Greenpeace ha celebrado este martes la aprobación por parte del Pleno de Carboneras, en Almería, de la revisión de oficio de la licencia de obras del hotel del Algarrobico, una decisión que, según la organización ecologista, supone el “fin del calvario” de más de dos décadas y convierte el permiso en ilegal a efectos administrativos. La entidad interpreta que este paso permite avanzar hacia la nulidad de la licencia concedida a Azata del Sol para construir en un espacio no urbanizable y protegido.
Licencia ya ilegal
La organización ecologista ha valorado la actuación municipal después de 23 años de espera, al considerar que la revisión de oficio aprobada por el Ayuntamiento de Carboneras supone un avance decisivo para dejar sin efecto el permiso de obras del hotel del Algarrobico. Greenpeace ha recordado que la licencia fue concedida para edificar en un espacio no urbanizable y protegido, lo que ha convertido el caso en uno de los símbolos más persistentes del urbanismo ilegal en el litoral español.
Greenpeace ha recordado que la licencia fue concedida para edificar en un espacio no urbanizable y protegido, lo que ha convertido el caso en uno de los símbolos más persistentes del urbanismo ilegal en el litoral español
El coordinador de Greenpeace en Andalucía, Luis Berraquero, ha afirmado que esta anulación llega tras años de “insumisión judicial” protagonizada por el Consistorio y pone fin al largo proceso administrativo que ha acompañado a lo que la organización define como una “ruina urbanística”. Para la entidad, la decisión municipal no solo tiene un valor formal, sino que marca un cambio de etapa en un conflicto que se ha prolongado durante más de dos décadas.
Greenpeace sostiene que, con la licencia anulada, se abre un nuevo escenario para la demolición del hotel. La asociación considera que ya no existen obstáculos administrativos para derribar el edificio, al que vuelve a calificar como un “mamotreto ilegal”, y reclama que el Ayuntamiento actúe de manera inmediata para restablecer la legalidad urbanística en el paraje.
Demolición inmediata
La organización exige la demolición inmediata del hotel del Algarrobico y dirige esta reclamación al Ayuntamiento de Carboneras, al que atribuye la obligación de ordenar el derribo como única medida posible para restaurar la legalidad. Greenpeace insiste en que el caso no se limita a la retirada de una construcción ilegal, sino que afecta directamente a la recuperación ambiental de una zona de alto valor natural.
“No se trata solo de tirar un edificio, sino de recuperar la biodiversidad de una de las joyas del Mediterráneo andaluz”
“No se trata solo de tirar un edificio, sino de recuperar la biodiversidad de una de las joyas del Mediterráneo andaluz”, ha recalcado la organización en su comunicado. Con esta frase, Greenpeace sitúa la protección del entorno en el centro de su reclamación y vincula la demolición del inmueble con la restauración del espacio natural afectado por la construcción.
La entidad ha recordado además la existencia del protocolo de colaboración firmado en 2011 entre el Gobierno central y la Junta de Andalucía, un acuerdo destinado a establecer un reparto de tareas para recuperar el paraje. Según ha indicado Greenpeace, este protocolo fija que el Estado se encarga de la demolición y el desescombro, mientras que la Junta de Andalucía asume la restauración ambiental y la gestión de los residuos.
El Estado se encarga de la demolición y el desescombro, mientras que la Junta de Andalucía asume la restauración ambiental y la gestión de los residuos
A partir de ese marco, Greenpeace reclama que los presupuestos públicos de 2026 y 2027 incorporen ya las partidas necesarias para devolver la playa protegida a su estado original. La organización estima que el coste de derribar el hotel y restaurar el paraje superará los siete millones de euros, una cantidad que considera imprescindible para cerrar definitivamente el expediente urbanístico y ambiental del Algarrobico.
Restaurar el paraje
Luis Berraquero ha defendido que el clamor popular en torno al Algarrobico es claro y ha pedido que se pase página cuanto antes. “Necesitamos pasar página ya, que empiecen a caer escombros y que la naturaleza vuelva a conquistar el territorio que en su día le fue arrebatado”, ha señalado el coordinador de Greenpeace en Andalucía, quien ha vinculado la decisión municipal con la presión social acumulada durante años.
El representante de la organización ecologista ha añadido que, pese a las maniobras dilatorias que atribuye al Ayuntamiento, esta victoria demuestra que la fuerza ciudadana es “imparable”. Greenpeace interpreta así la revisión de oficio como el resultado de una movilización sostenida durante décadas contra el hotel y contra el modelo urbanístico que, a su juicio, representa este proyecto.
Esta victoria “tiene un solo dueño”: las miles de personas que durante décadas se negaron a dar por perdida la batalla contra el “ladrillazo” depredador
La directora ejecutiva de Greenpeace España, Eva Saldaña, también ha celebrado la decisión y ha asegurado que esta victoria “tiene un solo dueño”: las miles de personas que durante décadas se negaron a dar por perdida la batalla contra el “ladrillazo” depredador. Saldaña ha destacado el papel de la ciudadanía en la defensa del territorio y ha presentado el caso del Algarrobico como un ejemplo de resistencia ambiental frente a intereses urbanísticos.
“Ahora exigimos las excavadoras ya y un plan de restauración que devuelva el entorno natural a su estado original”, ha afirmado Saldaña. La directora ejecutiva de Greenpeace España ha situado esta reclamación en un contexto político en el que, según la organización, se ha aceptado desregular y debilitar leyes, por lo que considera que la defensa de la biodiversidad y la restauración del territorio siguen plenamente vigentes.
Greenpeace concluye que la decisión sobre la licencia del Algarrobico representa una victoria relevante para la movilización ciudadana y para la protección del medio natural. La organización sostiene que la anulación administrativa del permiso debe traducirse ahora en actuaciones concretas, con el derribo del hotel, la retirada de los escombros y la restauración ambiental del paraje como pasos necesarios para cerrar una de las heridas urbanísticas más conocidas del litoral andaluz.
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