Estamos entre amigos... Porque, además, así te hace sentir el protagonista de este espacio, Gonzalo Giner. Conversamos por teléfono mientras está en su despacho “de veterinario, que es lo que me ocupa a diario”, aclara. El laureado autor trabaja “en nutrición de animales grandes” y acude durante cuatro días de la semana “a visitarlos a sus instalaciones entre Ávila, Segovia, Madrid y Salamanca”. Otra jornada la reserva “para eventos, promoción de las novelas y escribir”.

“Como viajo bastante a ver a los ganaderos, paso mucho tiempo en el coche y lo voy utilizando para pensar en lo que escribir”, explica a EcoAvant.com. Aparte, se levanta tempranísimo –a las cuatro y media de la madrugada– para perfilar sus textos: “Esto es trabajo, trabajo, trabajo y corrección. Queda muy ‘cool’ ser un escritor y estar como flotando. La realidad es que es muy bonito y satisfactorio, pero también que inviertes muchas horas”. Y esto –¡spoiler!– se nota.

Un abordaje desde el humor, a veces desde el absurdo, del tipo de relación que animales y humanos pretendemos tener

GONZALO GINER, veterinario y escritor
Entre amigos. Disparatadas aventuras y tiernas anécdotas entre animales, sus dueños y unos cuantos veterinarios Entre amigos. Disparatadas aventuras y tiernas anécdotas entre animales, sus dueños y unos cuantos veterinarios

Entre amigos. Disparatadas aventuras y tiernas anécdotas entre animales, sus dueños y unos cuantos veterinarios (Editorial Planeta) se presenta con rigor, emotividad, cariño y mucha guasa. “Un abordaje desde el humor, a veces desde el absurdo, del tipo de relación que animales y humanos pretendemos tener” … Pasamos consulta.

 

Gonzalo, ¿por qué te decides a escribir Entre amigos y por qué leerlo?

Como a veces pasa en la vida, esta historia no la busqué, sino que me buscó. Un director de un laboratorio especializado en animales de compañía, después de un viaje suyo a Inglaterra, había visto una novela de un médico inglés donde contaba anécdotas de sus años de ejercicio. Una novela muy divertida que me dio y me encantó. Y se le ocurrió la idea de hacer eso en España, pero le dije que no tenía tantas anécdotas… Entonces, me ayudó a contactar con los clientes y otros compañeros. Es un trabajo que me ha costado mucho. Las anécdotas me las mandaban escritas en plan rápido y había que traducirlas. Las mandaban de todas formas. Algunos por whatsapp en audios o en un papel a mano. Pero ha sido un trabajo muy divertido. Que compartan contigo sus momentos más jocosos, divertidos, emotivos, ¡está muy chulo! Y me gustó darle un estilo común y respetando lo que me querían contar.

 

Seguro que al final recibiste muchísimas anécdotas del día a día…

Sí, ¡me llegaron muchísimas más historias de lo publicado en el libro! El criterio para descartar alguna era porque quizá se parecía mucho a otra anécdota. Y otras porque he considerado que quizá el contenido era demasiado escatológico… (Risas.)

 

¿Qué percibes de los lectores y los veterinarios cuando leen tu libro?

En cuanto al tema de anécdotas veterinarias, tengo a la profesión entregadísima. Es verdad que no hay muchos compañeros que escriban, aunque han salido más ahora, pero creo que rompí la tendencia y ya me conoce mucha gente de la profesión. Me han leído, me recomiendan y lo que me llega de ellos siempre es increíble. ¡Me han nombrado colegiado de honor de ocho colegios españoles! La profesión se ha volcado conmigo y no puedo pedir más. Aparte de los muchísimos lectores, centenares de miles de lectores… Según el último dato, debía de haber llegado a unos cuatro o cinco millones de lectores. Y eso marea. Es como llenar 500 veces el WiZink Center de Madrid. Estaba con mi mujer un día en un concierto en el WiZink y ella me lo dijo… Impresiona.

