La sociedad española acepta mayoritariamente el uso de animales en la investigación científica y la alimentación, pero muestra una oposición muy amplia cuando se destinan a actividades recreativas, deportivas o estéticas, según el estudio Percepciones y actitudes ante los animales 2026 (1) de la Fundación BBVA, que refleja además una elevada preocupación por el abandono, el maltrato y el tráfico ilegal de especies.
La población establece así una clara diferencia entre los usos que considera vinculados a la salud, el conocimiento científico o la nutrición y aquellos relacionados con el entretenimiento. Entre estos últimos, las corridas de toros reciben una valoración media de aceptabilidad de apenas 2,1 puntos sobre 10.
Rechazo al entretenimiento animal
La oposición a la tauromaquia resulta especialmente intensa. Siete de cada diez personas encuestadas sitúan las corridas en el nivel de rechazo más elevado, con puntuaciones comprendidas entre 0 y 2 puntos, mientras que una proporción equivalente considera que la utilización de animales en festejos taurinos constituye un problema grave o muy grave.
La valoración negativa se extiende a otras actividades relacionadas con el ocio y la estética. La confección de abrigos de piel obtiene la puntuación más baja entre todos los usos analizados, con 1,1 puntos sobre 10, seguida de la investigación cosmética, los circos y el empleo de animales en fiestas locales, todos ellos con 1,6 puntos.
También se sitúan en niveles bajos de aceptación la utilización de animales para fabricar ropa y complementos, con una valoración de 1,7 puntos, y la caza deportiva, que registra 1,9 puntos. El estudio dibuja así una actitud especialmente crítica hacia prácticas que la población no relaciona con necesidades sanitarias o alimentarias.
Esta sensibilidad se refleja igualmente en la percepción de determinados problemas asociados al bienestar animal. El abandono de mascotas es el que suscita una mayor preocupación, ya que un 95% de la población lo considera grave o muy grave.
A continuación aparecen el tráfico ilegal de especies salvajes, señalado como grave o muy grave por el 90%, y el maltrato a los animales de compañía, que alcanza el 88%. Los atropellos de animales en carreteras preocupan en esos mismos términos al 79% de las personas consultadas.
La modificación genética es considerada un problema grave o muy grave por el 76%, mientras que las condiciones en las que viven los animales tanto en circos como en granjas industriales alcanzan en ambos casos un 70% de respuestas dentro de esas categorías de preocupación.
Mayor respaldo a la ciencia
Frente a ese rechazo, el estudio muestra una actitud más favorable cuando la utilización de animales tiene finalidades vinculadas con la salud o la alimentación. La investigación veterinaria dirigida a mejorar la salud de los propios animales encabeza la clasificación de aceptabilidad, con una media de 7,3 puntos sobre 10.
La alimentación humana alcanza una valoración de 6,7 puntos, mientras que la investigación médica destinada a mejorar la salud de las personas obtiene 6,5 puntos. La investigación científica de carácter general se sitúa ligeramente por debajo, con una puntuación media de 6,3 puntos.
Entre el 40% y el 53% de la población concede a estas actividades las máximas puntuaciones de aceptación, comprendidas entre 8 y 10 puntos, lo que evidencia una valoración social muy distinta de la observada en los usos recreativos o estéticos.
Sin embargo, la percepción de la experimentación científica con animales como problema social no genera un consenso tan claro. Un 19% de las personas encuestadas la considera un asunto muy grave y un 27% bastante grave, mientras que el 34% la califica de poco grave y otro 16% entiende que no constituye ningún problema.
Los resultados reflejan, por tanto, una posición matizada: la población respalda de manera apreciable determinadas investigaciones realizadas con animales cuando están relacionadas con fines científicos o sanitarios, aunque persisten dudas y reservas sobre sus implicaciones.
Derechos y bienestar animal
El informe de la Fundación BBVA revela además un amplio consenso sobre la existencia de obligaciones morales hacia los animales. El derecho de los animales salvajes a vivir en libertad en la naturaleza obtiene el respaldo del 91% de las personas encuestadas y alcanza una valoración media de 9,4 puntos sobre 10.
El 90% reconoce también el derecho a la vida de todos los animales, con una puntuación media de 9,3, y un porcentaje idéntico coincide en que las personas tienen la obligación moral de respetarlos, una afirmación que recibe 9,2 puntos.
Esta visión se acompaña de una percepción generalizada de continuidad biológica entre los seres humanos y el resto de animales. Un 75% cree en la evolución de las especies, mientras que la idea de que humanos y animales comparten orígenes biológicos obtiene una valoración de 7,9 puntos.
La población atribuye asimismo a los animales numerosas capacidades físicas y emocionales. La facultad para sentir dolor físico alcanza una puntuación de 8,5 puntos, seguida de la capacidad de experimentar miedo, con 7,6, y de disfrutar jugando y cuidar de sus descendientes, ambas con 7,4 puntos.
La posibilidad de mantener vínculos familiares recibe una valoración de 7 puntos, mientras que la capacidad de experimentar emociones alcanza 6,8 y la de sentir placer se sitúa en 6,5 puntos. Las facultades de tipo cognitivo obtienen resultados más moderados: planificar recibe 4,7 puntos y pensar, 4,5.
Estas actitudes tienen también reflejo en los hábitos de consumo. Un 44% de la población afirma adquirir habitualmente productos que garantizan el bienestar animal y un 37% compra artículos identificados como cruelty-free.
Además, el 80% de la población española asegura estar dispuesto a asumir un mayor coste por alimentos procedentes de granjas respetuosas con los animales. Dentro de este grupo, un 29% aceptaría pagar hasta un 5% más, un 33% asumiría un incremento de hasta el 10% y un 18% estaría dispuesto a afrontar encarecimientos superiores a ese porcentaje.
En conjunto, el estudio de la Fundación BBVA refleja una sociedad que establece diferencias claras en función de la finalidad del uso de los animales: muestra una mayor aceptación cuando intervienen razones científicas, sanitarias o alimentarias, mientras expresa un rechazo especialmente acusado ante los usos recreativos, deportivos y estéticos, junto con una elevada sensibilidad hacia su bienestar y sus derechos.
Referencias
- (1) Percepciones de la naturaleza y los animales. Fundación BBVA.
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