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Medio ambiente
17 de octubre de 2018
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Viernes, 14 de octubre de 2016
Joaquim M. Pujals
José María Gil Sánchez: "Lo esencial es proteger a los linces en libertad"
Leopardos en el Atlas, guepardos en el Sáhara, jaguares y pumas en el Amazonas, panteras de las nieves y linces en el Himalaya... la búsqueda de los felinos más raros del planeta se ha convertido en la especialidad de José María Gil Sánchez, un biólogo y zoólogo que también trabajó en los programas de preservación del lince ibérico, el más amenazado de todos ellos. En su opinión, la recuperación del mismo no se está gestionando adecuadamente porque no se garantiza la diversidad genética de la especie. "Se han invertido cientos de millones cuando, si se hicieran bien las cosas, bastaría con calderilla", afirma
José María Gil Sánchez
José María Gil Sánchez

Biólogo y zoólogo especializado en la conservación de fauna amenazada, nacido en Calatayud (Zaragoza) en 1969, trabajó durante ocho años en la recuperación del cangrejo de río en Andalucía y durante otros 13 en los programas Life+ para la conservación y reintroducción del lince ibérico, el felino más escaso del planeta. Ha llevado a cabo trabajos de campo en lugares tan diversos como la península Ibérica, Ecuador, Bolivia, el norte y el sur de África (Marruecos, Senegal, Sudáfrica) y el Himalaya indio. Desde 2011 dirige y coordina un proyecto de investigación y conservación de los ungulados salvajes y los carnívoros en Marruecos y el Sahara Occidental. Es asesor de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y ha publicado más de 50 artículos en publicaciones científicas. Preside la asociación Harmusch para el estudio y la conservación de la fauna

Acaba de incorporarse a un proyecto que trata de descubrir si todavía quedan leopardos en el Atlas marroquí. ¿Cómo marcha la búsqueda?

Se trata de un proyecto de la Universidad de Alicante dirigido por el profesor Vicente Urios que cuenta con financiación procedente de los Emiratos Árabes Unidos.  Las autoridades marroquíes dieron por extinguido a este animal en los años 90. El último fue abatido en 1985, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza aplica un criterio de 40 años sin ningún avistamiento para considerar extinta una especie. Si se hallaran leopardos, tal vez se crearía un parque nacional en la zona. Aparecieron algunos rastros que dieron esperanzas a los investigadores hace unos 10 años. Se trataba de huellas, y posibles peladeros de sus presas, cabras, jabalíes y chacales, en una zona de encinares entre las provincias de Azilal y Beni Mellal. Pero, a pesar de haberse colocado numerosas cámaras, no se ha logrado fotografiar todavía a ninguno. Aunque hemos hallado indicios, todavía no hemos encontrado nada definitivo. Sí hemos hallado caracal norteafricano, un felino similar al lince muy interesante, del que no se sabe casi nada. Pero, si no aparecen más evidencias, será que no hay leopardos: ¡los animales no son fantasmas!

Inmediatamente antes trabajó en la selva amazónica de Ecuador. ¿Qué hizo allí?

A invitación de la Universidad Católica del Ecuador, participé durante un año en un proyecto para investigar los conflictos entre los jaguares y los pumas y las poblaciones locales en los entornos del Parque Nacional de Yasuní y de la Reserva de Producción de Fauna de Cuyabeno, en pleno Alto Amazonas, la zona más biodiversa del planeta, enmarcado dentro del programa Prometeo de promoción de la investigación del Gobierno ecuatoriano. Los grandes felinos depredan el ganado de los campesinos y a los perros de caza de los indígenas, que a su vez intentan matarlos. Desarrollé un intenso trabajo de campo que, entre otras faenas, consistió en desplegar por la selva varios bloques de foto-trampeo, de 30 cámaras cada uno. Caminamos 300 kilómetros por bosques primarios rastreando jaguares y pumas. El objetivo era establecer la situación de ambas especies y de sus presas asociadas: tapires, pecaríes, venados, pacas, agutíes, armadillos... Como resultado de esta tarea, contraje la malaria, que ya tendré enquistada de por vida.

