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Medio ambiente
19 de enero de 2018
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Lunes, 14 de octubre de 2013
Enia Sánchez
Reciclaje nuclear
Diversos proyectos tratan de crear un reactor que utilice como combustible los peligrosos residuos acumulados por las actuales centrales. Bill Gates impulsa uno de ellos
Central nuclear convencional de Ascó (Tarragona), en el río Ebro / Foto: Josep Cano Central nuclear convencional de Ascó (Tarragona), en el río Ebro / Foto: Josep Cano
Un reactor nuclear de nueva generación alimentado por residuos radioactivos que sería capaz de satisfacer las necesidades de energía de los Estados Unidos durante los próximos 800 años. Este es el sueño del fundador de Microsoft, Bill Gates, y de su socio y ex jefe de tecnología de la empresa informática, Nathan Myhrvold.

Actualmente, del 3 al 5% del combustible que consumen los reactores nucleares es uranio 235, un isótopo que en el proceso genera un residuo puro, el uranio 238. Es precisamente este sobrante el que emplearía el proyecto de Gates, que tan sólo necesitaría una pequeña cantidad de dicho material para desencadenar un proceso cuya actividad se prolongaría durante décadas.

El reactor convertiría el uranio 238 en combustible para mantener la reacción nuclear en cadena y producir el calor necesario para generar electricidad. Hasta ahora, el residuo, conocido también como uranio empobrecido, y por tanto con menor carga de radioactividad, se ha ido acumulando en bidones sellados en los llamados cementerios nucleares, donde deberá permanecer bajo control durante siglos.

El aprovechamiento del uranio 238 ayudaría a evitar la proliferación de armas atómicas

La idea, que está siendo desarrollada por la empresa TerraPower –creada ex profeso para ello por Intellectual Ventures, un grupo dedicado a promover innovaciones tecnológicas–, pretende construir un mecanismo que tenga un bajo coste y que genere pocos desechos.

El objetivo de Gates, según reconoció en la conferencia TED2010, dedicada a los avances en nuevas tecnologías, es buscar una alternativa para conseguir cero emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) para el año 2050. “Si pudiera formular un deseo para los próximos 50 años, sería reducir drásticamente la cantidad de CO2 que enviamos a la atmósfera”, afirmó.

El fundador de Microsoft añadió que el proyecto ofrece la posibilidad de limitar la proliferación de armas nucleares en el mundo, puesto que el nuevo reactor haría innecesario el enriquecimiento de uranio con el que algunos países como Irán justifican su excesiva producción de uso militar atribuyéndola a fines civiles.

El resultado, tal y como esperan los partidarios de la innovación, es que los países no necesiten enriquecer las cantidades de uranio actuales ni recuperar el plutonio del combustible gastado del reactor, con el que se fabrican las bombas atómicas.

Esquema del nuevo reactor que emplearía el uranio 238 / Imagen: Terra Power Esquema del nuevo reactor que emplearía el uranio 238 / Imagen: Terra Power

3.690 millones de euros

La idea de un reactor capaz de funcionar con basura nuclear ya fue planteada por primera vez en la década de 1950, si bien hasta ahora no se había estado tan cerca de hacerlo realidad. Los técnicos de Terra Power trabajan con simulaciones elaboradas con supercomputadoras en las que se tienen presentes factores tan impredecibles como terremotos o maremotos, fenómenos naturales que han causado graves accidentes como el de Fukushima (Japón) en 2011.

La construcción del prototipo podría costar unos 5.000 millones de dólares (unos 3.690 millones de euros), que se sumarían a las decenas de millones de dólares que ya se han invertido, tal y como explica el diario estadounidense The New York Times. Por eso, Gates está buscando más financiación en el mundo político e industrial. En concreto, ha establecido negociaciones con China, Rusia e India.

La nueva tecnología tardará al menos 40 años en demostrar su viabilidad

Los más optimistas piensan que la comercialización de la tecnología, que deberá competir con las mejoras en el aprovechamiento de las energías solar, eólica y de gas natural, no llegará antes del 2030. Gates confirmó estas previsiones hace tres años cuando afirmó que su empresa trabajaba sobre la base de cumplir la máxima de “20 años para inventar y 20 años para implementar”.

No obstante, no será un camino de flores. Uno de los mayores desafíos a los que tendrán que hacer frente los investigadores es que los neutrones, las partículas liberadas cuando un átomo de uranio se divide, deterioran las piezas metálicas del reactor. Hoy en día, la frecuencia con la que se cambia el combustible evita que se produzcan grandes daños, pero si se pretende utilizar el mismo material fisible durante tanto tiempo habrá que reforzar el reactor para que pueda soportar el tremendo bombardeo.

Por ello, los ingenieros de Terra Power están experimentando con diferentes tipos de metales ultrarresistentes a diferentes temperaturas. A finales de este año, someterán a pruebas miles de muestras en un reactor ruso que las va a irradiar durante seis años. Otro de los problemas que generará el desarrollo de esta tecnología serán los gases que se emiten al dividir el uranio, cuya acumulación sería difícil de soportar por un largo periodo de tiempo.

TerraPower no es la única empresa en esta rápida carrera que busca un mecanismo capaz de convertir los residuos atómicos en energía. General Atomics trabaja en un módulo reactor, llamado multiplicador de energía, basado en el mismo principio general: basar el desarrollo del futuro en una tecnología nuclear inagotable que no genere emisiones pero tampoco legue a las generaciones futuras los peligrosos residuos nucleares que acumula la actual, e incluso contribuya a reutilizar los ya creados. Dentro de unas décadas sabremos si es posible.

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