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Medio ambiente
25 de junio de 2019
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Viernes, 31 de julio de 2015
Enia Sánchez
Una isla salida de un túnel
El condado de Essex, en Inglaterra, acoge el parque natural artificial más grande de Europa, construido con la tierra excavada para una obra ferroviaria
Vista aérea de la isla de Wallasea, en Reino Unido / Foto: CrossRail Vista aérea de la isla de Wallasea, en Reino Unido / Foto: CrossRail

La reserva natural creada por la mano del hombre más grande de Europa va cogiendo forma. Desde hace nueve años, la isla de Wallasea, situada en la orilla septentrional del estuario del Támesis, está volviendo a ser la que era hace unos 400 años gracias a la transformación de 670 hectáreas de tierras agrícolas –el doble de la superficie de la ciudad de Londres– en marismas y lagunas.

A mediados de julio se completó la primera fase del proyecto, después de que fueran depositadas en la zona más de tres millones de toneladas de tierra excavada durante la construcción de un túnel ferroviario de 21 kilómetros de longitud que atravesará Londres de este a oeste, el conocido como CrossRail, que se convertirá en una de las mayores infraestructuras europeas de transporte urbano.

El territorio habría desaparecido del mapa en cinco años por la subida del nivel del mar

Con la reutilización de este recurso, se consiguió extender un metro y medio una de las orillas de la isla, crear humedales y protegerlos de la erosión con nuevos diques. “En un momento en que la naturaleza está en crisis, creemos que el proyecto para restaurar la isla de Wallasea establece un nuevo punto de referencia que muestra lo que es posible con una regulación y con acuerdos inteligentes entre el sector privado y las organizaciones sin ánimo de lucro”, afirma Martin Harper, el director de conservación de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB, por sus siglas en inglés).

La institución ornitológica puso en marcha esta iniciativa de regeneración medioambiental con el objetivo de salvaguardar la costa del condado de Essex, cuyos estuarios están protegidos por la legislación nacional y la europea, de la subida del nivel del mar y recuperar la biodiversidad que acogió antaño con la llegada de aves migratorias, peces y mamíferos marinos.

Hace medio siglo, la zona poseía 30.000 hectáreas de humedales, mientras que hoy apenas quedan 2.500, una pérdida equivalente a la superficie de 39.000 campos de fútbol, detallan los ecologistas. La isla de Wallasea dejó de estar habitada a finales del siglo XIX y a partir de entonces empezó el deterioro de sus diques y con él las inundaciones –la peor se registró en 1953–, que dejaron gran parte de la misma bajo las aguas.

De no haberse implementado el proyecto de protección, la isla habría desaparecido del mapa en cinco años como consecuencia de la constante subida del nivel del mar, que podría ser de unos tres metros hacia finales del siglo, según un reciente artículo del físico y climatólogo estadounidense James Hansen. Éste concluye que con los dos grados centígrados de calentamiento del promedio terrestre que sitúan como máximo asumible los expertos consultados por la ONU –una cifra que parece casi imposible de no superar con el ritmo actual de emisiones–, el aumento del nivel del mar podría ser de unos tres metros hacia finales del siglo XXI.

Una alternativa más sostenible

El polémico estudio, publicado en la red para la revisión por pares –un método utilizado para validar trabajos por autores de rango semejante al del autor– suma un par de metros extra a la estimación del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y dibuja un escenario todavía más desolador, con la desaparición de las principales urbes costeras mundiales.

Ni siquiera sobre la base de las predicciones más prudentes sobre el aumento del nivel del mar podrá Gran Bretaña mantener sus actuales defensas marinas el próximo siglo. Y menos todavía perdiendo sus marismas al alarmante ritmo actual de 100 hectáreas al año. Los humedales son una alternativa más sostenible, eficaz y barata que los diques de hormigón para proteger las costas de la erosión, ya que son excelentes para amortiguar las corrientes marinas.

Es un ejemplo idóneo sobre cómo se pueden mitigar los efectos del cambio climático

Pero la obra que se lleva a cabo en la isla de Wallasea es un ejemplo idóneo sobre cómo se pueden mitigar los efectos del calentamiento global: ayudará a disminuir las concentraciones de CO2 en la atmósfera, evitará las inundaciones costeras y mostrará por primera vez a gran escala cómo enfrentarse al esperado aumento del nivel del mar.

Se prevé que la restauración de los humedales de la zona finalice el año 2025. De momento, la RSPB está buscando socios que le proporcionen siete millones más de toneladas de arena para seguir construyendo la reserva, que contará con unos 13 kilómetros de senderos y pistas para ciclistas que permitirá a los ciudadanos contemplar la fauna que poblará la isla.

Porque los ecologistas esperan que el nuevo biotopo proporcione el hábitat perfecto para especies como las espátulas y las cigüeñuelas comunes, y podría ser frecuentada por avocetas, archibebes comunes, vanelinos, barnaclas carinegras, correlimos comunes, silbones europeos y zarapitos reales, entre otros.

“Este nuevo e importante humedal será un legado medioambiental de la construcción del CrossRail para las generaciones futuras, así como una fuente de crecimiento económico y empleo local gracias al aumento del número de visitantes a la zona”, afirma el director ejecutivo de CrossRail, Andrew Wolstenholme. La recreación de los perdidos paisajes de esta costa inglesa es un recordatorio de que, igual que puede destruir la naturaleza, el ser humano también puede, si quiere, conservarla.

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