Los grandes incendios forestales ya no solo queman monte: también empeoran el aire de regiones enteras situadas a cientos de kilómetros de las llamas. Los episodios extremos de humo de incendios se han triplicado en todo el mundo desde los años noventa y han contribuido a cerca de 100.000 muertes adicionales al año entre 2010 y 2018, una cifra que podría quedarse corta. Así lo recoge el sexto Boletín sobre la Calidad del Aire y el Clima(1) que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha publicado este 7 de septiembre, con motivo del Día Internacional del Aire Limpio para cielos azules.

Sumario

 

El boletín se ha elaborado con datos de la red Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM y con artículos firmados por la comunidad científica que asesora al organismo(3). Su publicación ha coincidido con la de un segundo informe de la ONU: el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición por un Clima y Aire Limpio han presentado el mismo día Hidden assets(2), la primera evaluación económica mundial que analiza de forma conjunta la acción climática y la lucha contra la contaminación atmosférica.

 

El noroeste de España, punto negro

 

El contaminante que más preocupa a los científicos son las partículas finas o PM2,5: partículas y gotas microscópicas de menos de 2,5 micrómetros de diámetro, tan diminutas que penetran hasta el fondo de los pulmones y pasan a la sangre. Las emiten la industria, la agricultura, la calefacción doméstica y el transporte, pero también los incendios y las tormentas de polvo. En 2025 sus concentraciones superaron la media histórica en el norte de Canadá, en parte de la Federación de Rusia y en África centroccidental por el aumento de la actividad del fuego, según el balance del año pasado.

El noroeste de España fue otro de los puntos negros del planeta en 2025, por los incendios excepcionales de finales del verano

El noroeste de España fue otro de los puntos negros del planeta en 2025, por los incendios excepcionales de finales del verano. Es el reverso de una tendencia que parecía consolidada: las regulaciones de Europa y Norteamérica han reducido las emisiones de partículas de la industria y el transporte, pero la exposición al humo de incendios no ha dejado de crecer. Los fuegos extremos son cada vez más frecuentes y sus consecuencias sanitarias, más graves, porque el humo que generan es especialmente tóxico.

Los sistemas actuales de evaluación del riesgo no capturan bien esa toxicidad añadida. Un estudio epidemiológico citado en el documento ha mostrado que los modelos convencionales, basados en la concentración total de partículas, pueden infraestimar hasta un 93 % la mortalidad atribuible a los incendios. “Cumplir las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre calidad del aire será progresivamente más difícil, ya que se espera que la meteorología de incendios extremos aumente en el futuro”, advierte el boletín.

Para elaborar este mapa global, la OMM ha empleado por primera vez modelos de cuatro fuentes distintas. Pese a las diferencias entre ellos, los resultados son comparables y en su mayor parte coherentes, lo que apunta a una comprensión sólida de los procesos atmosféricos. Los niveles de partículas siguieron por debajo de la media en China, donde han caído las emisiones de origen humano, mientras que la India continúa por encima del promedio por la quema de biomasa y otras fuentes. En la Amazonia, en cambio, la quema fue relativamente menor en 2025 que en años anteriores.

 

Ozono, hollín y microplásticos

 

El otro gran frente es el ozono a ras de suelo –el que se forma cerca de la superficie por reacciones químicas, no la capa protectora de la estratosfera–. Este gas daña la salud humana, la agricultura y los ecosistemas, y va a más por culpa de las olas de calor. La exposición prolongada se asocia a un aumento de la mortalidad, sobre todo por enfermedades respiratorias.

El aumento de las temperaturas, las condiciones atmosféricas estancadas y la radiación solar intensa favorecen la formación de ozono a ras de suelo

El aumento de las temperaturas, las condiciones atmosféricas estancadas y la radiación solar intensa favorecen la formación de ozono a ras de suelo, como han mostrado estudios recientes durante olas de calor en el sureste de Estados Unidos, Europa y China. Esa mayor exposición puede traducirse en decenas de miles de muertes prematuras adicionales. “De cara al futuro, se espera que los riesgos sanitarios asociados al ozono se intensifiquen”, señala el texto.

El boletín dedica también un capítulo a los aerosoles, las partículas en suspensión que viajan lejos de sus fuentes, cruzan océanos y continentes y alteran la forma en que la atmósfera refleja la luz solar. Pueden además modificar las propiedades químicas del suelo y de las masas de agua y contaminar entornos hasta entonces limpios. Un ejemplo es el depósito de carbono negro –el hollín– sobre la nieve y el hielo: al oscurecerlos, reduce la luz que estas superficies devuelven y puede acelerar el deshielo.

