El Ayuntamiento de Madrid, a través del Área de Urbanismo, Medioambiente y Movilidad, estudia la posibilidad de realizar una prueba piloto en varias calles del distrito de Tetuán para instalar taquillas o lockers de recogida de productos comprados en línea, con el objetivo de mejorar la movilidad, reducir los repartos puerta a puerta y disminuir las emisiones contaminantes asociadas a la distribución urbana de mercancías.
Piloto en espacios públicos
La iniciativa municipal plantea la instalación de estos lockers durante un periodo de 12 meses en espacios públicos del entorno de Cuatro Caminos, incluyendo calles próximas al Paseo de la Castellana, según informa Europa Press. El proyecto se enmarca en la gestión de la llamada última milla logística, el tramo final del reparto de mercancías hasta el consumidor.
El objetivo del Ayuntamiento es concentrar parte de las entregas de productos comprados online en puntos concretos de recogida, de forma que los vehículos de reparto puedan reducir desplazamientos, entregas fallidas y trayectos repetidos. Según el planteamiento municipal, la medida busca mejorar la movilidad urbana y contribuir a reducir la contaminación generada por la distribución de mercancías.
Estas taquillas se ubicarían en espacios como aparcamientos de bicicletas de muy poco uso o en zonas cercanas a puntos de carga y descarga. La propuesta contempla así aprovechar áreas ya vinculadas a la movilidad o a la actividad logística para instalar un sistema de recogida que podría ser utilizado por diferentes empresas de mensajería.
El Ayuntamiento defiende que la medida puede ayudar a disminuir la circulación de vehículos de reparto, a los que atribuye el 30% de la contaminación. En este sentido, la prueba piloto permitiría valorar si la implantación de lockers multioperador en la vía pública contribuye a ordenar una parte del reparto urbano y a reducir las emisiones derivadas de la entrega de paquetes.
La instalación de estas taquillas supondría que los usuarios podrían recoger productos comprados en línea en puntos habilitados en la calle, en lugar de recibirlos necesariamente en sus domicilios. Con ello, el consistorio busca estudiar si este modelo permite reducir la presión de la última milla sobre el tráfico urbano y sobre las zonas de carga y descarga.
Críticas por la calle
La propuesta ha generado polémica entre los detractores de la medida, que sostienen que supone una nueva gran cesión del espacio público a empresas privadas. La oposición municipal ha cuestionado que la vía pública se utilice para instalar infraestructuras vinculadas a operadores logísticos, especialmente en un contexto en el que la calle ya concentra numerosos usos y demandas.
Más Madrid ha considerado que esta iniciativa del Gobierno de José Luis Martínez-Almeida constituye un “ataque directo” al comercio de proximidad y una nueva cesión del espacio público a grandes operadores privados de logística. La formación rechaza que la solución a los problemas de la última milla pase por colocar taquillas en la calle.
En declaraciones remitidas a los medios, la concejala Sara Ladra ha advertido de que instalar estos lockers en espacios públicos equivale a competir directamente con los pequeños comercios de barrio. Según ha recordado, muchos establecimientos llevan años funcionando como puntos de recogida y entrega de paquetes para los vecinos.
“Las tiendas de nuestros barrios llevan años recogiendo paquetes, siendo puntos de entrega y generando confianza con los vecinos. Lo que necesita el comercio de barrio es apoyo de su Ayuntamiento, no más competencia”, ha defendido Ladra.
Para Más Madrid, el comercio local ya forma parte de la solución a los problemas de reparto urbano. La formación sostiene que charcuterías, ferreterías, librerías y otros pequeños negocios han asumido durante años una función útil para los vecinos, al actuar como espacios de entrega y recogida de pedidos de operadores de logística de última milla.
La oposición argumenta que habilitar lockers para empresas privadas no tiene demasiado sentido cuando ya existe una red de tiendas de proximidad que presta ese servicio. Además, advierte de que la medida puede tener consecuencias para un comercio local ya afectado por la competencia de grandes multinacionales y empresas de venta online.
Comercio y bicicleta
Uno de los puntos más sensibles del proyecto es su posible impacto sobre el comercio local. Más Madrid defiende que los pequeños establecimientos no solo ofrecen un servicio de recogida de paquetes, sino que también generan empleo, mantienen la relación directa con los vecinos y contribuyen a sostener el tejido social de los barrios.
La formación considera que, si el Ayuntamiento quiere mejorar la última milla, debería reforzar la red de comercios de proximidad y facilitar su actividad, en lugar de instalar en la vía pública taquillas que pueden restarles clientes. Desde esta perspectiva, los lockers no complementarían al comercio local, sino que podrían competir con él.
Ladra ha insistido en que la respuesta a la mensajería de última milla ya existe y se llama comercio de barrio. En su opinión, esa red de establecimientos que conoce a los vecinos y participa en la vida cotidiana del barrio es la que debería recibir apoyo municipal frente a modelos gestionados por grandes operadores logísticos.
La ubicación prevista para algunas de estas taquillas también ha abierto un debate sobre el uso de la bicicleta en la ciudad. El proyecto contempla colocar lockers en aparcamientos de bicicletas de muy poco uso, una opción que la oposición interpreta como un nuevo ataque hacia este medio de transporte.
Más Madrid ha criticado que se retire o reduzca espacio vinculado a la bicicleta para destinarlo a empresas privadas de reparto. A juicio de la formación, esta decisión supone priorizar la logística privada frente a la movilidad ciclista, aunque el Ayuntamiento plantee que se trata de aparcabicicletas con baja utilización.
El proyecto municipal, tal y como está planteado en estos momentos, contempla taquillas de 2,20 metros de altura máxima y una anchura mínima de 1,85 metros. Estas dimensiones hacen que los lockers puedan convertirse en elementos visibles dentro del paisaje urbano, especialmente si se colocan en aceras, zonas de estacionamiento o espacios antes reservados a otros usos.
La estética de las taquillas también forma parte del debate. Aunque los colores deberán ser aprobados previamente, el planteamiento permite que puedan corresponder a los característicos de las empresas concesionarias. Para los detractores, este aspecto refuerza la idea de una mayor presencia de operadores privados en el espacio público.
La prueba piloto que estudia el Ayuntamiento de Madrid queda así situada entre dos enfoques enfrentados. Por un lado, el consistorio plantea los lockers como una herramienta para reducir repartos, mejorar la movilidad y disminuir las emisiones contaminantes. Por otro, sus detractores denuncian que la medida supone una cesión de la calle a empresas privadas, perjudica al comercio de proximidad y resta espacio a la bicicleta.
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