El profesor titular de Historia, Geografía y Antropología de la Universidad de Huelva (UHU) y experto en incendios forestales Alfonso M. Doctor Cabrera ha señalado este jueves, 13 de agosto, que la virulencia del incendio originado en el paraje Raboconejo de Niebla, en Huelva, responde a una combinación de factores como las extensas plantaciones de eucalipto, la acumulación de combustible fino, la topografía y unas condiciones meteorológicas adversas que favorecen la aparición de incendios de sexta generación.

 

Un fuego de gran intensidad

 

Doctor Cabrera ha explicado que un incendio alcanza esta categoría cuando adquiere una intensidad calorífica tan elevada que puede llegar a consumir prácticamente todo lo que encuentra a su paso. En el caso del fuego de Niebla, ha destacado además la enorme superficie recorrida, de unas 31.000 hectáreas, durante la cual las llamas han atravesado distintas formaciones del territorio onubense.

Uno de los fenómenos asociados a estos incendios de enorme intensidad es la formación de un pirocumulonimbus, una densa nube generada por el propio fuego que, según el especialista, puede alcanzar hasta 2.000 metros de altitud. Cuando esa masa se enfría y se desploma sobre el terreno, puede provocar un intenso paveseo a larga distancia y originar nuevos focos alejados del frente principal.

La aparición de esos focos secundarios dificulta especialmente el trabajo de los dispositivos de emergencia porque multiplica los puntos activos al mismo tiempo y puede llegar a hacer imposible actuar directamente sobre el frente principal. Este comportamiento extremo constituye, según la explicación del profesor de la UHU, una de las características que hacen especialmente complejos los incendios de sexta generación.

 

Eucaliptos y combustible acumulado

 

El experto ha puesto especial atención en la estructura de la vegetación existente en el área donde se inició el incendio. Las plantaciones productivas de eucalipto, ha explicado, están formadas por ejemplares muy próximos entre sí, homogéneos y de dimensiones similares, una disposición que facilita una propagación rápida y continua de las llamas.

Al tratarse de especies “clónicas”, con árboles de la misma edad y porte, y disponer además de ramas desde cotas muy bajas, el fuego puede recorrer la vegetación con gran rapidez y afectar a la totalidad de cada ejemplar. Doctor Cabrera también ha señalado que las ramas, hojas y fragmentos de corteza que se desprenden contribuyen a mantener espacios por los que puede circular el aire a nivel del suelo.

Frente a una estructura homogénea de eucaliptal, una vegetación más irregular y fragmentada, con alternancia entre encinares, bosques de galería, pinares y pastizales, puede interrumpir la continuidad del frente y dividir su avance

La existencia de grandes superficies continuas de eucaliptal supone así, en su análisis, un elemento capaz de acelerar notablemente el avance del incendio. Frente a esta estructura homogénea, una vegetación más irregular y fragmentada, con alternancia entre encinares, bosques de galería, pinares y pastizales, puede interrumpir la continuidad del frente y dividir su avance.

El especialista también ha llamado la atención sobre zonas forestales como el monte público de Pata del Caballo, donde existe una importante presencia de pinar y, según ha indicado tras trabajos de campo realizados allí, una falta de tratamiento y mantenimiento selvícola. Bajo los árboles pueden acumularse gruesas capas de pinocha, formadas por las hojas secas de los pinos.

Ese material fino presenta unas características especialmente favorables para la combustión. Los espacios existentes entre las agujas permiten que circule el aire, por lo que este manto puede arder con gran rapidez e intensidad, incrementando la disponibilidad de combustible en el suelo y favoreciendo el avance de las llamas.

A la vegetación se suma la configuración del terreno en el norte de Escacena y los parajes próximos, donde predominan fuertes pendientes, barrancos y ondulaciones. Este relieve quebrado facilita y acelera la ascensión del fuego y, al mismo tiempo, complica el acceso de los retenes y las labores de extinción.

 

Lluvias seguidas de calor extremo

 

Doctor Cabrera ha relacionado también la situación con los efectos del cambio climático y ha descrito el año climatológico como “la peor combinación posible” para favorecer un gran incendio. Las abundantes precipitaciones registradas en otoño y durante una primavera adelantada impulsaron inicialmente un crecimiento vegetativo muy elevado.

Posteriormente, la llegada temprana de episodios de altas temperaturas cambió de forma abrupta las condiciones. El profesor ha señalado que las olas de calor comenzaron ya en mayo y se mantuvieron de manera prácticamente ininterrumpida, secando rápidamente la vegetación que había crecido durante los meses húmedos.

Cuando a una etapa de abundantes lluvias le sigue un periodo de calor intenso y prolongado, la vegetación crece primero con fuerza y después pierde rápidamente su humedad, dejando disponible una importante cantidad de combustible para el fuego

El resultado fue la generación de una gran cantidad de material vegetal seco e inflamable. Según su explicación, cuando a una etapa de abundantes lluvias le sigue un periodo de calor intenso y prolongado, la vegetación crece primero con fuerza y después pierde rápidamente su humedad, dejando disponible una importante cantidad de combustible para el fuego.

El experto ha recordado además que los grandes incendios forestales de Huelva muestran una tendencia a repetirse en determinadas áreas. Amplias zonas afectadas ahora ya habían sufrido el incendio de Berrocal de 2004, que calcinó unas 34.000 hectáreas, un ejemplo que utiliza para advertir de la dificultad de recuperación de estos ecosistemas.

La regeneración completa después de un episodio de semejante magnitud requiere décadas, ha subrayado Doctor Cabrera. En ese contexto, ha advertido especialmente de las consecuencias de volver a implantar grandes superficies continuas de la misma especie después de que un terreno haya quedado afectado por las llamas.

Según el profesor, la replantación de eucaliptos en zonas quemadas reproduce una estructura vegetal homogénea similar a la que favorece la rápida propagación del fuego. Por ello, considera que mantener este modelo incrementa de forma notable la posibilidad de que vuelvan a producirse grandes emergencias forestales en esas mismas áreas a medio plazo.

Doctor Cabrera ha concluido que en la provincia existe un patrón recurrente de grandes incendios en determinados territorios y ha insistido en que volver a plantar eucaliptos después del fuego mantiene unas condiciones que elevan las probabilidades de que estos espacios vuelvan a sufrir episodios de gran magnitud.

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