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Medio ambiente
19 de abril de 2018
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Domingo, 19 de octubre de 2014
Pau Ruiz
Cuando la fiesta acaba mal

Los globos se convierten en peligrosos residuos que contaminan el medio ambiente y causan serios daños a la fauna salvaje e incluso doméstica  

Un globo en la isla Hutchinson, en Florida, Estados Unidos / Foto: Balloons Blow Un globo en la isla Hutchinson, en Florida, Estados Unidos / Foto: Balloons Blow
Las sueltas masivas de globos de colores son sinónimo de alegría y celebración. Las empresas organizadoras de fiestas infantiles nunca las olvidan en sus propuestas. Para muchos, son un elemento imprescindible en cualquier gran ceremonia lúdica que se precie. Pero no deberían serlo. Horas después de elevarse grácilmente a los cielos, las vistosas bolas de plástico hinchadas con gas se convierten en peligrosos residuos que el viento puede hacer acabar a cientos o miles de kilómetros, donde perdurarán meses o años y podrán causar serios daños a la fauna salvaje o incluso doméstica.

Tras ascender a gran altura y flotar a la deriva durante horas y horas, la mayoría de los globos explotan debido a la diferente presión atmosférica y se rompen en numerosos pequeños fragmentos que caen al suelo, al mar, lagos o ríos, que contaminarán. Pero aproximadamente un 10% se desinflan y llegan a la superficie enteros, quedando enganchados a la vegetación o tendidos en la superficie.

Allí pueden ser ingeridos por animales, que fallecen tras una larga y dolorosa agonía por hambre o asfixia. En otros casos, la fauna se enreda las patas, las alas o los picos con la goma o con las cintas que la sujetan. Ello les impide moverse con normalidad y buscar su sustento, o escapar de sus depredadores. Una condena a muerte algo más demorada.

El PNUMA calcula que cada día llegan a los océanos ocho millones de objetos residuales

Los fragmentos más pequeños también pueden causarles serios perjuicios al llegar a su sistema digestivo. Las tortugas de mar, que suelen ingerirlos al confundirlos con las medusas de las que se alimentan, están entre sus principales víctimas. Un fragmento de látex tarda cuatro meses en recorrer su intestino. Durante este tiempo, el animal sufre problemas de flotabilidad y reducción de los niveles de azúcar en la sangre, según se ha acreditado en estudios con tortugas bobas (Caretta caretta).

Pero también delfines, ballenas, vacas, perros, ovejas y aves de numerosas especies han pagado con su vida la costumbre festiva del lanzamiento de globos, que los veterinarios han hallado en sus estómagos u otros órganos digestivos. Tanto o más dañinas que ellos se han revelado las cintas que permiten sujetar los globitos o las válvulas de aire que llevan algunos, que no suelen ser biodegradables.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que cada día llegan a los océanos ocho millones de objetos residuales, unas 6,4 millones de toneladas al año. En muchas zonas, los globos están entre los más numerosos. La Fundación Sea Turtle estima que 100.000 mamíferos y tortugas marinas y un millón de aves marinas mueren cada año por ingerir o enredarse en los desechos marinos, con especial culpabilidad del plástico no digerible que bloquea sus estómagos.

La mayoría de los globos se fabrican con látex. Este material, el menos dañino de los utilizados, según sus fabricantes 100% biodegradable, puede tardar hasta seis meses en desaparecer, dependiendo de las condiciones meteorológicas a las que el residuo quede expuesto, principalmente la temperatura, la insolación y la humedad. En el agua salada, la vida de este residuo se alarga.

Mucho peor problema son los cada vez más frecuentes globos achatados y de apariencia metálica, fabricados con Mylar (tereftalato de polietileno) cubierto por una fibra de nailon y a menudo papel de aluminio, que tienen una duración desconocida en el medio, pero con seguridad mucho más larga, al no tratarse de materiales biodegradables. Uno sólo de estos globos ha llegado a causar la muerte de un cachalote, según atestiguó la autopsia del cetáceo.

El desperdicio de helio

El año pasado, grupos ecologistas holandeses organizaron una activa campaña para evitar la suelta de 150.000 globos de color naranja con motivo de las fiestas de entronización del nuevo rey Guillermo Alejandro a finales de abril. El alcalde de Amsterdam, Eberhard van der Laan, se mostró sensible con la petición y accedió a suspenderla. Algunas zonas de Estados Unidos, Australia y el Reino Unido han prohibido estas prácticas.

La Marine Conservation Society (MCS) ha denunciado que el número de globos encontrados en las playas británicas se ha triplicado en los últimos 12 años alcanzando la cifra de 11,5 globos por kilómetro (que por supuesto no incluye la cantidad mucho mayor que no ha alcanzado la costa).

Los globos matan la fauna salvaje, contaminan la Tierra y desperdician helio, es el lema de la campaña de Balloons Blow (Soplar globos), que denuncia que ningún látex es totalmente biodegradable y añade el desperdicio de helio, un recurso finito, como uno de los efectos negativos de la costumbre festiva que combate.

Se cree que el helio podría ser el segundo elemento químico más abundante en el Universo observable, pero es relativamente escaso en la Tierra, donde se consigue como subproducto de la extracción del gas natural (no se puede fabricar artificialmente). Su presencia en la atmósfera es apenas del 0,00052 por volumen.

Alertan contra otro peligroso elemento conmemorativo: las linternas chinas

Es muy útil para determinados procesos científicos y tecnológicos, como la criogenización, los aparatos de resonancia magnética, respiradores para niños y enfermos, la presurización de cohetes, como atmósfera protectora de soldaduras de arco, aparatos de láser, telescopios solares, cromatografía de gases, túneles de viento, refrigeración de reactores nucleares, fabricación de microelementos electrónicos, investigación espacial y submarina. A principios del siglo pasado se usó para elevar los gigantescos dirigibles hasta que la emergente aviación comercial los dejó obsoletos. 

El Premio Nobel de Física de 1996, Robert Richardson, que lo obtuvo precisamente por sus estudios sobre el helio, ya alertó de sus numerosas aplicaciones y de su escasez. “Hemos tardado 4.700 millones de años en acumular estas reservas”, advirtió. Así que no parece lo más racional dedicarlo a rellenar globitos de colores, que lo sueltan en la atmósfera, donde se pierde para siempre. O inhalarlo simplemente para hablar durante unos instantes con una voz cómica.

Los impulsores de la campaña plantean una lista de posibles alternativas al lanzamiento o decoración festiva con globos inofensivas para el medio ambiente como guirnaldas, banderas, flores de papel o incluso plantas naturales. 

La entidad, con sede en Jensen Beach (Florida, Estados Unidos) alerta contra las consecuencias de otro peligroso elemento conmemorativo o festivo: las linternas chinas, bolsas de papel con una llama en su interior que se elevan iluminando el cielo de la noche. Pueden causar incendios que amenazan la vida de la fauna y la flora, e incluso la humana. Los promotores de la campaña las definen como "basura en llamas". Ni que decir tiene que los activistas también piden que se ponga fin a la costumbre de soltar mariposas en las bodas y otros eventos festivos. 

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