 

¿Y cómo arranca todo esto? ¿Y –con permiso– cómo manejas la notoriedad?

Mira, yo la primera novela –El sanador de caballos”– no pensaba ni publicarla... Fue un ejercicio terapéutico por la necesidad de evadirme de una época profesional muy tensa y me salió así. Leo mucho, me gusta y pensé en escribir. Tenía entonces necesidades de que mi cabeza viajara por otros derroteros, pero no esperaba lo que pasó después. Por suerte, como no somos actores de cine ni estamos tan expuestos, a mí no me conoce casi nadie. Algunas veces pasa: te conocen por ahí. Pero son pocas veces y uno vive muy feliz. Porque disfrutas de la parte buena: compartir tus emociones, historias y cuentos con mucha gente que te reporta comentarios muy agradables en las presentaciones; y la otra parte, la de estar más vigilado, no la vivo.

Les debemos mucho porque en el fondo cuando te planteas cómo es un animal no tienes ninguna excusa para no darlo todo por él. Un perro, un gato, un caballo… son muy transparentes, no esconden sus emociones

 

Destacas que las mascotas “son los seres más generosos y desprendidos de la naturaleza”. Al final, es un canto de amor a los animales… ¿Qué les debemos?

Les debemos mucho porque en el fondo cuando te planteas cómo es un animal no tienes ninguna excusa para no darlo todo por él. Un perro, un gato, un caballo… son muy transparentes, no esconden sus emociones. A veces, no somos capaces de entenderlos, pero ellos no se esconden, no existe doble intención y su capacidad de comunicación sorprende. Para mucha gente, tener mascotas es un refugio anímico muy importante para contrarrestar penas y soledades. Esa capacidad de no juzgarte y acompañarte los convierte en unos seres esenciales a poco que tengas un mínimo de sensibilidad.

 

“Disparatadas aventuras y tiernas anécdotas entre animales, sus dueños y unos cuantos veterinarios”. ¿Te sigue sorprendiendo todo lo que pasa en una clínica veterinaria? ¿Cada día es un asombro?

Sí. Esto es lo bonito de mi trabajo. Siempre digo que la profesión veterinaria es la más bonita del mundo. Es muy variada y cada día pasan cosas muy diferentes. Te encuentras con retos, contactas con animales todos los días y una de las cosas que más me fascinan después de haber “hecho clínica”, una parte de trabajo clásica, es intentar entender a los animales. Lo que más me sorprende. Dedico mucho tiempo a interpretar su comportamiento. Nos dicen muchas más cosas que no somos capaces de ver. Tenemos otro sistema de comunicación, pero ellos logran comunicar también con gestos posturas, expresividad. Son unos cuantos mensajes no verbales. No son tan complicados como nosotros, pero entenderlos es un ejercicio: hay que ponerse a ello, ser muy analítico y comparar unos con otros. ¡Esa parte de mi trabajo, entender a los animales, me tiene encantado!

 

¿Y qué sabemos de la inteligencia emocional de los animales?

Antes de llamarlo Entre amigos, el primer título era No sé cómo te lo tengo que decir, que es lo que puede pensar un animal dirigiéndose a su dueño. Qué tengo que decir para que sepas que si bostezo como un loco no es porque esté aburrido o tenga sueño, sino porque estoy estresado. Los animales sienten, casi todos; y los animales asocian. Su forma de pensamiento es por imágenes. Ellos ven una escena, una imagen. Miran con mucho más detalle. Se fijan en todos los detalles: expresión, cuerpo, voz, tono… Y lo relacionan con una emoción: alegría, dolor, hambre, miedo, incomodidad, angustia. Esas emociones están siempre ahí.

