Dos agentes federales de inmigración de la ciudad de Minneapolis están acusados de haber derribado al suelo y luego disparado mortalmente a Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años. La muerte tuvo lugar a poco más de un kilómetro y medio del lugar donde, semanas antes, otra ciudadana estadounidense, Renee Good, fue presuntamente asesinada a tiros por agentes federales.
El último incidente provocó airadas protestas de los habitantes de Minneapolis, que quieren que se ponga fin a las operaciones de control de la inmigración en su ciudad.
¿Por qué el envío de agentes federales de inmigración ha causado tantos problemas en Minnesota?
Donald Trump ha descrito la inmigración ilegal como “la mayor invasión de la historia”. De hecho, desde su regreso a la Casa Blanca, en enero de 2025, varias ciudades de Estados Unidos han asistido al despliegue de la Guardia Nacional con la intención de sofocarla. Aunque el Tribunal Supremo dictaminó que Trump no tenía autoridad para tales despliegues, hemos visto a agentes federales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos librando la batalla principalmente contra las minorías en ciudades con liderazgo demócrata. Entre ellas Minneapolis, una ciudad gobernada por los demócratas en un estado liderado por los demócratas.
El gobernador es Tim Walz, que se presentó a la vicepresidencia en la candidatura de Kamala Harris contra Trump en las elecciones de 2024. Walz se ha enfrentado a acusaciones, que él niega, de pasar por alto un supuesto fraude generalizado en la financiación de programas de seguridad social, en el que supuestamente estarían involucrados sectores de la comunidad somalí-estadounidense.
Aunque la mayoría de estas acusaciones han sido refutadas, dieron a Trump motivos para enviar agentes federales. Esto ha aumentado las tensiones entre los funcionarios estatales y la administración, provocando muertes brutales e innecesarias en la comunidad y enfrentando a los ciudadanos de Minnesota con los funcionarios del gobierno federal.
El derecho a portar armas
La segunda enmienda se introdujo en la Constitución de los Estados Unidos en 1791 a través de la Carta de Derechos, debido a una profunda desconfianza hacia el poder militar centralizado y al deseo de garantizar que el recién formado gobierno federal no pudiera desarmar a la población.
Los padres fundadores concebían un “derecho natural de resistencia y autoprotección”. Las acciones de Trump al enviar agentes federales armados para llevar a cabo operaciones de aplicación de la ley en varios estados parecen cumplir las preocupaciones de los padres fundadores.
Los agentes están pisoteando no solo el derecho de los ciudadanos a portar armas, recogido en la segunda enmienda, sino también su derecho a la libertad de reunión, recogido en la primera enmienda.
¿Cómo han afectado los tiroteos mortales a la popularidad de Trump?
La popularidad de Trump está en declive. Su incapacidad para cumplir las promesas económicas esbozadas en su campaña electoral, su enfoque disperso de las relaciones internacionales y la creciente brecha entre la retórica y los logros han dañado su posición en las encuestas.
En una encuesta de la CNN publicada el 16 de enero, casi seis de cada diez encuestados describieron el primer año de Trump en el cargo como un fracaso, ya que el presidente se centró en prioridades equivocadas.
Y el apoyo del que goza está disminuyendo rápidamente, ya que los agentes federales de inmigración parecen estar fuera de control, persiguiendo a muchos más ciudadanos documentados que a inmigrantes indocumentados, sembrando el miedo y actuando como si estuvieran por encima de la ley.
Ante lo que parece ser un alto nivel de manipulación psicológica por parte de los funcionarios de Seguridad Nacional, los votantes se están volviendo en contra de la creciente autocracia de esta administración. Y empiezan a creer más en las pruebas difundidas por los medios de comunicación que en las declaraciones altamente polémicas de los lugartenientes de Trump.
Barack Obama y Bill Clinton rompen el silencio
En Estados Unidos existe una larga tradición, y un acuerdo implícito entre los expresidentes, de evitar las críticas públicas al presidente en ejercicio. Esa reticencia a hablar es, por lo general, una muestra de respeto hacia el cargo y un reconocimiento de los retos únicos y difíciles que plantea la presidencia.
Pero Trump 2.0 no es una presidencia normal. El estilo del 47 º presidente es combativo y vengativo, y parece haber una sensación cada vez mayor de que está desfasado con respecto a los deseos y los intereses del país que dirige.
La marcha de Trump hacia la autocracia crea crisis en las que se considera a sí mismo el héroe que el país necesita para superar sus males. Pero sus predecesores tienen una opinión diferente.
Tanto Obama denunciando el ataque a los valores fundamentales estadounidenses como Clinton expresando su condena a las “horribles escenas” de Minneapolis, que califica como “inaceptables” y evitables, los expresidentes demócratas no se han contenido. Cabe destacar que el único expresidente republicano vivo, George W. Bush, se ha mantenido hasta ahora en silencio.
¿Qué se puede hacer para evitar más violencia?
Lo más sencillo sería que Trump pusiera fin al despliegue de agentes federales de inmigración en Minneapolis y se abstuviera de tomar medidas similares en el futuro. Es evidente que está buscando una salida y enviar a su “zar de la frontera”, Tom Homan, a Minneapolis para dirigir las operaciones podría ser el primer paso para rebajar la tensión. Pero Trump detesta que le señalen sus errores y, al menos más allá de Minneapolis, es mucho más probable que redoble las actividades de control de la inmigración.
Siendo realistas, lo más probable es que el Congreso muestre su fuerza y se niegue a financiar más actividades federales de control de la inmigración. Los demócratas podrían forzar otro cierre del Gobierno por esta cuestión, y solo necesitan que unos pocos republicanos cambien de opinión para rechazar el presupuesto de 2026 del Departamento de Seguridad Nacional.
A nivel público, cuanto mayor sea el escrutinio de las agencias de control de la inmigración, más rigurosa será la verificación de las declaraciones oficiales y más unánime será la oposición a la política de deportación de Trump.
Estamos en año de elecciones intermedias y, si la presión pública aumenta, los legisladores republicanos podrían alejarse de la línea de Trump. Aunque actualmente controla las palancas del poder, ese control sigue siendo frágil. Incluso Trump podría darse cuenta pronto de que una autocracia abierta, violenta y coercitiva no es sinónimo de votos.