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Medio ambiente
23 de abril de 2017
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Miércoles, 05 de abril de 2017
Ramón Costa
Islandia se abastece al 100% de energías renovables
Es el país con el mayor consumo de electricidad per cápita del mundo y uno de los que menos contaminan
Planta de producción de electricidad de origen geotermal islandesa / Foto: Pixabay Planta de producción de electricidad de origen geotermal islandesa / Foto: Pixabay
Quienes defienden que solamente con energías renovables no se puede mantener en funcionamiento una economía moderna y competitiva en un país entero se han quedado hace tiempo sin argumentos. Islandia, una de las naciones más prósperas del planeta –en términos de bienestar real de sus habitantes–, que ocupa el noveno puesto entre los 188 países evaluados en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU en su edición del año pasado, lo ha conseguido.

Prácticamente el 100% de la electricidad que consume este país de 350.000 habitantes proviene de fuentes de energía sostenibles y no contaminantes. Y nueve de cada 10 viviendas se calientan –y allí hace falta calentarse, y mucho– aprovechando la energía geotérmica del subsuelo, la misma que, junto con la de procedencia hidroeléctrica, abastece a numerosas industrias de elevadas necesidades energéticas. En total, en 2014 fue de origen renovable el 85% de toda la energía primaria empleada, según datos de la Autoridad Nacional de la Energía islandesa. Y de ella, el 66% fue geotermal. Solamente el transporte utiliza todavía combustibles fósiles a gran escala en la isla ártica.

El 75% de la generación es hidroeléctrica, y el 25% restante, de origen geotérmico

Y para ello no hace falta pasar penurias ni vivir en el atraso tecnológico: los islandeses emplean mucha energía. De hecho, Islandia es el primer país del mundo en consumo energético per cápita, con 194,2 megavatios por hora (casi siete veces más que España). Sólo Qatar ha alcanzado recientemente niveles similares.  Y, con enorme diferencia, el país nórdico es el primero del planeta en consumo de electricidad per cápita, con 54,7 (triplicando y cuadruplicando a los que le siguen, y casi 10 veces más que España). Pero en este caso los islandeses no contaminan nada para conseguirla. Es lo que tienen las energías renovables: que además de ser limpias y baratas, son inagotables.

Se puede argumentar que el país tiene la suerte de disponer del inagotable recurso del calor subterráneo que genera la enorme actividad volcánica que registra el territorio islandés, pero se podría decir lo mismo de bastantes otros lugares del planeta. En Islandia, la geotermia se utiliza, además de para generar electricidad mediante grandes turbinas de vapor, para proporcionar calefacción a ciudades enteras mediante sistemas urbanos centralizados, para derretir la nieve de las aceras, calentar piscinas, suministrar energía para la piscicultura, el cultivo en invernaderos y la elaboración de alimentos o cosméticos.

Pero hasta la década de los años 1970 el uso de esta fuente energética era prácticamente residual y, como el resto del mundo, Islandia consumía –y en su caso, por tanto, importaba– enormes cantidades de petróleo y carbón. Sin embargo, incluso mucho antes de que llegaran las preocupaciones medioambientales y se confirmara sin atisbo de dudas la existencia del cambio climático, los islandeses ya llevaban tiempo dándole vueltas a cómo escapar a la dependencia energética del extranjero.

Recuperar los gastos

A finales de la década de los 60 del pasado siglo, el Gobierno instauró un fondo económico para incentivar las perforaciones geotérmicas, que emplean la misma tecnología que las destinadas a buscar hidrocarburos. Con este instrumento financiero, el Estado prestó dinero para la investigación geotérmica y las perforaciones de sondeo y garantizaba la recuperación de gastos para los proyectos fallidos. Desde principios de la centuria, muchos granjeros habían descubierto que el calor del subsuelo podía proveer de energía inacabable y gratuita sus explotaciones. Y las autoridades se dieron cuenta de que allí podía estar el futuro energético del país.

Una expansión parecida registró la producción de energía hidroeléctrica. En la década de 1950 se construyeron 530 pequeñas centrales hidroeléctricas, y en 1970 se asistía ya a un desarrollo a gran escala del sector, lo que atrajo a la isla a gran número de empresas necesitadas de energía abundante y barata, como fundiciones de aluminio, que emplean casi la mitad de la electricidad total generada –lo que, cierto es, debido a que la isla no produce bauxita, genera un intenso tráfico naval que ya no es tan sostenible–. Las energías renovables superaron el 99% de la producción eléctrica ya en 1982, y desde entonces lo han seguido haciendo (con un peso relativo medio aproximado del 75% de la hidroeléctrica y el 25% restante de la geotérmica).

Hasta la década de los 1970 era considerado uno de los países más pobres de Europa

Ello impulsó el crecimiento económico de un país que hasta la década de 1970 era sin discusión uno de los más pobres de Europa, y estaba considerado por la ONU todavía como "en desarrollo". Cuarenta años más tarde es uno de los más avanzados y prósperos del globo, incluso después de la grave crisis financiera que lo llevó casi a la bancarrota en 2008. Y si la entonces pobre Islandia pudo, muchos otros países podrían: se calcula que el 25% de la población europea vive en zonas aptas para la instalación de calefacción centralizada de ciudades con energía geotérmica.

Según datos de 2010, esta fuente de energía tiene en Islandia el país donde mayor penetración registra, con el 30% del consumo total de electricidad, seguido, sorprendentemente, por Filipinas (con el 27%), El Salvador (25%) y, ya a mayor distancia, Costa Rica (14%) y Kenia (11,2%). El siguiente país desarrollado que ha apostado de manera significativa por este recurso es Nueva Zelanda, sexto lugar en el ranking, con un 10%. Y el siguiente es Italia, décimo puesto, con un casi simbólico 1,6% de toda la electricidad que consume.

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