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Medio ambiente
22 de octubre de 2017
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Jueves, 09 de julio de 2015
Ramon Costa
Terapia de 'desautoxicación'
Cuatro automovilistas empedernidos de Madrid superan el reto de pasar 30 días sin utilizar el coche en una iniciativa promovida por la Asociación de Ciencias Ambientales
Los inscritos tuvieron información sobre experiencias ejemplares en movilidad sostenible / Foto: Welcomia Los inscritos tuvieron información sobre experiencias ejemplares en movilidad sostenible / Foto: Welcomia
Prescindir totalmente del coche es posible, por lo menos en entornos urbanos, donde además, es conveniente incluso aunque a uno no le preocupe lo más mínimo el futuro del planeta. Lo han comprobado los cuatro participantes en el Reto DesAUTOxícate, promovido por la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), que durante 30 días se han movido por Madrid sin utilizar ni una sola vez sus vehículos particulares.

A pie, en bicicleta, en transporte público, compartiendo coche o alquilando por horas uno menos contaminante, los cuatro inscritos en la iniciativa han conseguido resolver sus problemas de movilidad sin encender ni una sola vez el motor de sus automóviles privados, pese a que los cuatro se declaraban antes “enganchados” a su uso. Para que no hubiera ninguna posibilidad de marcha atrás, todos ellos tuvieron que entregar las llaves de sus autos a los organizadores del proyecto.

Los participantes recibieron formación e incentivos para usar el transporte público 

“Yo lo usaba para todo, hasta para ir a por el pan”, confiesa Lidia Villa, coordinadora de un centro para personas mayores, que ha podido trasladarse a su trabajo y llevar a sus tres hijos a la escuela sin volver a ponerse al volante. “Ahora voy mucho más relajada: ya no tengo que preocuparme todo el día por buscar aparcamiento”, destaca.

El proyecto DesAUTOxícate. Hacia modos de movilidad más sostenibles, pretende demostrar que es posible desplazarse de una manera menos contaminante (y desquiciante) por nuestras ciudades retando a lograrlo durante un mes a cuatro personas “con diferentes perfiles y necesidades de movilidad”.

Para ello, los cuatro participantes seleccionados recibieron información sobre aplicaciones móviles, proyectos emprendedores y experiencias ejemplares en movilidad sostenible; fueron adiestrados en áreas como la conducción eficiente o la conducción urbana en bicicleta y visitaron instalaciones y dependencias del transporte público como centros de regulación y control de semáforos, estaciones de cercanías o cocheras de la red de autobuses.

Para poder moverse durante cuatro semanas por Madrid, se les suministraron “facilidades y beneficios exclusivos para el uso del transporte público (que podían utilizar de forma gratuita), el carsharing, los viajes compartidos, el taxi o la bicicleta pública”, informa la ACA, que ha contado con el apoyo para llevar adelante el proyecto de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y de Bluemove Carsharing, un sistema de alquiler de coches por horas que opera ya en Madrid y Sevilla.

El reto comenzó el 7 de junio. Los participantes seleccionados, que se habían inscrito rellenando un formulario en la web del proyecto, eran, además de Lidia Villa, que quiere “demostrar a mis hijos que se puede prescindir del coche”: Juanjo Navarro, un experto en ciberseguridad, propietario de un coche, una moto e incluso una autocaravana, pese a lo cual afirmaba estar “siempre buscando maneras más sostenibles de desplazarme”; Lauria Rubio, una gestora para la que “la más pequeña gestión era una excusa para coger el coche”, estudiante de ingeniería y tesorera de la ACA, y Alberto Morencos, ejecutivo de cuentas, usuario a diario de su auto privado aunque también estaba abonado al servicio público madrileño de bicicletas.

