La isla indonesia de Flores ha vuelto a temblar este lunes con un seísmo de magnitud 5,8 que no ha provocado la emisión de ninguna alerta de tsunami, apenas dos días después del terremoto de 7,7 que ha dejado al menos 54 muertos en la provincia de Nusa Tenggara Oriental, en el este del país, según ha confirmado la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica (BMKG).
El nuevo temblor se ha registrado mientras Indonesia celebra el 81º aniversario de su independencia y miles de personas continúan a la espera de ayuda en las zonas más castigadas, con tres regencias todavía inaccesibles por los corrimientos de tierra.
Una réplica sin alerta de tsunami
La BMKG ha situado el epicentro de la sacudida de este lunes en el mar, a 40 kilómetros al noreste de la regencia de Nagekeo, en el centro de la isla de Flores. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha informado del mismo movimiento con una magnitud de 5,7, mientras que el centro alemán de investigación GFZ lo ha situado en 5,9 y a unos diez kilómetros de profundidad.
El terremoto principal se ha producido el sábado a las 04.58 horas de Yakarta – las 05.58 en la hora local de Flores –, con el epicentro frente a la costa norte de la isla, a unos 68 kilómetros al nornoroeste de Ende. La BMKG ha situado el foco a 15 kilómetros de profundidad, mientras que el USGS lo rebaja a diez, un valor que explica la violencia de la sacudida en superficie.
Las autoridades indonesias han contabilizado desde entonces 995 réplicas, de las cuales 46 han sido percibidas por la población, según el último recuento de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB). La BMKG ha atribuido el seísmo al cabalgamiento de retroarco de Flores y ha advertido de que esta falla puede seguir activa durante un plazo de hasta tres semanas.
Tras el temblor principal, el organismo meteorológico emitió una alerta preventiva de tsunami para las zonas costeras colindantes que fue retirada horas después, una vez descartada una amenaza mayor. En algunos puntos del litoral llegaron a registrarse olas de hasta 1,6 metros. Ese mismo sábado ha sido registrado además otro terremoto de magnitud 6,9 en Sumatra Septentrional, a miles de kilómetros de Flores.
Manggarai concentra la mayoría de fallecidos
El último balance oficial difundido el domingo por la BNPB y la agencia local de gestión de desastres (BPBD) ha cifrado en 53 los fallecidos, repartidos entre las regencias de Manggarai (25), Manggarai Oriental (20), Sikka (4), Ende (2), Nagekeo (1) y Manggarai Occidental (1). Este lunes, el jefe de la BNPB, Suharyanto, ha elevado el balance a 54 muertos mientras continúa la evaluación de daños y víctimas.
A ese balance se suman 135 heridos, más de medio centenar de ellos en estado grave, y en torno a 5.000 personas desplazadas, algunas en centros de evacuación públicos y otras alojadas en casa de familiares o conocidos. Las autoridades han advertido de que el recuento puede seguir aumentando mientras prosiguen las tareas de búsqueda entre los escombros.
Los daños materiales son cuantiosos. Los datos preliminares de la BNPB contabilizan 346 viviendas afectadas – 157 con daños graves, 41 moderados y 148 leves –, además de 87 centros educativos, 18 instalaciones sanitarias, seis oficinas gubernamentales y cinco lugares de culto. Otros balances elevan a más de 1.300 el número total de viviendas afectadas en la provincia.
El impacto se ha dejado sentir también en la red sanitaria. El hospital regional de Manggarai, en Ruteng, ha sufrido daños estructurales y los pacientes han tenido que ser evacuados a tiendas de campaña, por lo que las autoridades preparan un hospital de campaña en el estadio Golo Dukal. Los deslizamientos de tierra han bloqueado carreteras y han interrumpido las comunicaciones en los distritos más próximos al epicentro.
Emergencia declarada por catorce días
El gobernador de Nusa Tenggara Oriental, Emanuel Melkiades Laka Lena, ha declarado el domingo el estado de emergencia durante 14 días. “El impacto ha sido significativo”, ha señalado en un comunicado en el que ha confirmado que numerosos ciudadanos han fallecido o resultado heridos y que viviendas e instalaciones públicas han quedado dañadas.
Los esfuerzos de rescate se concentran en Manggarai, Manggarai Oriental y Nagekeo, las tres zonas más castigadas y todavía de difícil acceso. Más de 3.500 militares y policías han sido desplegados sobre el terreno y el Gobierno ha enviado 275 toneladas de ayuda distribuidas en 50.000 paquetes, aunque las dificultades logísticas han ralentizado las entregas.
Las autoridades han movilizado once aeronaves y helicópteros, además de medios terrestres y marítimos, para hacer llegar los suministros a las zonas remotas, entre ellas la isla de Palue, en la regencia de Sikka. Los supervivientes reclaman alimentos, medicinas, agua potable y utensilios básicos para cocinar.
En el plano internacional, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha ofrecido a Indonesia activar el sistema satelital Copernicus para apoyar las labores de búsqueda y rescate. Europa está lista para desplegar Copernicus – “nuestros ojos en el cielo”, ha escrito – en apoyo de las autoridades indonesias.
Para muchos vecinos de Flores, la sacudida ha revivido el recuerdo del terremoto de 1992, también de magnitud 7,7, que generó un tsunami y causó la muerte de unas 2.500 personas en la misma isla. La reiteración de la magnitud y del área afectada explica el temor persistente de la población a permanecer en sus viviendas.
Indonesia, un archipiélago de más de 17.000 islas, acumula un amplio historial de seísmos devastadores por su ubicación en pleno Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Esta franja de gran inestabilidad tectónica se extiende desde Japón e Indonesia hasta California y Sudamérica.
El precedente más grave de las últimas décadas se remonta a 2004, cuando un terremoto de magnitud 9,1 frente a las costas de Sumatra desencadenó un tsunami que causó unas 230.000 muertes en una docena de países. En 2018, un seísmo de 7,5 y el posterior maremoto en la isla de Sulawesi dejaron más de 4.400 fallecidos.
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