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Medio ambiente
17 de diciembre de 2018
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Sábado, 08 de septiembre de 2012
Joaquim M. Pujals
El rayo que no cesa
El fenómeno del Relámpago del Catatumbo, que tiene lugar en el lago de Maracaibo, es el principal productor de ozono en la Tierra, pero no está claro si regenera la capa que nos protege
Un relámpago en una tormenta eléctrica. / Foto: Molnár Ákos Un relámpago en una tormenta eléctrica. / Foto: Molnár Ákos

Un curioso fenómeno meteorológico, el llamado Relámpago del Catatumbo, una tormenta eléctrica permanente sin lluvia y sin truenos que se registra cada noche durante medio año al sur del lago de Maracaibo (oeste de Venezuela) podría ser el principal generador individual de ozono del planeta, según apuntan diversos especialistas.

Desde las siete de la tarde a las cuatro de la madrugada, más de 150 noches anuales, en la época de lluvias, pero también durante largos periodos de sequía, el cielo nocturno es rasgado por impresionantes relámpagos silenciosos sobre un telón de fondo de tonos rojizos o amarillentos que se reflejan en las ciénagas en un espectáculo inolvidable.

El fenómeno, visible desde cientos de quilómetros a la redonda (dicen en Venezuela que a menor distancia permite leer de noche al raso, aunque bajo la zona donde se produce no resulta apreciable) puede llegar a acumular hasta 40.000 descargas eléctricas en una noche, con puntas de 280 por minuto, según cálculos de la agencia espacial de los Estados Unidos, NASA.

En total, se forman más de 1.176.000 relámpagos anuales en la zona, sobre un arco voltaico que se sitúa a unos cinco quilómetros de altura. La NASA estima que la zona del Catatumbo registra el 1% del total de rayos que se producen en todo el planeta (que pueden ser un centenar por segundo).

Ausencia temporal

A principios de 2010, coincidiendo con una fuerte sequía, el relámpago dejó de ser visible durante varios meses (el periodo más largo en un siglo). Pero diversas investigaciones constataron que no había dejado de producirse, sino solamente de hacerlo de manera apreciable para la vista.

"Existen indicios de que el Relámpago del Catatumbo es la primera fuente generadora de ozono estratosférico en el planeta en tormentas eléctricas de nube a nube", afirma el ambientalista venezolano Erik Quiroga, promotor de la campaña para que sea declarado por la Unesco como Primer Fenómeno Meteorológico Patrimonio Natural de la Humanidad.

Quiroga, que también fue promotor del Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono que la ONU instituyó para el 16 de septiembre, no obstante admite: "El aporte regenerador de fenómenos como el del Catatumbo para la capa, aunque valioso, es muy pequeño, pues las tormentas eléctricas apenas aportan el 10% del ozono que se forma en el planeta".

Electricidad y oxígeno

La reacción del oxígeno del aire al entrar en contacto con la electricidad de las tormentas genera este gas que, sin embargo, a la altura que se produce la interacción, no actúa como protector frente a las radiaciones ultravioleta del sol sino como un contaminante incluso nocivo para la salud humana.

Y según algunos científicos, como Angel G. Muñoz, del Centro de Modelado Científico de la Universidad del Zulia (Venezuela), el tiempo que tarda en llegar a la zona de la capa protectora (a entre 15 y 40 quilómetros, en la estratosfera), es de varios meses, mientras la vida de sus moléculas es de apenas unas horas, "por lo que no está claro cómo los Relámpagos del Catatumbo pueden regenerar la capa de ozono".

Quiroga señala que sólo hay tres lugares en el mundo que superen la cantidad de días de actividad eléctrica del Catatumbo: el Bagre (Colombia), con 270 al año; Tororo (Uganda), con 251, y Bogor, en la isla indonesia de Java, con 223 días de tormentas, en su mayoría de nube a tierra.

El 'Faro del Maracaibo'

Pero añadió que las descargas de nube a tierra tienen una intensidad de 10.000 a 50.000 amperios, mientras que las de nube a nube, como las del Catatumbo, son de 100.000 a 300.000, por lo que, a su juicio, el fenómeno venezolano es la primera fuente generadora de electricidad de origen tormentoso en el planeta y, por tanto, de ozono. Según sus estimaciones, cada destello podría encender "100 millones de bombillas", con lo que 10 minutos de relámpagos podrían proveer de energía para iluminación a toda la América del Sur.

La causa de las descargas, conocidas por los lugareños como El faro del Maracaibo porque permitían la navegación nocturna por el lago, no ha sido totalmente aclarada, aunque la teoría más aceptada  opina que se forman cuando los vientos fríos que descienden de los Andes entran en contacto con el aire cálido y húmedo que cubre el lago, situado en una zona tropical, con una temperatura media anual de 28 grados centígrados.

El relámpago se registra sobre la desembocadura de los ríos Catatumbo (nombre que en una lengua indígena significa eterno resplandor en el cielo), Zulia y Bravo, cuyos deltas configuran un territorio con 226.000 hectáreas protegidas por el Parque Nacional Ciénagas de Juan Manuel.

Metano y montañas

Debido al encajonamiento entre los Andes y la cordillera del Perijá (que alcanza los 3.500 metros) y a la cerrada circulación de vientos que genera, el metano que exhalan los pantanos por la descomposición de la materia orgánica se acumula en las nubes y podría explicar el fenómeno, según especialistas de la universidad del Zulia, que sin embargo afirman que no existe consenso en torno al "mecanismo causal" ni sobre dónde están "el o los epicentros".

Según su estudio, los rayos se desplazan de nube a nube confinados en una cierta región del cielo y nunca llegan a alcanzar el suelo y, lo que todavía resulta más raro, se originan "sin la presencia de extensas formaciones nubosas para la totalidad del horizonte visible, como cabría esperar en una típica tormenta".

La explicación de los miembros del pueblo barí, habitantes ancestrales de lo que hoy es Venezuela, es mucho más simple y poética. Para ellos, el fenómeno es la elevación a los cielos de millones de luciérnagas que se reúnen en el Catatumbo para adorar al creador.

El fenómeno está documentado desde hace 500 años, aunque ésta sea apenas una mínima fracción de su historia. En 1595, el célebre corsario inglés Francis Drake anuló un asalto a Maracaibo porque el resplandor delataba a sus fuerzas. Dos años más tarde, Lope de Vega relató la historia en su poema La Dragontea. En el siglo XIX, el naturalista Alexander von Humboldt comparó los destellos con "explosiones eléctricas que son como fulgores fosforescentes".

El gobierno del estado del Zulia, donde se produce el fenómeno, declaró el relámpago patrimonio natural y apoya la candidatura a Patrimonio de la Humanidad. El rayo, cómo no, aparece en el escudo, la bandera y el himno de este territorio petrolero del oeste venezolano.

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