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Medio ambiente
21 de junio de 2018
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Martes, 30 de septiembre de 2014
Ramón Costa
Playas de cristal
Un proyecto estudia regenerar arenales de Florida mediante vidrio reciclado pulverizado. Mientras, en California, el mar ha convertido un basurero en un curioso espectáculo
La Glass Beach (Playa de Cristal), en el norte de California, Estados Unidos / Foto: Eric Lindberg La Glass Beach (Playa de Cristal), en el norte de California, Estados Unidos / Foto: Eric Lindberg
Aunque parezca mentira, la arena empieza a ser un bien escaso. Cada año se emplean para diversas actividades humanas unos 18.000 millones de toneladas, según datos de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS, en sus siglas en inglés), lo que la convierte en el segundo recurso natural más demandado, únicamente por detrás del agua. El principal consumidor de arena es la construcción, dado que este material es un elemento imprescindible para la fabricación del hormigón armado con el que estamos inundando el planeta.

Pero también la emplean muchos otros sectores industriales: con ella se producen desde vidrio a chips para ordenadores y móviles, dentífricos, pintura y productos de limpieza del hogar, e incluso se utiliza en los procesos de fabricación de alimentos deshidratados.

La arena necesaria para hacer hormigón (cuya receta forman el agua, el cemento, gravas y arena) debe ser de cantera, de playa, o de los fondos marinos. Las ingentes cantidades de arena de los desiertos no sedimentan igual de bien: sus granos han sido demasiado erosionados por la acción del viento o el agua. Algunas de las ciudades donde la fiebre constructora ha alcanzado su paroxismo, como Dubai o Abu Dhabi, están rodeadas de una arena que no les sirve para elevar más y más rascacielos, y deben conseguirla donde sea.

La arena es el segundo recurso natural más demandado, sólo por detrás del agua

Según las autoridades indonesias, 24 pequeñas islas del inmenso archipiélago se tendrán que borrar literalmente del mapa porque la extracción ilegal de arena para la desaforada construcción en Singapur, que desde 1960 ha ganado al mar una superficie que duplica la de Manhattan, ya ha dejado los islotes por debajo del nivel de las aguas. En la región hay ladrones de arena que la roban en los países vecinos para venderla en Singapur.

Según un estudio de la Universidad de Carolina (EE UU), la explotación indiscriminada de este recurso ha causado ya serias secuelas medioambientales en 36 países de todo el mundo, en forma de playas arrasadas, barreras de coral destruidas, fondos marinos esquilmados, etc. La Sociedad de Historia Natural de Mumbai (India) considera que la minería ilegal de arena se ha convertido en la mayor amenaza medioambiental del país, por encima incluso de la contaminación.

La extracción de arena en muchos lugares multiplicó el impacto del tsunami del Índico en 2004. “De momento, ningún país ha ido a la guerra por la arena”, explica el investigador Denis Delestrac, autor del documental Sand wars (Guerras de arena). “Pero si la voracidad de ciertos lugares como Singapur continúa, ¿podremos llegar a ver a los indonesios defendiendo sus playas a tiros?”, se pregunta.

Así que la falta de arena empieza a amenazar las playas de todo el mundo, dado que a la extracción legal o ilegal se suman las variaciones en las corrientes marinas causadas por la intervención humana en el litoral.

Y para preservar el negocio turístico de sol y playa, hace falta reponerla, lo que se hace habitualmente llevándosela de otras playas o dragando los fondos marinos, lo que tiene serias repercusiones sobre los delicados ecosistemas que se asientan en ellos. En Canarias, se hace con arena de la costa del Sahara Occidental ilegalmente comercializada por el ocupante militar del territorio, Marruecos.

Un gran reto

En el condado de Broward (en el sur de Florida, Estados Unidos) se ha planteado una original solución. Se trata de regenerar parte de sus 37 kilómetros de playas, muy afectadas por la erosión, con arena realizada con cristal reciclado pulverizado.

Su textura y características son muy similares a las de la arena natural. Y no habría que tener miedo a cortarse al andar sobre ella: los granos serían tan redondeados y extremadamente finos como la arena a la que sustituirían. 

Las playas del condado atraen a más de siete millones de visitantes al año, así que su desaparición sería un duro golpe para la economía local. “La idea consistiría en ser capaces de aprovechar algo que tiramos y convertirlo en arena de sílice, de la que está hecho el vidrio, y usarlo para regenerar las playas empleando un recurso propio”, considera la alcaldesa Kristin Jacobs. El gran reto es saber si eso es económica y ambientalmente viable.

La basura abandonada el pasado siglo está ahora protegida como bien de interés cultural

El condado consume anualmente más de 13.000 toneladas de envases de vidrio. En 2008 se hizo una prueba ambiental preliminar a cargo de las autoridades del Estado de Florida pero la falta de financiación hizo que sus conclusiones no pudieran ser tomadas como definitivas. El gobierno del condado cree que necesitaría un millón y medio de dólares (algo más de un millón de euros) para determinar durante tres años de pruebas si la solución del vidrio reciclado puede aplicarse.

Mientras tanto, cerca de Fort Bragg (al norte de California, Estados Unidos) ya existe una playa de vidrio que no es exactamente artificial, pero tampoco natural. Durante décadas del pasado siglo, los habitantes de la zona emplearon esta playa, situada al sur de Pudding Creek y de titularidad privada, como vertedero: residuos domésticos, botellas de vidrio, incluso automóviles eran abandonados en ella. En los años 60 se prohibió el vertido de productos tóxicos, y a finales de la década nació la conciencia de que aquello no podía seguir así. Finalmente, en 1967 se inauguraría un nuevo vertedero alejado de la costa.

Durante 40 años, el mar ha ido desgastando y puliendo los fragmentos de cristal y ha convertido la playa, hoy limpia, en un curioso espectáculo de refulgente colorido. Moluscos, cangrejos y plantas acuáticas se han adaptado a este inusual entorno.

En 2003, el estado californiano adquirió el lugar, conocido como Glass Beach (la playa de cristal), que hoy forma parte del Parque Estatal MacKerricher. El cristal abandonado un día como basura está hoy protegido como bien de interés cultural: está prohibido por la ley coger o mover de sitio el menor fragmento.

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