual más alto comunicado por Kiev en 2026.

 

Bombardeos cruzados sobre las retaguardias

 

Dentro de la estrategia de predominio de las ofensivas aéreas de ambos bandos, se han multiplicado los ataques cruzados sobre las infraestructuras de la retaguardia del enemigo.

La ofensiva contra los puentes de Kiev supone un salto cualitativo: son los primeros ataques importantes contra estos pasos clave desde el inicio de la invasión en 2022. El puente Pivdeni, en el sur de la ciudad, fue alcanzado el 2 de octubre, y el Puente Norte, dos días después.

El Ministerio de Exteriores ruso instó el 3 de octubre a los ciudadanos extranjeros y al personal diplomático a marcharse de Kiev y advirtió de que sus fuerzas seguirán ejecutando ataques masivos de represalia. Moscú ya lanzó un aviso similar en mayo y las cancillerías occidentales no retiraron a su personal.

El cierre de varios pasos ha provocado grandes atascos y ha afectado a una línea de metro que conecta ambas orillas, en una ciudad de tres millones de habitantes que afronta así los meses de invierno con una población ya mermada por el éxodo. La Fuerza Aérea ucraniana cifró en 157 los drones lanzados en una sola madrugada, de los que derribó o neutralizó 131.

Esta nueva oleada ha vuelto a demostrar la debilidad de las defensas aéreas ucranianas y la necesidad de ayuda de sus socios europeos, en un momento en que Rusia emplea modelos de dron a reacción más difíciles de interceptar.

Por su parte, Ucrania se centra de nuevo en las infraestructuras energéticas. Su golpe más destacado ha sido el ataque del 2 de octubre contra el considerado mayor depósito de combustible de Europa, el complejo que la estatal Transneft opera en la región rusa de Samara.

Ese parque incluye el mayor nudo de tanques del continente, con más de 1,6 millones de metros cúbicos de petróleo, además de estaciones de bombeo. En paralelo, el gobernador de Volgogrado informó de un ataque masivo contra una refinería y la empresa química Kaustik.

El propio Putin ha reconocido que esta campaña contra el sector energético ha costado a Rusia alrededor del 1% del PIB nacional, al tiempo que ha prohibido publicar datos sobre los volúmenes de exportación y procesamiento de las refinerías del país.

 

Amenazas nucleares y ayuda europea

 

La intensificación y prolongación de la guerra ha generado escasez de recursos para Ucrania, por lo que Zelenski está obligado a pedir más ayuda a los aliados de la Unión Europea en varios frentes.

Sus peticiones se dirigen en primer lugar a nuevo armamento y defensas aéreas para el frente, pero también a más dinero para afrontar los gastos del conflicto y a nuevas sanciones que asfixien económicamente a Rusia.

La tensa situación internacional ha sufrido una nueva vuelta de tuerca cuando Putin ha lanzado amenazas veladas a la OTAN. El presidente ruso afirmó en el foro Valdái que usaría todas las armas a su disposición –lo que se entiende que incluye las nucleares– si se produjera un ataque directo contra territorio ruso.

Esas declaraciones son un aviso a navegantes ante posibles operaciones que trataran de bloquear el enclave ruso de Kaliningrado, aislado por tierra del resto de Rusia y rodeado por Polonia y Lituania, ambos miembros de la Alianza.

La OTAN confirmó que Moscú había trasladado esa advertencia por vía diplomática. Su secretario general, Mark Rutte, pidió a Rusia que ponga fin a las amenazas nucleares y subrayó que no aprecia un riesgo inmediato para el territorio aliado.

El contexto internacional tampoco ofrece mejores alternativas: la atención norteamericana está más centrada en Irán y, tras la visita de dos de sus enviados especiales a la región, Estados Unidos ha vuelto a dejar en segundo plano la guerra de Ucrania.

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