Durante los últimos años también ha estado buscando guepardos en el sur de Marruecos y el Sáhara Occidental.

Sí, desde 2010, y con un grupo de amigos, muchos de ellos anteriormente involucrados en los programas Life+ para preservar el lince ibérico, e integrantes de la asociación que hemos bautizado como Harmusch (el nombre en hassania, la lengua de los saharauis, de la gacela de Cuvier). Se ha tratado de una iniciativa personal, que hemos pagado de nuestro propio bolsillo. Se sabe a ciencia cierta que hubo guepardos en el valle del Draa hasta los años 90. Lo dejó documentado un biólogo francés, y por aquellos años un militar mató al último visto. La fauna en Marruecos está muy mal conservada, pero vimos que, muy hacia el sur, ya en el Sáhara, en lugares adonde nadie llega, los llamados montes-isla, quedaba una población de gacelas dorcas, que son su presa. También encontramos una buena población de gacela de Cuvier, unos 1.000 ejemplares, entre dicho valle y Smara. Sería la mayor del mundo de esta especie. Y hay arruís (un tipo de cabra salvaje) y liebres, otras posibles presas. Pero hay que andar 20 kilómetros para ver una gacela.

¿Cree que los encontrarán?

Se dan las condiciones para que existan, y puede haberlos. En la última expedición, un compañero creyó ver tres gatos grandes, aunque no pudimos confirmarlo. Pero, en una anterior, hallamos tres cabras recién muertas a la manera en que lo hacen los guepardos, que matan de una forma estereotipada. Expertos surafricanos nos lo confirmaron. En la zona hemos identificado 13 especies de carnívoros, incluyendo el caracal y la hiena rayada. Seguiremos la búsqueda, ahora bajo la cobertura de un proyecto de investigación sobre la fauna sahariana amenazada.

También ha buscado la pantera de las nieves y el lince en el Himalaya...

Si, aunque no como un proyecto formal. Lo hicimos con cuatro amigos en 2010. Dispusimos una red de cámaras-trampa en el valle de Nubra y el Parque Nacional de Hemis en Ladakh, en India. La pantera es bastante conocida, pero logramos encontrar linces del Himalaya, y hacer las primeras y únicas fotografías tomadas hasta ahora de sus cachorros. Viven en zonas muy remotas, en un desierto de alta montaña sin árboles a entre 5.500 y 6.000 metros de altitud, y son dificilísimos de ver. Ahora tenemos en mente presentar un proyecto de estudio de este animal, que es una subespecie del lince boreal. Contamos toda esta historia en el libro Altitud en vena

Como experto que ha trabajado tantos años con el lince ibérico, ¿cuál es la situación del felino más amenazado del planeta?

Trabajé durante 13 años coordinando trabajos de campo sobre el lince, pero he estado toda mi vida vinculado con la especie. Y abandoné el proyecto por mi desacuerdo con la manera en que se estaba llevando a cabo. El lince está bastante mejor que hace 10 años, pero sigue en la UVI. Se ha logrado un incremento de su población mediante actuaciones muy asistenciales que dependen de fondos europeos. Y estos programas Life+ no financian actuaciones recurrentes, se supone que los proyectos deben ser luego autosostenibles. De alguna manera, se está vendiendo humo. No se están gestionando adecuadamente los distintos núcleos para preservar la diversidad genética, que la reintroducción de animales criados en cautividad no garantiza. Es esencial defender a los que ya están en libertad. La epidemia de la enfermedad hemorrágica vírica ha diezmado a los conejos, la base de su dieta, en Doñana y la sierra de Andújar. Se han invertido cientos de millones cuando, si se hicieran las cosas bien, bastaría con calderilla, teniendo en cuenta los presupuestos que maneja la Administración medioambiental. Haría falta que los gestores del programa fueran controlados por entidades solventes científicamente independientes.

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