El auge del skincare entre adolescentes está llevando a cada vez más jóvenes a utilizar productos cosméticos diseñados para la piel adulta, una práctica que puede tener efectos indeseados cuando no existe un problema cutáneo real o cuando se combinan demasiados ingredientes activos. La doctora Anikó Kovács, dermatóloga del Departamento de Dermatología, Venereología y Dermatooncología de la Universidad Semmelweis, en Hungría, advierte de que en la adolescencia una rutina mal elegida puede provocar sequedad, irritación, picor e incluso reacciones alérgicas dolorosas, porque la piel joven aún no está completamente madura y resulta más sensible que la piel adulta.
Una piel más vulnerable
Los hábitos de cuidado facial de niños y adolescentes han cambiado de forma notable en los últimos años. Influenciados por las tendencias en redes sociales, muchos menores comienzan a usar cosméticos, maquillaje y preparados con ingredientes activos a edades cada vez más tempranas, aunque no siempre tienen una necesidad dermatológica que justifique esos productos.
La especialista subraya que resulta esencial distinguir entre los casos en los que un joven presenta realmente un problema de piel y aquellos en los que está tratando una piel completamente sana. Esa diferencia es clave porque, según advierte Kovács, la piel joven no responde igual que la adulta: todavía está en desarrollo, es más sensible y puede reaccionar con mayor facilidad a sustancias activas o fórmulas demasiado intensas.
Uno de los principales riesgos en esta etapa es el exceso de cuidado. Frente a las rutinas largas y complejas que se popularizan en internet, la dermatóloga defiende un enfoque más sencillo, consciente y moderado, basado en productos fiables y adecuados a la edad y al tipo de piel. La piel adolescente, insiste, no necesita necesariamente múltiples pasos ni tratamientos pensados para otras necesidades.
Kovács recuerda además que los cosméticos comercializados en la Unión Europea están sometidos a pruebas rigurosas, lo que los convierte en una opción más segura que los productos de origen desconocido. Aun así, la elección debe hacerse con cautela, especialmente cuando se trata de menores, y la experta recomienda consultar con un dermatólogo o farmacéutico siempre que sea posible antes de incorporar productos nuevos.
Rutinas simples y seguras
Para los niños que no presentan problemas cutáneos, como los de 10 u 11 años, la recomendación es mantener una rutina muy básica. En estos casos, basta con una limpieza facial suave, por ejemplo con agua micelar sin perfume, y el uso por la mañana de un protector solar adecuado para el tipo de piel.
La dermatóloga advierte de que incluso una práctica aparentemente inocua, como aplicar demasiada hidratación a esa edad, puede provocar molestias. La hidratación excesiva en pieles jóvenes y sanas puede favorecer problemas como la inflamación de la piel alrededor de la boca, por lo que no siempre más producto equivale a un mejor cuidado.
Entre los errores más habituales figura el uso de productos antiacné con fuerte efecto secante en pieles sanas o solo ligeramente grasas. Estos tratamientos, cuando se aplican sin necesidad, pueden alterar la piel y desencadenar sequedad, irritación y reacciones alérgicas, con síntomas como enrojecimiento, picazón o dolor.
Este tipo de reacciones se conocen como dermatitis de contacto y pueden aparecer cuando la piel se expone a cosméticos o ingredientes que no tolera bien. En una piel adolescente, más vulnerable a determinadas sustancias activas, el riesgo aumenta si se utilizan varios productos fuertes al mismo tiempo o si se imitan rutinas no supervisadas difundidas en redes sociales.
La advertencia no implica que los adolescentes deban evitar cualquier cuidado facial, sino que deben elegirlo de forma proporcionada. Según la especialista, una rutina adecuada debe responder a las necesidades reales de la piel, evitar excesos y priorizar productos sencillos, especialmente cuando no existe acné, irritación previa u otro problema dermatológico.
Acné, maquillaje y señales
El acné es el problema cutáneo más común en la adolescencia. Suele aparecer en la cara y, en los casos más graves, también puede manifestarse en la espalda o el pecho, zonas donde hay muchas glándulas sebáceas. En estos casos sí puede ser necesario un cuidado específico, pero debe aplicarse con criterio y sin multiplicar productos de forma indiscriminada.
El tratamiento habitual del acné incluye una limpieza facial regular, una o dos veces al día, con un limpiador adecuado para piel grasa. Esa limpieza debe retirar el maquillaje y las impurezas, pero sin agredir la piel ni recurrir a fórmulas excesivamente secantes que puedan empeorar la irritación.
Por la noche, según la pauta descrita por la dermatóloga, se aplican cremas antiacné con ingredientes activos, mientras que por la mañana se hidrata la piel y se utiliza protección solar. La protección frente al sol forma parte de la rutina recomendada cuando se emplean tratamientos cutáneos, ya que la piel puede necesitar un cuidado adicional durante el día.
Kovács advierte también del riesgo de recurrir a remedios caseros difundidos en redes sociales o de combinar simultáneamente múltiples ingredientes activos fuertes. Estas prácticas pueden empeorar de forma significativa los síntomas y aumentar la irritación, especialmente si se aplican sin valorar antes el estado real de la piel.
El uso de maquillaje se ha convertido en una práctica habitual incluso entre adolescentes. La especialista no lo presenta como un problema en sí mismo, pero insiste en que es importante eliminar cualquier resto de maquillaje a diario y, siempre que sea posible, evitar productos demasiado grasos o con una cobertura excesiva, porque pueden resultar menos adecuados para pieles jóvenes o con tendencia acneica.
Si la piel de un niño, niña o adolescente se enrojece o inflama tras utilizar maquillaje o cosméticos, la primera medida debe ser lavar la zona para retirar el producto. En casos leves, las cremas calmantes con pantenol pueden ayudar, pero si los síntomas no mejoran, la recomendación es acudir a un médico.
El mensaje central de la dermatóloga es que el cuidado de la piel en la adolescencia debe ser moderado, seguro y adaptado a cada caso. La piel joven no requiere rutinas complejas por defecto, y el uso de productos pensados para adultos puede terminar generando el efecto contrario al buscado: más sequedad, más picor, más irritación y más riesgo de alergias.
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