Este sitio web utiliza cookies, propias y de terceros, para recopilar información estadística sobre su navegación y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, generada a partir de sus pautas de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información Cerrar
Medio ambiente
20 de abril de 2018
COMPARTE
Miércoles, 29 de abril de 2015
Ramón Costa
Jardines salvajes
Frente al modelo tradicional de plantaciones de especies foráneas para uso ornamental, se extiende el concepto de un espacio acogedor para la biodiversidad local
Jardín 'salvaje' en la isla de Fédrun, en el estuario del Loira (Francia)  / Foto: Wikipedia - Sten Jardín 'salvaje' en la isla de Fédrun, en el estuario del Loira (Francia) / Foto: Wikipedia - Sten

Durante siglos, el ser humano, concentrado en núcleos urbanos cada vez más grandes, ha tratado de crear por medio de los jardines recreaciones domésticas de una naturaleza ya lejana para uso y disfrute colectivo o particular. El concepto de jardín predominante ha sido el de un espacio donde se cultivan, con fines exclusivamente ornamentales, plantas domesticadas, habitualmente foráneas, que requieren de grandes cuidados (riego, fumigaciones constantes, abonos) para adaptarse a un medio que no es el suyo, en el que son más vulnerables a plagas e infecciones. El resultado es un microentorno artificial que crea desequilibrios e impactos en el entorno que lo rodea: desplazamiento de especies autóctonas, difusión de plantas invasoras, consumo excesivo de agua, uso de productos dañinos para la vida salvaje.

El espacio debe proveer de agua, alimento y refugio a especies de pequeños animales

Frente a este modelo, se extiende cada vez más una propuesta alternativa, defendida por las organizaciones medioambientalistas: el jardín salvaje, un reducto dentro de los pueblos o ciudades donde la vida vegetal y animal autóctona pueda encontrar un refugio en el que guarecerse, un pequeño punto de apoyo para la cada vez más maltrecha biodiversidad de las zonas invadidas por el ser humano. Y además, su mantenimiento resulta más sencillo y barato.

La extremada biodiversidad española, la mayor de Europa, nos proporciona más de 8.600 especies vegetales perfectamente adaptadas al medio que pueden crecer en nuestros jardines públicos y privados, recuerda la asociación Reforesta, una de las que impulsan este tipo de espacios en nuestro país, y que ha publicado una completa guía para quienes deseen crear uno. Pero, a diferencia de los parques y jardines puramente ornamentales, en un jardín salvaje no sólo debe haber flora, sino también fauna.

El jardín debe poder acoger a una microfauna residente, formada por pequeños mamíferos (como murciélagos o erizos), aves, insectos, reptiles e incluso anfibios, y poder dar cobijo temporal o alimento a animales salvajes de paso como aves, mamíferos e insectos polinizadores. El objetivo, según Reforesta, es crear “un pequeño ecosistema artificial” donde la microfauna pueda “desarrollar sus funciones vitales como si de un entorno natural se tratara” y que sea “mucho más que la suma de los diferentes individuos”, porque su característica principal deben ser “las estrechas relaciones que mantienen entre ellos”.

Según la Royal Horticultural Society británica, para ayudar a la vida salvaje desde nuestros jardines es importante elegir las especies de plantas adecuadas, autóctonas y que puedan proporcionar abundante polen y néctar a los polinizadores; crear un conjunto equilibrado de árboles y arbustos, así como setos naturales, para ofrecer refugio y alimento a especies muy distintas de animales; también proporcionar agua a la fauna, sea con un estanque donde puedan incluso reproducirse los anfibios (mejor que no haya peces) o con algún tipo de recipiente donde por lo menos puedan beber otros animales. 

Madera en descomposición y hojarasca

Otros factores a tener en cuenta son que la madera en descomposición y la hojarasca son hábitats idóneos para muchos pequeños organismos muy necesarios, y a otros les van muy bien pequeños muretes o acumulaciones de rocas; alimento todo el año (especialmente en invierno) y cajas nido atraerán fácilmente a las aves; el compost es un elemento imprescindible del jardín salvaje, en el que por supuesto no tienen cabida los pesticidas o productos químicos fitosanitarios. En un entorno equilibrado, las plagas serán controladas por sus depredadores naturales, como las mariquitas.

El Ayuntamiento de Santander se ha sumado a este movimiento creando, en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología (SEO-Birdlife) una Red de Jardines para la Biodiversidad de la que forman parte todos los espacios verdes de titularidad pública y aquellos privados que deseen participar en la iniciativa.

El proyecto se estructuró en dos bloques. En el primero se incluyen “actuaciones de conservación, mejora ecológica e incremento superficial de formaciones vegetales incluidas en el Anexo I de la Directiva Hábitats; la construcción de estructuras para favorecer a los insectos saproxilófagos; la creación de charcas artificiales para la reproducción de anfibios y el estudio y conservación de la población de autillo (Otus scops) en parques y jardines de Santander”.

La segunda parte del proyecto impulsó una campaña de participación ciudadana que se articuló por medio de “la creación de una red de Jardines para la Biodiversidad que integre a todos los propietarios interesados en aplicar medidas en beneficio de la biodiversidad en sus jardines; el reparto de cajas nido y comederos a los primeros 150 inscritos; la organización de cursos de formación para los miembros y la elaboración de material de apoyo tanto para la difusión de la misma (carteles, posters, folletos…) como para apoyar las actuaciones de formación (fichas descriptivas de medidas en beneficio de la biodiversidad)”.

Un proyecto trata de crear una red de jardines polinizadores en Estados Unidos

Por su parte, la National Wildlife Federation estadounidense está creando una red de jardines refugio para la vida salvaje y trata de impulsar una Red Nacional de Jardines Polinizadores que actúen como “corredores entre hábitats urbanos, suburbanos y rurales”.

La organización ambientalista, que suma cerca de seis millones de miembros en el país, ha establecido una serie de requisitos para certificar estos jardines. “Solamente plantando algodoncillo autóctono (una especie vegetal imprescindible para la supervivencia de la amenazada mariposa monarca durante su larga migración anual) y flores que proporcionen néctar, ya habrá conseguido tres de los cinco elementos esenciales necesarios para ser reconocido como Hábitat Certificado para la Vida Salvaje”.

“No importa que tenga un apartamento con balcón o una finca de veinte acres. Usted puede crear un jardín que atraiga una hermosa vida salvaje y ayude a restaurar el hábitat en zonas comerciales y residenciales”, apela la organización a los ciudadanos. Hasta la menor maceta ayuda.

COMPARTE
COMENTAR
* Campos obligatorios
EcoAvant.com lo anima a comentar los artículos publicados al tiempo que le solicita hacerlo con ánimo constructivo y desde el sentido común, por lo que se reserva el derecho de no publicar los comentarios que considere inapropiados , que contengan insultos y/o difamaciones.
Copyright © 2018 EcoAvant.com Todos los derechos reservados