Estamos todos muy preocupados por el concepto de bienestar animal y eso se mide por temas básicos: que le procuremos alimento suficiente y un medio donde vivir correctamente, que se desarrolle bien, darles salud, cariño… Les hacemos un flaco servicio si les damos la vida de humanos

 

Muchos vivimos en entornos urbanos… ¿Cómo es de importante la naturaleza para el bienestar de un animal?

¡No puedes imaginar cuánto! Estamos todos muy preocupados por el concepto de bienestar animal y eso se mide por temas básicos: que le procuremos alimento suficiente y un medio donde vivir correctamente, que se desarrolle bien, darles salud, cariño… Y todo esto se lo damos, pero hay una parte que no tenemos muy en cuenta cuando estamos en un medio urbano, que es procurar dejar que ellos experimenten su comportamiento innato como animales. Por ejemplo, un perro, que es un rastreador, tiene habilidades innatas y es feliz rastreando. Un rastreador tiene su bienestar medido a que de vez en cuando su dueño lo saque al campo para rastrear. Si es un perro de agua, que se pueda meter a chapotear en una charca o en un lago. ¡Ese tipo de cosas nos faltan! Les hacemos un flaco servicio si les damos la vida de humanos.

 

Por partes… Divides el libro en distintos contextos asaz hilarantes… Vamos con momentos para animar a la lectura. Primero: el capítulo De actividades paranormales, confusiones, momentos extraños y situaciones de vida o muerte. ¿Alguna historia especial que recordar a bote pronto?

(Risas.) Sobre comportamientos paranormales, ¡el comportamiento paranormal suele serlo más del dueño! Me viene ahora la historia del dueño que va con un perro que tiene un problema en el oído y la compañera veterinaria tiene que utilizar las dos manos para atender al animal. Ella lleva un espéculo, un otoscopio y una pinza y le pide al dueño que le sujete la oreja… ¡y el señor sujeta la oreja de la veterinaria! (Risas.) “No es mi oreja, ¡sino la de su perro!”, dice la veterinaria. Un comportamiento extraño por parte del dueño… Los dueños son o somos los más paranormales.

 

Otro apartado: De curiosas procedencias, graciosos equívocos, nombres raros, animales metidos a actores y otros casos de singular solución …

¡Nombres raros! Hay una anécdota que era muy especial: una chica joven que viene con su perra. Y cuando le preguntan por el nombre de la mascota es “Chochi”. La veterinaria se troncha de risa. La imaginamos en el típico momento del parque con la gente y los perros… y ella gritando: “¡Mi Chochi, mi Chochi!”. Y pasa también mucho que hay algunos nombres típicos. Cuando salen series o dibujos animados con perros famosos te encuentras un montón iguales. Por modas.

Primero, pelo el agustino, le quito la cabeza y las patitas y se lo doy, pero no crudo, lo cuezo”, comentó la dueña. ¡Eran langostinos! (Risas.)

 

Tercer asalto: De comidas raras, equívocos, clientes muy resolutivos, abuelitas espléndidas y hasta de ‘agustinos’

Lo de “agustinos”, sí. Era una señora que tenía que dar de comer a su gato; ¡y los gatos son muy suyos! Bueno, es el caso de una mujer a la que habían mandado unas pastillas para el gato y ella decía en la consulta: “Yo lo meto en el agustino y ya, se las traga muy requetebién”. La veterinaria, que era nueva en el pueblo donde pasó, pensó que era una especialidad pastelera de la zona, tal vez de unas amorosas monjas agustinas… Pero tiempo después, cuando la señora volvió a la consulta, la veterinaria salió de dudas y preguntó qué eran los “agustinos”… “Primero, pelo el agustino, le quito la cabeza y las patitas y se lo doy, pero no crudo, lo cuezo”, comentó la dueña. ¡Eran langostinos! (Risas.) Y dentro le ponía las pastillas al gato. Ya hay una nueva definición de broma: “Agustino: dícese del langostino que puede servir como vehículo para una medicación felina”.

