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Medio ambiente
20 de abril de 2018
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Miércoles, 24 de julio de 2013
Cristina Fernández
El hongo que asesina a las ranas
Una enfermedad cutánea de origen fúngico está diezmando a los anfibios de todo el planeta. El sapo partero bético es uno de los afectados
Sapo partero bético con su puesta de huevos a cuestas / Foto: Fundación Bioparc Sapo partero bético con su puesta de huevos a cuestas / Foto: Fundación Bioparc

Los anfibios, que viven entre el agua y la tierra distribuidos por todos los continentes, habitan en el planeta desde hace más de 360 millones de años y son imprescindibles para el mantenimiento de los ecosistemas húmedos. Sin embargo, en los últimos tiempos sus poblaciones ─que comprenden miles de especies de ranas, sapos, salamandras, tritones y cecilias─ se han debilitado enormemente, y un hongo patógeno que coloniza su piel tiene gran parte de la culpa.

El declive se empezó a registrar en Europa en los años 80. En España, hasta un 30% de las especies de anfibios está en peligro. Las causas: sin duda la degradación del hábitat y la introducción de especies alóctonas, así como la caza y los efectos del cambio climático. Pero también la expansión incontrolada del Batrachochytrium dendrobatidis.

Este hongo provoca la quitridiomicosis, una enfermedad infecciosa cutánea que dificulta el flujo de sodio y de otros electrolitos de la piel y provoca una insuficiencia cardiaca en los animales enfermos, según un estudio coordinado por la investigadora Jamie Voyles, de la Universidad James Cook en Townsville (Australia), cuyos autores califican de “catastrófico” el declive de los anfibios a causa de esta dolencia.

La quitridiomicosis provoca a los batracios la muerte por insuficiencia cardíaca

El sapo partero bético (Alytes dickhilleni), una de las cuatro subespecies de sapo partero endémicas de la Península Ibérica ─sólo hay cinco en todo el mundo─ vive en los sistemas montañosos del sureste de España. Pero la amenaza del hongo, juntamente con la pérdida de los biotopos donde prospera, ha llegado a poner seriamente en riesgo que pudiera seguir haciéndolo en el futuro.

El sapo partero bético, de ojos prominentes y pupila vertical, piel áspera y aspecto rechoncho, se distribuye en poblaciones muy fragmentadas y aisladas por las provincias de Málaga, Granada, Almería, Jaén, Albacete y Murcia. La mayor parte de los ejemplares (82%) se encuentran en Andalucía, un 13,4% en Castilla La Mancha y el 4,6% restante en Murcia.

El animal, que es principalmente terrestre y nocturno, es uno de los anfibios europeos en mayor peligro de extinción. Se cree que apenas quedan unas 200 poblaciones en la península. Está considerado como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), si bien algunos expertos han reclamado la revisión del estatus de conservación elevando la categoría a en peligro.

“Por datos antiguos, por el comportamiento de la población y por cómo está distribuida actualmente, se estima que la población del sapo partero bético está en regresión”, explica a EcoAvant.com el conservador de Herpetología del Bioparc Fuengirola, David García, quien remarca la dificultad de conocer con precisión la magnitud de dicho declive porque en el pasado se realizaron pocas labores de estudio del animal.

Letal tras la metamorfosis

Esta situación de falta de datos dio un vuelco en 2009, cuando se puso en marcha el Programa de Seguimiento de Anfibios y Reptiles de España (SARE), coordinado y ejecutado por la Asociación Herpetológica Española, con el que se pretende llevar a cabo un seguimiento permanente de la herpetofauna española.

“El factor principal de la disminución de ejemplares de sapo partero bético es la pérdida de hábitat”, explica García, quien añade: “La desertificación, las sequías, la contaminación de acuíferos y de aguas superficiales han hecho mella en esta especie que necesita de un aporte de agua constante durante buena parte del año porque su fase larvaria necesita muchos meses para su desarrollo”.

“También está influyendo en gran medida la quitridiomicosis producida por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que en la actualidad es uno de los factores más importantes que están afectando a la conservación y a la desaparición de anfibios a nivel mundial”, afirma.

El año pasado, gracias a una investigación desarrollada en el Bioparc Fuengirola, se descubrió que el hongo también afectaba al sapo partero bético, si bien ya se sabía que dañaba a otros parteros como el común o el ibérico. “Hay algunas especies de anfibios que simplemente son portadoras del hongo y no desarrollan la enfermedad, pero no es el caso del partero bético: vimos que el 80% de los individuos afectados por la enfermedad morían a causa del hongo después de la metamorfosis”, expone.

Un tercio de las especies que habitan en España están en peligro de extinción

El hongo patógeno “parasita las células epiteliales de los anfibios y afecta a la respiración celular y a algunos otros procesos fisiológicos”, señala García. “La fase a la que más afecta es la terrestre y por eso se registran grandes mortalidades durante la metamorfosis”, destaca.

Para propagarse, al hongo le basta un poco de humedad. “Emite un tubo de descarga de esporas que atraviesa la piel del animal y las suelta al medio... Si está en el agua o en cualquier sitio ligeramente húmedo, lo infecta con las esporas y todo individuo que entra en contacto con las mismas desarrolla automáticamente la enfermedad”, resume el experto.

El hongo asesino, como lo llaman algunos científicos, campa a sus anchas ya que, a pesar de que en laboratorio se ha encontrado ya la manera de erradicarlo, no resulta tan sencillo hacerlo en la naturaleza. En la Fundación Bioparc estudian la enfermedad desde 2008.

“Además de los trabajos que se llevaban a cabo históricamente en educación, restauración y conservación del hábitat de los anfibios, actualmente el gran esfuerzo se realiza en la investigación sobre la quitridiomicosis”, dice el herpetólogo conservador del parque malagueño.

“Hasta ahora ha habido resultados bastante buenos, pero nadie ha dado con el remedio definitivo. Y nosotros estamos buscándolo junto con otras instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Málaga”, expone.

Además, en 2008, el Bioparc Fuengirola empezó un Programa de cría en cautividad del sapo partero bético con el objetivo de mantener una reserva de animales para su posterior repoblación y evitar así el peligro de extinción. Este año se han reproducido las larvas capturadas en 2010 en el Parque Natural de la Sierra de Tejeda (Málaga) y se espera conseguir individuos de poblaciones de la provincia de Almería, que están extremadamente afectadas.

Por el momento, el futuro del sapo partero bético parece poco halagüeño. Pero los esfuerzos para su conservación pueden salvarlo como se ha podido lograr anteriormente con otra especie de sapo partero muy amenazada, el balear o ferreret (Alytes muletensis).

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