La guerra de Ucrania cumple 1.628 días atascada en una eterna guerra de desgaste, con un intercambio de bombardeos por ambas partes, ataques cruzados sobre las retaguardias y una dura lucha de posiciones en un frente que apenas experimenta ligeras variaciones.
La intensificación de los ataques por parte de Rusia ha despertado una señal de alerta en Ucrania, que ha solicitado el aumento de la ayuda recibida para desplegar su lucha antiaérea frente a episodios como el bombardeo nocturno que dejó al menos 17 víctimas mortales en la región de Kiev.
La situación en el frente tampoco ha sufrido grandes cambios. Las posiciones de ambos ejércitos apenas evolucionan unos cientos de metros a costa de serias bajas por ambos bandos.
Bombardeos cruzados sobre las retaguardias
La escalada bélica de las últimas fechas ha desatado varios bombardeos rusos de gran dureza contra la retaguardia ucraniana, buena parte de ellos dirigidos contra la capital del país.
El episodio más grave se registró en la noche del 4 al 5 de agosto, cuando una oleada de misiles balísticos y drones causó al menos 17 muertos y más de 40 heridos en la región de Kiev, con incendios en edificios residenciales, almacenes y una estación de tren.
Según el presidente ucraniano, en esa ofensiva Rusia empleó 24 misiles balísticos y 115 drones. La defensa aérea no logró interceptar ninguno de los proyectiles balísticos, un fallo que Kiev convirtió en argumento para reclamar más interceptores a sus socios.
Los ataques rusos no se han limitado a la capital. Han alcanzado todo tipo de objetivos de la geografía ucraniana, entre ellos Odesa, Járkov, Jersón, Sumy, Leópolis o Poltava.
El deterioro tiene reflejo estadístico: Naciones Unidas confirmó que junio fue el mes más mortífero para la población civil en Ucrania desde abril de 2022.
Por su parte, Ucrania también ha lanzado sucesivos ataques sobre la retaguardia rusa que han despertado la alerta, con un lento goteo de muertes de civiles rusos y una campaña sostenida contra infraestructuras energéticas.
El 6 de agosto ejecutó el mayor ataque con drones de toda la guerra: el Ministerio de Defensa ruso contabilizó 605 aparatos derribados sobre 18 regiones, Crimea y los mares Negro y de Azov, por encima de los 556 del 17 de mayo.
La ofensiva provocó un incendio en la refinería Slavneft-YANOS de Yaroslavl, una de las cinco mayores de Rusia, que procesa unos 15 millones de toneladas de crudo al año y acumula al menos seis ataques desde el 28 de marzo.
Dos días después, el 8 de agosto, Ucrania lanzó cerca de 400 drones contra el sur y el suroeste de Rusia y provocó un nuevo incendio en la refinería de Sizrán, de la estatal Rosneft, en la región de Samara.
El desgaste también golpea el tejido económico. Un análisis de imágenes de satélite atribuido a Reuters cifra en 1,18 millones de metros cuadrados el espacio de almacén dañado o destruido de Wildberries –más de una quinta parte de la capacidad de la mayor empresa de comercio electrónico rusa–.
Entre los ataques sobre la retaguardia ha destacado el atentado fallido del 1 de agosto en el restaurante Balzi Rossi de Moscú, dirigido contra el general Alexandr Chaiko, comandante en jefe de las Fuerzas Aeroespaciales rusas, que resultó ileso.
La explosión dejó tres muertos y 21 heridos, según el balance del Comité Nacional Antiterrorista recogido por la prensa rusa, aunque otras fuentes elevan a cinco el número de fallecidos. Nadie ha reivindicado la autoría.
Chaiko mandaba al inicio de la invasión las tropas del Distrito Militar Oriental, que Ucrania y varios medios independientes vinculan con los crímenes de guerra de Bucha, lo que otorga al ataque una fuerte carga simbólica.
El intercambio de proyectiles se extiende además al estratégico mar Negro, donde varios barcos han resultado dañados. Ucrania intenta condicionar la salida de los buques que colaboran con la flota petrolífera rusa, mientras el Kremlin trata de inutilizar la infraestructura portuaria de Odesa.
Un frente sin apenas variaciones
Sobre el territorio los avances son escasos y en cierta medida contrapuestos entre sí. Rusia ha proclamado algunos progresos en la región de Járkov, mientras que Ucrania habría realizado alguna pequeña incursión en la zona limítrofe de Donetsk.
Los escasos avances rusos resultan muy limitados para el coste que suponen en hombres y armamento, y tampoco implican un fortalecimiento de la estrategia de presión que querría imponer el Kremlin.
De especial importancia por la fuente de la que proviene ha resultado el balance de bajas difundido por Zelenski en una entrevista con la cadena estadounidense Fox News el pasado 31 de julio.
El presidente ucraniano cifró en alrededor de 1,6 millones las bajas rusas desde febrero de 2022, de las cuales unas 700.000 serían muertos, y admitió unos 50.000 soldados ucranianos muertos y unos 400.000 heridos, además de un elevado número de desaparecidos.
Dentro de esta guerra de propaganda, Rusia ha apuntado en otra dirección al proclamar que habría retomado al menos una decena de localidades ucranianas del frente oriental en los últimos días.
El tablero político del conflicto
Con el esfuerzo internacional de diálogo centrado en el conflicto de Irán, la guerra de Ucrania ha quedado a un lado, con el contexto volcado en la solicitud de ayudas para la defensa ucraniana y en las sanciones económicas a Rusia.
El respaldo financiero europeo se articula en torno al préstamo de 90.000 millones de euros aprobado para 2026 y 2027, del que 60.000 millones se destinan a la compra de armamento y municiones y 30.000 millones a apoyo presupuestario.
A esa vía se sumó el 5 de agosto el envío de 1.400 millones de euros adicionales procedentes de los beneficios de los activos rusos inmovilizados por las sanciones.
El punto más delicado sigue siendo la defensa antiaérea. Trump anunció el 8 de julio, en la cumbre de la OTAN de Ankara, que concedería a Ucrania la licencia para fabricar misiles Patriot, pero después rebajó ese compromiso al reconocer que Washington no lo había acordado.
Mientras el permiso sigue en el aire, Zelenski ha reclamado un paquete invernal de 300 interceptores para evitar el colapso de la red eléctrica ucraniana frente a los bombardeos rusos.
El resultado es un conflicto que, 1.628 días después, permanece atascado sobre el terreno y cada vez más intenso en las retaguardias, sin que el escenario diplomático ofrezca una salida próxima.
Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Activar ahora