 

A por otra, que el libro es tremendo: De aquellos dueños que despliegan delante de los veterinarios unos comportamientos un tanto extraños …

Una que cuento mucho es la de dentro de una clínica, en la sala de consulta donde están todos esperando. Resulta que entra una señora sin animal ni nada y sin decir ni pío se levanta la falda hasta arriba y pregunta en recepción: “¿Me puede usted decir si esto es una garrapata o una verruga?”. (Risas.) Era una verruga, por cierto. Cosas así pasan, sí.

 

Marchando un quinto hito cotidiano: Extraordinarias historias de amor, héroes de cuatro patas y algún que otro veterinario en apuros 

De amores imposibles, por ejemplo, hay una anécdota de un caniche que se enamora de una pastora alemana. Es un amor imposible ¡en todos los sentidos! Lo primero, por motivos físicos. Y lo de los héroes de cuatro patas es una realidad. Un perro estaba en el campo con su dueño, a quien le dio una angina de pecho anticipando un infarto. Entonces, el señor se arrastra hasta el coche y se queda tirado en el suelo sin poder subir hasta el volante. El perro ve algo extraño, se mete en el coche en el lado del copiloto y tira del dueño hasta subirlo. ¡El caso es que le salvó la vida! Espectacular. Hay muchas historias increíbles.

Sigue siendo muy preocupante que en España la última estadística que leí es de 185.000 abandonos al año. Es un comportamiento que me parece lamentable. No pongo ninguna anécdota, tristemente.

 

De animales que se comportan como humanos y de humanos que se comportan como, bueno, ya sabéis…

Aquí hay pocas, no quise meter más. Sigue siendo muy preocupante que en España la última estadística que leí es de 185.000 abandonos al año. Es un comportamiento que me parece lamentable. No pongo ninguna anécdota, tristemente.

 

Nos despedimos con dos cuestiones más, acaso con tono entre profesional y personal por tu amor hacia los animales. ¿Cómo tratar a tu mascota?

He tenido una mascota durante 15 años hasta el pasado año que tuve que sacrificarla. Un perro de raza beagle. Dispongo de un jardín muy grande donde el perro estaba casi todo el día, salvo que hiciese mucho frío en invierno, pero el resto del tiempo estaba fuera. Salíamos todos los días a pasear por el campo. Era un perro muy cariñoso y también terco. Le costaba entender las consignas, aunque se portaba fenomenal con las visitas. No sé… ¿Un consejo de dueño? Lo que decíamos de la ciudad: que tengamos en cuenta que necesitan espacio y, ojo, tener un perro en un domicilio urbano muy pequeño es un poco egoísta por nuestra parte. No podemos meter un gran danés en un apartamento de 45 metros cuadrados. Creo que hay que recalcar que los animales tienen que tener una vida animal. Y un segundo consejo: la felicidad de los animales viene medida por las rutinas. Les encanta que pase lo mismo a la misma hora cada día. Por eso se ponen nerviosos con los cambios. Incluso con la comida: no pasa nada si come lo mismo. No le pasa nada: ni es triste ni es infeliz. ¡Les gustan las rutinas!

 

Gonzalo, la última: ¿por qué recomendarías a alguien estudiar veterinaria?

Porque es una profesión médica de primer nivel. Somos tan sanitarios como los médicos o los farmacéuticos, aunque tengamos una consideración muy inferior como responsables de la salud humana. Y qué decir: hay que estudiar muchísimo. Es una carrera muy complicada: se estudian patologías, anatomías… Todo multiplicado por muchas especies. Es muy complicado porque hay que estudiar mucho. Pero lo cierto es que es una carrera que luego da unas emociones espectaculares y merece mucho la pena. Les animaría a hacerlo y a abarcar todas las facetas de la profesión: laboratorio, sanidad animal e inspección de alimentos, supermercados, comercios, restaurantes. ¡Todas las funciones son vitales! Ya hemos dicho que es la profesión más bonita del mundo…