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Medio ambiente
18 de julio de 2018
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Miércoles, 05 de noviembre de 2014
Ramón Costa
Carreteras solares
Una pareja estadounidense propone sustituir las superficies de asfalto u hormigón de calles, aparcamientos, pistas de aterrizaje o deportivas por paneles fotovoltaicos
Los Brusaw con el prototipo de su aparcamiento / Foto: Solar Roadways Los Brusaw con el prototipo de su aparcamiento / Foto: Solar Roadways
El Sol nos seguirá proporcionando energía gratuita durante unos 5.000 millones de años. Pero la inmensa mayor parte de la misma se desaprovecha, a pesar de que hoy disponemos ya de la tecnología para convertirla en electricidad o calor de forma limpia y sostenible. Millones de kilómetros cuadrados de carreteras, calles, aparcamientos, pistas de aterrizaje o deportivas se limitan a absorber una fracción y reflejar el resto de la intensa radiación solar que reciben. Y toda esa energía se podría utilizar.

Bastaría con sustituir las superficies de asfalto u hormigón por paneles fotovoltaicos capaces de soportar el peso de los vehículos. Es la propuesta de la pareja formada por Scott y Julie Brusaw (ingeniero eléctrico él, psicóloga ella), fundadores de la empresa Solar Roadways (Carreteras Solares) en Sandpoint (Idaho, Estados Unidos).

Como el nombre del proyecto indica, los Brusaw plantean la posibilidad de crear carreteras inteligentes capaces de aprovechar la energía solar para, entre otras posibilidades, producir energía para las poblaciones que atraviesen, cargar las baterías de los vehículos eléctricos que las transiten (¡incluso en marcha!) y evitar que se formen peligrosas placas de hielo en invierno.

Los módulos, de forma hexagonal, pueden soportar más de 110 toneladas

Cada panel hexagonal, de 30 centímetros por cada cara, está formado por tres capas: una superficial, fabricada con un material resistente, rugoso y translucido a base de vidrio templado que deja pasar la luz del sol e incorpora una iluminación led y elementos calefactores; la segunda contiene las células fotovoltaicas y la tercera distribuye la energía acumulada a la red eléctrica, además de encender los led y los elementos calefactores.

Los led permitirían señalizar de noche las carreteras con líneas o signos de diseños modificables según las necesidades, aumentando la seguridad del tráfico, pero también formar cualquier figura e iluminarse con cualquier color, lo que permitiría facilitar información de todo tipo a los conductores. Y la calefacción, evitaría la acumulación de nieve o hielo sobre la superficie de la carretera. Instalada en los carriles bici, esta tecnología permitiría usarlos incluso durante los peores días de invierno.

Los paneles, desarrollados desde hace una década por los Brusaw, pueden soportar más de 110 toneladas de peso. "Al pensar en lo resistentes que deberían ser, nos vino a la mente la caja negra de los aviones: no sabíamos de qué material estaba hecha, pero debía ser capaz de proteger los más delicados componentes electrónicos de los peores accidentes aéreos”, recuerda Scott Brusaw.

Aunque, pese a utilizar materiales reciclados, el coste de pavimentar una superficie así sea mucho más elevado que el de limitarse a asfaltarla, los paneles, de forma hexagonal, y que se interconectan al encajarlos (lo que permite saber si uno falla para reemplazarlo) se rentabilizarían a largo plazo gracias a la energía producida.

La consolidación del coche eléctrico

"Un pavimentado solar podría autofinanciarse a través de la generación de electricidad, que podría alimentar los hogares y las empresas conectadas, por ejemplo, a las calzadas y estacionamientos. Instalándose a escala nacional podría producir más energía renovable y limpia que la que el país utiliza actualmente en su conjunto", afirma su inventor. De hecho, Brusaw calcula que cubrir con sus paneles todas las carreteras estadounidenses podría proporcionar gratuitamente el triple de la electricidad que hoy consume el país, y rebajar en un 75% sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, además, consolidaría definitivamente al coche eléctrico como alternativa de transporte. "A largo plazo, permitiría a los vehículos eléctricos recargar en cualquier lugar, como las áreas de descanso o los estacionamientos al aire libre", añade. Un sistema de inducción eléctrica mutua, que ya se ha experimentado con éxito en Estados Unidos o Corea del Sur, podría incluso permitirles recargar mientras circulan.

Y aún hay más. Las carreteras solares irían acompañadas de un corredor cableado que, además de transportar la electricidad sobrante o datos por medio de fibra óptica, podría emplearse para recoger y canalizar el agua de lluvia hasta alguna clase de tratamiento, lo que ayudaría a reducir la contaminación de los cursos fluviales.

El proyecto ha recaudado por Internet 1,74 millones de euros de microdonaciones

En 2009, la pareja suscribió con la Administración Federal de Carreteras estadounidense un contrato para desarrollar su prototipo de panel. En 2011, las autoridades federales les concedieron una ayuda de 750.000 dólares (unos 593.000 euros) para construir un aparcamiento prototipo y ponerlo a prueba frente a toda clase de condiciones ambientales. El proyecto, que ha ganado diversos premios a la iniciativa, ha sido incluso presentado a la agencia espacial estadounidense NASA.

En abril de este año, Solar Roadways inició una campaña de financiación en el portal de microdonaciones Indiegogo, con el objetivo de intentar recaudar un millón de dólares. Ante el alud de donaciones, en mayo la prolongó por otros 30 días. Consiguieron 2,2 millones (1,74 millones de euros) aportados por 46.000 mecenas de todos los estados norteamericanos y otros 42 países. Nunca se había recaudado tanto en este portal.

Contribuyó en gran medida a ello un video viral de siete minutos obra del canadiense Michael Naphan (que lo realizó de forma gratuita) y que recibió más de 15 millones de visitas

La pareja espera tener listo su aparcamiento para finales de año, probarlo a partir de primavera y recoger datos durante un año. Si funciona, el siguiente paso sería usar ya los paneles en alguna vía de comunicación, aunque la ciudad donde residen ya busca financiación para cubrir sus aceras, aparcamientos, la pista del aeropuerto y la estación de tren con ellos. Por de pronto, además de abaratar su factura de la luz, la idea es que sus suelos de colores atraigan a no pocos turistas a esta población del Oeste ribereña de un lago y de unos 7.000 habitantes.

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