Yincana sostenible

El sábado 27 de junio, los participantes se enfrentaron a una Yincana de la Movilidad Sostenible por toda la ciudad en la que debían recorrer ocho puntos emblemáticos madrileños en el menor tiempo posible empleando por lo menos una vez todos los medios de transporte disponibles, teniendo que contestar a una serie de preguntas sobre cada punto de control recorrido y llevando a un acompañante al que no podían perder ni dejar atrás en ningún momento.

El vencedor fue Juanjo Navarro, que dijo haber ganado tiempo al recorrer a pie algunos de los tramos más cortos, aunque para ello su acompañante “acabó sudando, con el pantalón roto y poniendo bastante mala cara”, afirmó después.

José Luis López Fernández, coordinador del Área de Eficiencia Energética de la ACA y del proyecto DesAUTOxícate, explica que éste tiene “por una parte, unos objetivos ambientales, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de gases contaminantes, pero también persigue reducir el impacto del modelo actual de movilidad sobre la población, sobre la calidad de vida y la salud de las personas”.

Para ello, “es necesario mostrar el conocimiento de todas las alternativas de movilidad que existen, algunas no tan evidentes ni conocidas por los ciudadanos, pero también dar a conocer las barreras que existen para llevar a cabo ese cambio a una movilidad intermodal con el fin de sensibilizar a la ciudadanía y las administraciones”.

Desde que se inscribió en el reto, Juanjo Navarro corre 70 kilómetros al día en bicicleta para ir y volver del trabajo. “Hago deporte y disfruto del buen tiempo”, hace hincapié. “Ahora me evito atascos y nervios”, señala Morencos. Además, todos ellos se han ahorrado una media de 30 euros a la semana, y han dejado de contaminar. “Los cuatro han conseguido reducir en un 80% las emisiones de CO2 que habrían realizado de moverse con su vehículo”, destaca el coordinador de la iniciativa.

El coste anual de un auto permite coger 375 taxis o alquilar 1.409 horas uno eléctrico

Pero hay más beneficios. Los participantes “han realizado más ejercicio, lo que tendrá un efecto positivo en su salud física y emocional; los que han realizado trayectos con niños han realizado una labor educadora, que contribuirá a promover hábitos saludables entre los jóvenes; al usar el espacio público como peatones se han concienciado de la importancia de que el mismo sea de calidad, universalmente accesible y con espacio para el movimiento y la estancia de los ciudadanos; han dinamizado las calles y plazas, haciéndolas más seguras, y han reducido su huella ecológica”, enumera la investigadora del área de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid Sonia de Gregorio.

Tener un coche no sale nada barato. De hecho, desprenderse de él permitiría, con el coste anual ahorrado, "realizar 375 desplazamientos en taxi (con un coste unitario por viaje de 15 euros), es decir, más de uno al día; disponer de 1.409 horas de alquiler de un coche eléctrico; 3,8 al día (carsharing, con un coste unitario de cuatro euros la hora), o que una familia de cinco adultos pudiera moverse durante un año a cualquier punto de la Comunidad de Madrid en todo tipo de transportes público", revela López Fernández. 

La ACA ha calculado que el coste de pagar y mantener un coche medio durante un año equivale al de cubrir el coste de una tarjeta de transporte anual para toda la Comunidad de Madrid (zona C2), más 10 taxis al mes, más una hora al día de vehículo eléctrico carsharing (durante todo el año). "Y además sobrarían unos 1.383 euros, que se podrían utilizar, por ejemplo, para adquirir una bicicleta eléctrica", remata el coordinador de DesAUTOxícate llevando el supuesto a la casi perfección ambiental.

Ya hay cuatro adictos menos al coche en Madrid. Y muchos menos argumentos a favor del uso de vehículo privado en las ciudades. Ahora sólo falta que el proyecto haya servido para concienciar a muchas otras personas del sinsentido de atascar las arterias de las urbes con automóviles que nos hacen perder el tiempo y la paciencia, envenenan el aire que respiramos y ponen en peligro el futuro de la vida en la Tierra acrecentando el calentamiento del planeta. Lo que en estos días de intenso calor debería ser un buen motivo de reflexión.

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