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Medio ambiente
21 de julio de 2018
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Jueves, 02 de enero de 2014
Pau Ruiz
Copenhague, cero emisiones para 2025
La ciudad danesa, designada Capital Verde Europea 2014, tiene en marcha un ambicioso plan para ser la primera urbe neutral en carbono del mundo
Ciudadanos desplazándose en bicicleta por el centro urbano / Foto: Heinen. City of Copenhaguen Ciudadanos desplazándose en bicicleta por el centro urbano / Foto: Heinen. City of Copenhaguen
En los últimos tiempos proliferan los proyectos de ciudades de nueva planta que pretenden ser cien por cien ecológicas, o al menos razonablemente sostenibles. Pero hasta ahora, sólo una gran metrópolis ya existente se ha propuesto alcanzar el objetivo de no contribuir más al cambio climático a partir de 2025. Para esa fecha, Copenhague, la capital de Dinamarca, pretende ser la primera urbe cero emisiones, o neutral en carbono, de todo el planeta.

Por de pronto, la capital danesa es una habitual desde hace años en todos los rankings de las mejores ciudades del mundo para vivir (aunque también, o precisamente por ello, sea una de las más caras) y también es una habitual de las listas de urbes más limpias y sostenibles.

Por ello, no sorprende que haya sido elegida como la Capital Verde Europea de 2014, un galardón que concede la Comisión Europea y que anteriormente ganaron Estocolmo (Suecia) en 2010, Hamburgo (Alemania) en 2011, Vitoria-Gasteiz (España) en 2012 y Nantes (Francia) el año pasado. La británica Bristol (que será la capital verde de 2015) y la alemana Frankfurt fueron las finalistas derrotadas en esta última edición.

El proyecto prevé un 75% de viajes urbanos a pie, en bicicleta o en transporte público

La ciudad danesa, los primeros testimonios de cuya existencia se remontan al siglo XI, contaba con 541.989 habitantes según el último censo (2011), aunque su área metropolitana, que se extiende por una superficie de casi 75 kilómetros cuadrados de la costa oriental de la isla de Selandia y la parte septentrional de la de Amager, alcanza las 1.167.000 personas.

Entre los aspectos valorados por el jurado para premiar a Copenhague destacan sus políticas de planificación urbanística y también de movilidad, que la ha llevado a plantearse la meta de que el 50% de los desplazamientos urbanos sean en bicicleta para 2015 (ya alcanzaron el 35% en 2010).

Pero los planes de los gestores de la ciudad van más allá y, en el marco de un pionero plan climático aspiran a que, en 2025, el 75% de los viajes dentro de Copenhague se hagan a pie, en bicicleta o en transporte público. Para esa fecha, además, del 20 al 30% de los nuevos vehículos ligeros que se sumen al parque de la capital deberían funcionar con electricidad, hidrogeno, biogás o bioetanol, y lo mismo del 30 al 40% de los nuevos vehículos pesados.

De hecho, las autoridades locales afirman sin recato que quieren hacer de Copenhague la mejor ciudad del mundo para los amantes de viajar a golpe de pedal, y en su candidatura para la capitalidad verde europea plantearon reducir a la mitad el número de ciclistas heridos graves por accidentes de tráfico (respecto a las cifras de 2005). A más largo plazo, el objetivo es pasar de casi 120 heridos de consideración en 2005 a menos de 40. 

El proyecto pretende que al menos el 80% de los ciclistas se sientan seguros inmersos en el tránsito rodado urbano y que su manera de desplazarse contribuya a rebajar en un 20% (siempre respecto a las de 2005) las emisiones de gases de efecto invernadero para antes de 2015. Los daneses han acuñado el concepto de copenhaguenización, que definen como el intento de “hacer una ciudad más accesible a ciclistas y peatones y menos dependiente del coche” o de “cómo mejorar la calidad de una vida urbana sostenible”.

