La sal y los fundentes que se esparcen en las carreteras y en las ciudades para disolver el hielo y evitar la formación de placas de hielo y la acumulación de nieve dañan el medioambiente, porque este material se incorpora al suelo y puede afectar a la flora y la fauna más sensibles, sobre todo en lugares de suelos no salinos, según un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El científico titular del departamento de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del CSIC, Fernando Garrido, señala que la sal se incorpora al suelo y puede dañarlo pero aclara que no es un gran contaminante difícil de resolver o corregir, lo que es posible colocando drenajes para facilitar que el agua de lluvia o de riego arrastre la sal que se pueda acumular.

A su juicio, en España la sal no provoca un problema medioambiental salvo en zonas muy concretas de especial valor ecológico, con una vegetación o fauna delicada, pero sí lo es en los lugares donde su uso es muy reiterado a lo largo del invierno como en Canadá, donde el suelo afectado por la sal se altera.

Así, ha precisado que la sal genera dos problemas en el suelo, ya que actúa sobre la capacidad de absorción de nutrientes del suelo y también la pérdida de permeabilidad del mismo.

El sodio (uno de los compuestos de la sal) se incorpora al suelo cuando funde la nieve, por lo que influye en la capacidad de absorción de nutrientes del suelo, como el calcio. Además, el sodio puede desplazar al potasio, que es "fundamental" para las plantas, de modo que en exceso, el sodio puede hacer perder nutrientes en el suelo.

Asimismo, añade que los cloruros pueden desplazar a los nitratos, que son un componente natural del suelo, de modo que éste pierde nutrientes y los nuevos que incorpora no son tan esenciales.

Del mismo modo, advierte que el sodio es un "gran dispersante" del suelo porque está formado fundamentalmente por agregados, "importantes" para mantener la estructura y la capacidad para retener el agua, así que reduce la permeabilidad del mismo, por lo que el agua empieza a acumularse en la parte artificial y no lo atraviesa, lo que produce cambios en la química de éste.

"Esos son los efectos peores, el cambio de las propiedades químicas de la solución del agua en el suelo afecta a la capacidad de absorción de nutrientes por parte de las plantas", destaca.

Matar a los árboles

Hay plantas que están adaptadas a los suelos salinos, por ejemplo en áreas del Mediterráneo, mientras que la flora del norte de España "no está adaptada para absorber estas soluciones salinas de forma brusca". De hecho, ha advertido que en grandes cantidades puede llegar a afectar al crecimiento de los árboles e incluso matarlos.

En todo caso, reconoce que en España el uso de sal y fundentes es "muy limitado en el tiempo" por lo que cree que no se han observado afectaciones "muy importantes", salvo en algunas zonas de montaña.

El investigador ha agregado que los efectos de estas soluciones contra el hielo y la nieve pueden perjudicar a distintas especies de fauna, especialmente a los anfibios, muy sensibles al agua, o los peces y otros habitantes de zonas de charcas, a las que de repente llega un gran aporte de agua con sal.

Garrido ha agregado que existen productos alternativos y que se han hecho diferentes experimentos con subproductos de la industria de la remolacha, pero advierte de que es necesario investigar bien porque estos compuestos también podrían generar otros efectos negativos.

Otra alternativa a la sal y los fundentes serían el acetato de calcio, de magnesio o de potasio, pero ha advertido de que se trata de productos "mucho más caros" por lo que no cree que se puedan emplear de manera generalizada, aunque en algunos países nórdicos se han utilizado en ciertas zonas concretas. El investigador propone que estas alternativas se apliquen en zonas de gran valor ecológico por la presencia de fauna o por su vegetación. "Se debería intentar algún producto que no fuera la sal, pero generalizarlo a grandes carreteras no es viable", opina.

Medio millón de toneladas al año

Las ciudades, por su parte no están exentas de estos riesgos medioambientales, aunque en menor medida, ya que la sal y los fundentes terminan en el alcantarillado y finalmente se eliminan en las plantas de depuración. Por eso, "salvo en los jardines o el cesped" en las ciudades la sal y los fundentes no provocan "grandes afectaciones".

Por su parte, según datos del Instituto de la Sal, el cloruro sódico es el agente de deshielo más utilizado en todo el mundo pero "no supone un impacto medioambiental si es utilizada de forma responsable".

De este modo, mediante los códigos de buenas prácticas, profesionales y entidades de mantenimiento invernal de infraestructuras aseguran que la sal se utiliza "de forma selectiva y adecuadamente".

Un estudio del Instituto de la Sal afirma que en la planificación de las estructuras viarias se puede definir desde el proyecto inicial el tipo de vegetación más adecuada para usar en los laterales de los viales y convivir con la sal o bien, diseñar las carreteras para que la sal no se deslice hacia los cursos de agua cercanos.

Mientras, desde la Asociación Ibérica de Fabricantes de Sal se afirma que en la Península Ibérica se utilizan entre 300.000 y 500.000 toneladas de sal para el deshielo, en función de la dureza y meteorología del invierno.

Con este volumen se da servicio al 90 por ciento de la red viaria (autopistas, carretas nacionales, autonómicas y provinciales) que mediante la sal se trata de queden libres de nieve para facilitar la circulación de viajeros y mercancías.

La entidad asegura que la sal es "la mejor y más fiable forma de deshielo" ya que previene o derrite la nieve de forma eficiente, hay disponibilidad siempre y es accesible fácilmente. "Es el agente de deshielo más económico, fácil de almacenar y de manipular. Su utilización adecuada salva vidas y ahorra tiempo y dinero a la sociedad", añade su portavoz, Alfonso de Claver.