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Medio ambiente
21 de abril de 2019
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Viernes, 22 de marzo de 2019
Pau Mercè
La ciudad donde se bebe ya más Coca-Cola que agua
San Cristóbal de las Casas (México) sufre graves problemas de abastecimiento hídrico mientras una enorme planta embotelladora del refresco extrae más de un millón de litros al día
Indígenas consumiendo el refresco en San Pedro Chenalhó, en el Alto Chiapas / Foto: María Verza - Periodismo Humano Indígenas consumiendo el refresco en San Pedro Chenalhó, en el Alto Chiapas / Foto: María Verza - Periodismo Humano
San Cristóbal de las Casas, la capital del estado mexicano de Chiapas, una ciudad de cerca de 200.000 habitantes, sufre graves problemas de suministro de agua potable. Muchos de sus barrios la reciben solamente unos pocos días a la semanay en muchas casas se han instalado depósitos para poder almacenarla.

Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, una enorme planta embotelladora de Coca-Cola que funciona desde hace varias décadas está autorizada por el Gobierno federal a extraer más de 1.150.000 litros al día para fabricar el refresco más vendido del mundo de unas reservas freáticas con un nivel de pureza extremadamente elevado.

Como consecuencia de ello, gran parte de los habitantes de esta ciudad tropical situada en el extremo sur de México, ya cerca de la frontera con Guatemala, consumen más Coca-Cola que agua: ante la ausencia de agua en los grifos, les resulta más fácil de conseguir que el agua embotellada y el precio es similar o incluso más barato.

El consumo medio es de dos latas por persona y día, pero hay quien ingiere dos litros

Se trata de los estratos más pobres de la sociedad. Se calcula que el promedio de consumo del refresco azucarado alcanza las dos latas de 325 milltros por persona y día (aunque muchas personas llegan a los dos litros), una de las cifras más altas, que duplica la media en un país que es ya de por sí uno de los mayores consumidores del planeta y donde un 60% de la población sufre sobrepeso y un 30% son obesos.

No de forma casual, la mortalidad por diabetes en el estado de Chiapas ha aumentado un 30% entre 2013 y 2016 y se ha convertido en la segunda causa de fallecimientos: con 46,4 casos por cada mil habitantes, hay unos 3.000 muertos anuales debidos a esta enfermedad. Las dolencias cardiovasculares son otra de las tres principales causas de mortalidad.

La mayor parte de la población culpa a la planta de Coca-Cola de los problemas de suministro hídrico en la ciudad, y se han convocado numerosas protestas contra la misma, como la manifestación ante sus instalaciones en abril de 2017 bajo el lema “Coca-Cola nos mata”.

De ejecutivo de la marca a jefe del Estado

La factoría es propiedad de la compañía Femsa, que posee los derechos para embotellar y vender Coca-Cola en todo México y gran parte del resto de América Latina. Femsa, un gigante agroalimentario, es una de las empresas más poderosas del país. Uno de los exdirectores ejecutivos de Coca-Cola en México, Vicente Fox, fue presidente de la República entre 2000 y 2006.

Los responsables de la marca dicen ser víctimas de acusaciones infundadas y acusan a la administración de los problemas de agua en San Cristóbal de las Casas, una ciudad situada a más de 2.000 metros de altitud, rodeada de bosques neblinosos y donde caen abundantes lluvias en verano.

Según la empresa, la urbanización acelerada de la ciudad sin un planeamiento racional y con demasiado escasas inversiones públicas en infraestructuras está en el origen del deficiente suministro de agua corriente a todos los barrios de la misma, además de la falta de un mantenimiento suficiente de las conducciones ya existentes. El cambio climático, además, no ayuda: las precipitaciones van disminuyendo, y con ellas el nivel de los pozos artesianos.

La diabetes se ha disparado y ya es la segunda mayor causa de mortalidad

Además, la empresa señala que se nutre de pozos mucho más profundos que aquellos de los manantiales de los que se extrae el agua que consumen los habitantes de San Cristóbal, por lo que su impacto sobre el suministro urbano “es reducido”. “Cuando escuchamos y leemos en los medios que estamos acabando con el agua, la verdad es que nos choca”, afirma José Ramón Martínez, portavoz de la marca, quien se apresta a recordar los 400 puestos de trabajo y los casi 200 millones de euros anuales que la planta aporta a la deprimida economía local, en un territorio con altos niveles de pobreza y malnutrición.

“Coca-Cola es abusiva y manipuladora: se llevan nuestra agua pura, la tiñen y te engañan en televisión diciendo que es la 'chispa de la vida'. Luego toman el dinero y se van”, opina Martín López López, un activista local que ha ayudado a organizar boicots y manifestaciones en contra de planta embotelladora.

Además de los problemas de suministro y el negativo impacto sobre la salud pública, la presencia desde hace medio siglo de Coca-Cola en la región tiene un efecto mucho más sorprendente: indígenas tzotziles de Chiapas han incorporado la Coca-Cola a sus creencias y prácticas religiosas.

Los fieles de algunas iglesias, donde se combinan el culto católico con creencias animistas anteriores, rezan, entre otros objetos de veneración, ante botellas del refresco, al que atribuyen propiedades curativas, desde que algunos misioneros impulsaron que sustituyeran por el mismo el aguardiente de maíz y caña de azúcar que empleaban los tzotziles para entrar en trance y comunicarse con los espíritus.

Chiapas es un estado muy sensible a los efectos de la globalización. En 1994, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el mismo día 1 de enero, se produjo en este territorio el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de raíz indígena, dirigido por el subcomandante Marcos, de rostro siempre embozado e identidad real desconocida.

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