También es cierto, que en muchas ocasiones, al realizar determinados viajes, y con el objeto de ahorrarnos problemas digestivos, nos vemos obligados a comprar productos importados, a pesar de que nuestra preferencia sea degustar productos locales.

Algunas recomendaciones

Debemos tener en cuenta a la hora de elegir nuestra comida en destinos lejanos coinciden con recomendaciones también a aplicar en nuestro hogar:

-No ir a comprar los alimentos en un vehículo que consuma combustibles fósiles.

Nuestra visita ha de apoyar iniciativas que recuperan la cultura gastronómica del país

-Priorizar el pequeño comercio local frente a los supermercados y grandes superficies.

-Evitar la compra de productos con embalajes innecesarios, sobre todo los que se presentan en bandejas de poliestireno.

-Llevar nuestra propia bolsa a la hora de realizar la compra.

-Evitar el consumo de especies en peligro de extinción.

-Acudir a restaurantes del movimiento Slow Food o KM 0 durante nuestro Slow Trip.

-Buscar restaurantes con pescado procedente de pesca sostenible como los que aparecen en la web www.fish2fork.com, que no se ha obtenido de técnicas de sobreexplotación de recursos y cuenta con políticas de gestión ambientales, con medición y reducción de la Huella de Carbono de la actividad, etc...

-Visitar rutas gastronómicas y contribuir a su protección y valorización.

-Apoyar con nuestra visita iniciativas y restaurantes que recuperan la cultura gastronómica y los platos tradicionales del país como por ejemplo, en América Latina, la cocina prehispánica, declarada por la Unesco un Patrimonio Mundial de la Humanidad.

-Visitar productores locales: esto ayudará a reconocer y valorizar su labor tradicional. Si además son productores de Comercio Justo, ello permite aproximarse de una forma cercana y humana a los agricultores a los que ayudamos con un consumo justo desde nuestro hogar.

Esta actitud de una alimentación responsable debemos adoptarla

- Evitar, en la medida de lo posible, comprar “marcas blancas”, que presionan los márgenes de beneficio de los productores locales y, a medida que aumenta su éxito, incrementan su impacto en el tejido productivo, ya que otorgan un desmesurado poder a las grandes cadenas en lugar de crear un fortalecimiento de la unión consumidor-gran superficie.

-Al comprar un producto no local, es decir, que no se produce en la cercanía, como es el caso del café, el cacao o el chocolate, podemos optar por productos de comercio justo, que además suelen ser orgánicos.

Muchas veces, el marketing que se desarrolla en torno a la alimentación hace que los productos industriales sean más bonitos y atractivos (caso de la fruta) y al respecto tenemos que decir que, aunque probablemente no podamos transformar con nuestras acciones la forma de consumo y producción actual, si tenemos la capacidad de actuar como consumidores sobre la producción, incluyendo elementos éticos en los criterios de compra y provocando un cambio en aquello que se produce. ¡Obviamente, un cambio para mejor!

Esta actitud de una alimentación responsable y sostenible también debemos adoptarla durante nuestros viajes. Ello nos permitirá disfrutar mucho más de la experiencia de conocer nuevos lugares, así como beneficiar a las comunidades locales y al planeta en su conjunto.
Ante todo ¡disfruta de tu viaje y de la cultura gastronómica local de una manera responsable!