Alimentos orgánicos

Entre los eslóganes de la ciudad está el de convertirla en una urbe “verde y azul”, limpia y saludable, en la que el 90% de los ciudadanos puedan llegar a un parque, una zona natural, una playa o una piscina natural en el mar (las hay incluso en el puerto) en menos de un cuarto de hora desplazándose a pie, vivan en un entorno libre de ruido, respiren aire limpio y consuman al menos un 20% de productos orgánicos (para contribuir a lo cual, las instituciones se comprometen a incorporar hasta un 90% de alimentos certificados en sus pedidos). Una ambiciosa campaña de comunicación y sensibilización parece estar logrando la implicación de los capitalinos.

Y todo ello se enmarca en el ambicioso Plan Climático de Copenhague, aprobado en agosto de 2009 por unanimidad del consistorio y que se concreta en 50 iniciativas que deben hacer posible que la ciudad deje de emitir carbono a la atmósfera en 2025, cuando se espera que la población sume unos 100.000 habitantes más que ahora, alcanzando los 637.000 según las previsiones municipales. 

Y, a diferencia de lo que suele ser habitual en los grandilocuentes propósitos que suelen lanzar a los cuatro vientos los gobiernos, ahora parece que la cosa avanza a buen ritmo. Un primer objetivo, lograr un 20% menos de emisiones para 2015, fue alcanzado ya en 2011, cuando se contabilizó una reducción del 21% menos respecto a las cifras de 2005. Las metas finales son reducir en un 20% el consumo energético en calefacción, en un 20% el consumo de electricidad en las empresas y en un 10% en los hogares de Copenhague.

Para lograr la neutralidad en el intercambio de carbono con la atmósfera para 2025, el plan prevé que un 75% de la reducción de emisiones provenga del incremento del peso de las renovables en el abastecimiento energético de la ciudad, especialmente en el gasto en calefacción, una necesidad vital en este país del norte del continente.

Con este objetivo, se están reconvirtiendo las centrales para que sustituyan el carbón por la biomasa o la quema de biogás procedente de residuos orgánicos. Y, sólo entre 2009 y 2010, esta progresiva sustitución ya redujo las emisiones por unidad de energía empleada en la calefacción en un 20%.

Se erigirán un centenar de turbinas eólicas, y las térmicas quemarán biomasa o biogás

La principal aportación desde el campo de las energías renovables ha sido asignada a las turbinas eólicas: hasta 2025 se erigirán un centenar de aerogeneradores en el centro de la ciudad y su periferia. La biomasa, como ya se ha dicho, también jugará un papel destacado en la generación de una energía que se pretende que al final sea excedentaria y permita la exportación a otras ciudades o regiones.

Aunque su papel será mucho más limitado (se estima que en 2025 podrá cubrir el 1% del consumo eléctrico de la ciudad), también se apostará por la energía solar. El Ayuntamiento se ha comprometido a instalar 1.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas en edificios municipales cada año hasta llegar a un total de 60.000 metros cuadrados en 2025.

Todo ello no saldrá barato, pero es una inversión de futuro que será rentable también económicamente. El plan climático requerirá destinar unos 25.000 millones de coronas danesas (unos 3.350 millones de euros) a infraestructuras para la reducción del consumo energético, generación de energía y movilidad, pero de aquí a 2025 las mismas deberían crear el equivalente a 35.000 años de empleo. De hecho, según las cifras del gobierno local, la productividad de los sectores verdes de la economía ya creció un 45% entre 2004 y 2009, incluso antes de que se aprobara el plan.

Moviéndose en cifras más modestas, la localidad de Rivas-Vaciamadrid, situada a una veintena de kilómetros de la capital española, y premiada como la ciudad más sostenible del país en 2012 por la Fundación Fórum Ambiental, también trabaja para convertirse en cero emisiones. La población, nacida en los años 1950 y que ahora tiene unos 75.000 habitantes, pretende reducir su contaminación a la mitad para 2020, y el 100% en 2030

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