Unas 25.000 personas participaron el pasado domingo en Ginebra, capital suiza, en una manifestación contra la cumbre del G7, celebrada entre el 15 y el 17 de junio en Évian, Francia.

Sumario

 

La protesta denunció el papel político y económico de los siete países más industrializados del mundo y exigió una respuesta frente al fascismo, el imperialismo y el capitalismo.

 

Protesta contra el G7

 

La movilización situó en la calle una crítica directa al G7, un foro integrado por Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido, cuyas decisiones tienen consecuencias internacionales aunque solo representan a una parte limitada del planeta. La protesta, convocada por la coalición No G7, reunió a unas sesenta organizaciones y evidenció el rechazo de colectivos sociales, sindicales, feministas, propalestinos, kurdos y de izquierda a una cumbre blindada en torno a guerras, sanciones y seguridad energética.

La marcha se desarrolló en un primer momento en un ambiente mayoritariamente pacífico, festivo y colorido, según recogieron medios suizos citados por Europa Press. Las pancartas y consignas apuntaron contra el papel de las grandes potencias industrializadas y reclamaron una respuesta frente al fascismo, el imperialismo y el capitalismo, términos que los convocantes vincularon al modelo político y económico que, a su juicio, encarna el G7.

El contraste fue evidente: mientras los líderes debatían en Évian sobre conflictos internacionales, sanciones y seguridad energética, miles de personas denunciaban en Ginebra la falta de legitimidad social de un espacio de decisión que condiciona asuntos globales. La protesta subrayó así una tensión de fondo: la distancia entre las prioridades diplomáticas de las potencias y las demandas de movimientos sociales que cuestionan el impacto de esas políticas sobre la población y los territorios.

 

Incidentes y actuación policial

 

La manifestación terminó con enfrentamientos entre manifestantes y policías después de que, a partir de las 16.30 horas, entre 500 y 600 personas protagonizaran graves incidentes. Los disturbios incluyeron daños materiales en una sede de la consultora PwC, del banco UBS y de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, además del incendio de un coche eléctrico Tesla y de varios contenedores de basura.

La Policía del cantón de Ginebra explicó que, tras el inicio festivo de la marcha, se formaron dos grupos diferenciados de black block, uno en la parte delantera y otro en la trasera de la manifestación. Los agentes advirtieron de que la concentración no estaba autorizada y pidieron a los participantes que abandonaran el lugar antes de intervenir con gas lacrimógeno y un camión de bomberos equipado con cañón de agua.

Desde la organización, sin embargo, la secretaria sindical del sindicato suizo SIT, Alice Lefrançois, criticó una intervención policial que calificó de “totalmente desproporcionada”. Lefrançois denunció también “intimidación policial” y sostuvo que los disturbios se vieron agravados por la actuación de la Policía, a la que atribuyó una escalada de la tensión durante la protesta.

Los incidentes tuvieron además efectos sobre la movilidad en la ciudad. Ferrocarriles Federales Suizos anunció la suspensión total del tráfico ferroviario en la línea Ginebra-Lausana, entre Ginebra y Chambésy, debido a la manifestación. Los tranvías de la ciudad también regresaron a cocheras por precaución y para facilitar el trabajo policial.

 

Guerras, sanciones y energía

 

La cumbre del G7 se celebró en Évian con una agenda dominada por la guerra de Irán, la situación en el estrecho de Ormuz, las sanciones, la energía y la guerra de Ucrania. El presidente francés, Emmanuel Macron, había anunciado la invitación a líderes de Egipto, Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos para participar en una sesión de trabajo sobre Irán, en un intento de incorporar a actores regionales a un debate con impacto directo en la estabilidad política y económica.

Macron defendió que esos asuntos tienen un efecto real sobre las economías, especialmente por su vínculo con la energía y la navegación en el estrecho de Ormuz. La cuestión energética se convirtió así en uno de los ejes de la cita, junto a la seguridad internacional, en un contexto en el que las grandes potencias volvieron a situar sus prioridades en el control de mercados, suministros y equilibrios geopolíticos.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, condicionó cualquier levantamiento de las sanciones de la Unión Europea contra Irán a que Teherán demostrara “cambios reales sobre el terreno”, tanto en materia de Derechos Humanos como respecto a su programa nuclear. La posición europea reforzó el tono de presión sobre Irán, mientras la protesta en Ginebra denunciaba precisamente el papel de las potencias occidentales en la gestión de los conflictos internacionales.

La guerra de Ucrania también figuró entre los temas centrales de la cumbre. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, mantuvo una conversación telefónica con Donald Trump antes de la cita y avanzó que trasladaría al mandatario estadounidense algunas ideas para poner fin a la guerra durante el encuentro del G7 en Évian. La presencia de Ucrania en la agenda volvió a situar al foro como un espacio de intervención sobre conflictos abiertos fuera de sus propias fronteras.

El balance de la cumbre, vista desde la protesta de Ginebra, deja dos imágenes enfrentadas. Por un lado, los líderes de las principales economías industrializadas reunidos en un enclave francés para debatir sobre guerras, sanciones, energía y seguridad. Por otro, 25.000 personas en la calle denunciando que ese modelo de gobernanza global se sostiene sobre decisiones tomadas lejos de la ciudadanía y con impactos que alcanzan mucho más allá de los países presentes en la mesa.

La tensión final no borra que la movilización fue mayoritariamente pacífica ni que su volumen la convirtió en una de las expresiones visibles del rechazo social al G7 durante la cumbre de Évian. La protesta colocó en el centro una crítica de fondo: mientras las grandes potencias hablan de estabilidad, seguridad y mercados, una parte de la sociedad civil las acusa de reproducir las desigualdades y conflictos que dicen gestionar.

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