Los microplásticos, que se forman cuando los plásticos se degradan por la acción del sol y otros factores, están ya en la atmósfera, en la tierra y en el océano

Los microplásticos, que se forman cuando los plásticos se degradan por la acción del sol y otros factores, están ya en la atmósfera, en la tierra y en el océano. Una simulación con un modelo del sistema terrestre ha estimado 51 millones de toneladas en tierra y 22 millones en el océano, aunque las estimaciones varían enormemente porque falta un seguimiento sostenido. Vigilar cómo se depositan en los entornos remotos será clave para entender su impacto en el conjunto del sistema terrestre, sostiene la OMM.

 

Quince dólares por cada dólar

 

El segundo informe de la ONU aporta la cara económica del problema. El PNUMA y la Coalición por un Clima y Aire Limpio han calculado que cada dólar invertido en combatir a la vez el cambio climático y la contaminación del aire genera unos 15 dólares en beneficios(4), más que si ambos problemas se abordan por separado. El documento, titulado Hidden assets (Activos ocultos), examina un paquete de 25 medidas ya probadas en seis sectores: energía y combustibles fósiles, industria, transporte, agricultura y sistemas alimentarios, cocina y calefacción domésticas, y gestión de residuos.

Una relación beneficio-coste de 15 a 1 atraería capital de inmediato en casi cualquier otro sector; cada año de retraso cuesta al mundo más de 1,5 billones de dólares

ELLIOTT HARRIS, copresidente independiente de la evaluación

“Una relación beneficio-coste de 15 a 1 atraería capital de inmediato en casi cualquier otro sector; cada año de retraso cuesta al mundo más de 1,5 billones de dólares”, ha afirmado Elliott Harris, copresidente independiente de la evaluación. Si eso no ocurre, explica, es porque los beneficios se reparten entre los sistemas sanitarios, la productividad y los daños climáticos evitados en lugar de aparecer en una única cuenta de resultados.

Las cifras sanitarias explican buena parte de ese retorno. En 2025, la exposición a la contaminación del aire exterior de origen humano se asoció a 6,4 millones de muertes prematuras en todo el mundo. La contaminación del aire dentro de los hogares se vinculó a otros dos millones, unas 300.000 de ellas de niños. A esa mortalidad se suman 5,5 millones de nuevos casos de asma infantil y dos millones de casos de demencia, además de infartos, diabetes, ictus o cáncer de pulmón.

Aplicar por completo las 25 medidas evitaría de forma acumulada 144 millones de muertes prematuras hasta 2050, 96 millones de ellas atribuibles solo a la contaminación exterior. Los beneficios anuales equivaldrían al 2,8 % del PIB mundial en 2035 y al 11,4 % en 2100. El retorno, eso sí, no es igual en todas partes: en la región que engloba la Unión Europea, el Reino Unido y la Asociación Europea de Libre Comercio baja a unos 3 dólares por cada uno invertido, según los datos del informe difundidos por la agencia EFE(6).

El obstáculo, sin embargo, no es técnico. Las barreras institucionales –decisiones fragmentadas, escasa capacidad de control y coordinación débil entre administraciones– son las más importantes y pueden retrasar casi ocho años la aplicación completa del paquete. Cada año de demora deja sin recoger más de 1,5 billones de dólares, el 0,5 % del PIB mundial. Corregir esas barreras podría liberar hasta 10 billones de dólares adicionales en beneficios sanitarios hasta 2040.

La calidad del aire y el cambio climático no pueden abordarse por separado. Si uno empeora, el otro también

LORENZO LABRADOR, Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM

“La calidad del aire y el cambio climático no pueden abordarse por separado. Si uno empeora, el otro también”, ha resumido Lorenzo Labrador, de la red Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM, en declaraciones a la agencia AFP(7). El PNUMA lo plantea desde el otro extremo: “Durante demasiado tiempo hemos tratado la acción climática como un coste que hay que gestionar y la contaminación del aire como una consecuencia desafortunada del desarrollo”, ha señalado su directora ejecutiva, Inger Andersen. El informe defiende justo lo contrario: que el aire limpio es un motor del desarrollo, la salud y la estabilidad climática. Las soluciones ya existen; lo que falta, añade, es liderazgo.

 

Referencias

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