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Medio ambiente
24 de septiembre de 2018
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Jueves, 25 de septiembre de 2014
Joaquim M. Pujals
Migración por carretera

La grave sequía que sufre el estado norteamericano de California provoca que millones de juveniles de salmón real criados en viveros sean trasladados en camiones cisterna

Peces liberados en la bahía de San Pablo, cerca de San Francisco / Foto: U.S. Fish & Wildlife Service Peces liberados en la bahía de San Pablo, cerca de San Francisco / Foto: U.S. Fish & Wildlife Service
No es la primera vez, pero este año han sido más que nunca. Millones de ejemplares de salmón criados en viveros han realizado su primer viaje al mar en camiones cisterna acondicionados para ello. La causa ha sido la grave sequía que está sufriendo el estado norteamericano de California, que ha dejado el nivel de los ríos bajo mínimos, y la temperatura del agua demasiado elevada. La mayoría de los peces, que habitualmente se sueltan directamente en los ríos, no hubiera podido alcanzar el Pacífico por sus propios medios.

Así que el Servicio Nacional de Pesca y Vida Silvestre (USFWS) organizó una operación de transporte por carretera para millones de juveniles de salmón real, el mayor de los salmónidos, conocido en el oeste de Estados Unidos como chinook (Oncorhynchus tshawytscha) por el nombre ruso que reciben en el este de Siberia, que es el que aparece en la segunda parte de su nombre científico.

La medida les garantiza la supervivencia hasta su llegada al mar pero les dificulta el retorno

Los peces nacidos en criaderos del Vivero Nacional Coleman y otros en la cuenca del río Sacramento, que literalmente se está secando, estaban perdiendo su vía natural de acceso al mar, durante la que se adaptan al agua salada en la que vivirán hasta que regresen, remontando los ríos, a la zona en la que nacieron para criar y morir. Los alevines son habitualmente liberados entre abril y junio en afluentes como el Battle Creek y, tras tres años en el mar, los que han logrado sobrevivir retornan para procrear.

Pero este año hubieran muerto casi todos. Las autoridades prepararon en primavera el transporte de un máximo de 30 millones de ejemplares río abajo, una cifra que triplicaría la habitual un año normal. "No es la solución que normalmente tomamos o preferimos tomar pero, en estas condiciones, es la mejor manera de llevar el pescado allí", explicó el portavoz del USFWS Steve Martarano.

El éxodo se inició el 24 de marzo y se prolongó por espacio de dos meses y medio. La primera semana se transportaron 2,5 millones de alevines. La del 4 de abril, otros 4,5 millones. La semana del 21 de abril se les sumó otros cuatro millones. Y a finales de mayo, otros 900.000. La operación costará a los contribuyentes unos 150.000 dólares (unos 112.000 euros).

Los camiones cisterna de hasta 18 ruedas fueron llenados con agua del río mantenida a una temperatura inferior a los 15 grados centígrados y los peces introducidos en ellos mediante mangueras y bombas. Tras un viaje por la carretera Interestatal cinco de unos 200 kilómetros, en el que los vehículos invertían unas cinco horas, los peces fueron liberados en el delta del río, en su mayor parte en la zona de Rodeo y Río Vista, junto a la bahía de San Pablo, cerca de San Francisco.

Se los soltó mediante mangueras en grandes corrales de salinidad y temperatura controladas que más adelante fueron arrastrados lentamente hasta mar abierto en un recorrido de cuatro horas durante el que los alevines pudieron adaptarse gradualmente a las condiciones de su nuevo hábitat.

El negocio de la pesca

La cuenca del río Sacramento acoge cuatro grandes criaderos públicos de salmones (tres federales y uno estatal) construidos para compensar los efectos que sobre la reproducción del animal tuvo la creación de las presas de Shasta y Keswick en la parte alta del curso fluvial, que impedían a miles de peces el acceso a sus lugares de cría. También hay criaderos en el río Klamath, que por ahora conserva un caudal adecuado que hará innecesario de momento un transporte masivo como en el Sacramento.

Esta medida desesperada, si bien garantiza la supervivencia hasta su llegada al mar de la inmensa mayoría de los peces (en condiciones normales, muchos mueren en los ríos víctimas de accidentes o depredadores), también les va a dificultar su retorno cuando sean adultos, porque los salmones identifican los lugares de los que provienen principalmente gracias al olfato, y hay muchas posibilidades de que dentro de unos años no puedan encontrar los lugares de desove adecuados. Lo sabremos a partir de 2016, cuando esta generación debe empezar a volver a California a criar.

Desde el 1 de enero más de 3.800 incendios han calcinado cerca de 18.000 hectáreas

Las razones de la costosa operación no son ambientalmente altruistas. La pesca comercial y deportiva del salmón en alta mar es un sector económico que genera anualmente en este estado unos 1.400 millones de dólares (algo más de 1.000 millones de euros). Solamente en el río Sacramento, la pesca deportiva de esta especie genera 100 millones de dólares anuales (74 millones de euros).

Se cree que la cría en el vivero Coleman garantiza la captura anual de 100.000 ejemplares, que pueden medir metro y medio de longitud y llegar a los 60 kilos de peso. El mayor jamás pescado, en 1949 en Alaska, alcanzaba los 57 kilos. Las pérdidas se sumarían a las millonarias consecuencias que la sequía puede dejar en un sector tan desarrollado en California como la agricultura.

El año 2013 fue el más seco que se recuerda en la historia de los registros meteorológicos californianos. Y este año la cosa no mejora. Ya van tres años seguidos de sequía. En enero, el gobernador Edmund G. Brown decretó el estado de emergencia y las autoridades han pedido a los ciudadanos que extremen el celo a la hora de ahorrar agua, en previsión de posibles cortes en el suministro. A primeros de agosto, los principales embalses se encontraban a una media de un 30-35% de su capacidad, la mitad de lo habitual históricamente en estas fechas.

Y el departamento de Bosques y Lucha contra Incendios californiano ha prohibido encender cualquier fuego en 31 millones de acres (12 millones de hectáreas) de superficie de titularidad estatal. Desde el 1 de enero se han combatido ya más de 3.800 incendios que han calcinado cerca de 18.000 hectáreas. Mientras, California mira al cielo esperando que llueva.

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