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Medio ambiente
19 de abril de 2018
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Viernes, 14 de febrero de 2014
Joaquim M. Pujals
Higiene sin ensuciar
Una propuesta pionera ofrece productos de limpieza sostenibles a precios muy competitivos recuperando el sistema de venta a granel de nuestros abuelos
Una clienta adquiere productos en la tienda de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona / Foto: Josep Cano
Una clienta adquiere productos en la tienda de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona / Foto: Josep Cano
Los productos de limpieza están entre los elementos más contaminantes de cuantos empleamos en nuestra vida cotidiana. Su composición química agresiva tiene en la mayoría de los casos un severo impacto ambiental, especialmente sobre el medio acuático. También son la fuente de entrada de gran cantidad de tóxicos en nuestros hogares, que según algunas investigaciones pueden ser incluso causa de enfermedades.

Desde hace años muchas empresas elaboran productos de limpieza ecológicos, que emplean menos, o ningún, ingrediente químico sintético, aunque su precio suele ser considerablemente más elevado que el de las marcas convencionales. También hay quien se fabrica en casa sus propios jabones o limpiadores utilizando productos naturales: bicarbonato, vinagre, zumo de limón, sosa, aceite usado para freír... aunque eso no está al alcance de todo el mundo, sea por falta de tiempo o de suficiente habilidad.

Los productos se distribuyen en cajas de cartón de 20 kilos dotadas de un grifo

Otro de los problemas ambientales que acarrea la proliferación de productos de limpieza en las casas es el enorme volumen de residuos que suponen los envases de plástico que los alojan, fabricados con derivados del petróleo altamente contaminantes, que tardan cientos de años en degradarse y que requieren de notables cantidades de energía para su fabricación y eliminación (o, en el mejor de los casos, su reciclaje).

Un proyecto pionero nacido en Italia y que funciona también en España trata de minimizar el triple impacto ambiental de la higiene de nuestros cuerpos y domicilios: la contaminación, la generación de residuos y el despilfarro energético. Además, sus productos salen a un precio inferior al de los convencionales. El secreto es  volver a comprar los detergentes tal como lo hacían nuestros padres y abuelos: a granel, trayendo de casa el recipiente que los albergará, que se puede usar una y otra vez.

“La idea surgió hace unos nueve años, tras reflexionar sobre el tema cuando, al bajar la basura a la calle, me daba cuenta del gran volumen de las bolsas, consecuencia de la cantidad de envases de plástico que contenían. ¡El plástico está matando la vida en el mar!”, explica a EcoAvant.com la directora de Goccia Verde España, Matilde Leone, que ya trabajaba como comercial en el sector de los productos de limpieza, al que se dedica su familia en Ravena (noreste de Italia).

240 litros por botella

“Para producir una botella de plástico de 75 gramos son necesarios un consumo energético de 1,46 kilovatios, 240 litros de agua y la emisión de unos 140 gramos de CO2 a la atmósfera”, expone la empresaria, que destaca que entre mayo y diciembre de 2013 han conseguido reducir el consumo de plástico en sus tiendas en un 30%.

Tras el éxito de la iniciativa en Italia, donde la marca cuenta con decenas de puntos de venta, Goccia Verde dispone ya de infraestructura propia en España, donde funcionan en régimen de franquicia una quincena de tiendas, que serán 21 a finales de marzo. La mayoría de ellas se concentran en Cataluña, en Barcelona y su área metropolitana, pero las hay también en Zaragoza, Pamplona, Logroño, Salamanca y Jerez de la Frontera (Cádiz). 

A finales de marzo estarán abiertas 21 tiendas de la marca en ciudades españolas

La pequeña empresa familiar no esperaba una expansión internacional tan rápida, pero un amigo de la familia se interesó por el proyecto y abrió las dos primeras tiendas en Barcelona a finales de 2012. Desde entonces no han parado de recibir propuestas para abrir nuevos establecimientos. Y han contribuido a mitigar las enormes cifras del paro español proporcionando autoempleo a unas dos docenas de personas

Las tiendas de Goccia Verde (cuyo nombre significa gota verde, y alude la idea de que gota a gota se forma un océano) almacenan el producto en unos contenedores de cartón de 20 kilos de capacidad dotados de un grifo desde los que se rellenan los envases que traen los clientes, o los que el mismo establecimiento pone a su disposición. El consumidor se lleva exactamente la cantidad que desea, ni un centilitro más, y paga según el peso de la misma en la báscula.

Cada caja de cartón reciclado –en cuyo interior se halla el líquido dentro de un saco de plástico reciclable y no tóxico, de los de uso alimentario, que puede depositarse en el contenedor de residuos amarillo– puede permitir el ahorro de 10 botellas de dos litros, de 20 de un litro, o hasta de 26 de tres cuartos de litro, que es el formato en el que se comercializan numerosos artículos de baño o limpieza del hogar. Y eso cada vez que se llena, porque estos pequeños recipientes pueden utilizarse muchas veces antes de tener que ser sustituidos por el desgaste. 

Ecología y ahorro

Al no tener que financiar el coste del envase, ni de la publicidad, ni de los caros certificados ecológicos, y al evitarse intermediarios (el producto va directamente del fabricante al consumidor final) los precios son muy asequibles, con frecuencia mucho más baratos que los del súper. Y al comprar la dosis exacta que precisa, el usuario incrementa el ahorro, que la empresa calcula que oscila entre el 20 y el 60%.

Ello plantea la duda de si los clientes acuden a las tiendas impulsados por el ahorro económico o por su preocupación por el medio ambiente. “Los hay de los dos tipos, pero con frecuencia les motivan ambas cosas. Hemos comprobado que la gente está más sensibilizada con la ecología aquí que en Italia”, señala Leone, quien al seleccionar las personas a las que conceder las franquicias da también preferencia a las que, además de su legítimo deseo de ganarse la vida, expresan una inquietud por el futuro del planeta.

Los detergentes son biodegradables en un 97-98%. No contienen fosfatos ni fósforo

Los productos, que se elaboran en la región italiana de Emilia-Romaña, “son de un impacto ambiental bajísimo, no llevan fosfatos ni fósforo, que provocan eutrofización en ríos y mares. Todos son biodegradables al 97-98%, y algunos al 100%, cuando la legislación europea exige un mínimo del 60 al 80%”, destaca Leone. “Estamos trabajando para mejorar incluso estos porcentajes, y para empezar a fabricar el producto en España, con el fin de evitar las emisiones del transporte y generar trabajo aquí, aplicando la filosofía Kilómetro 0”, avanza.

En los anaqueles hay un producto cien por cien natural: las llamadas nueces del jabón, las cáscaras de los frutos del árbol Sapindus mukorossi, que contienen saponina y se usan para lavar la ropa desde hace milenios en el norte de la India y Nepal. De éste último país asiático proceden las que vende la empresa, que recolecta en los bosques una comunidad que se beneficia de un proyecto sostenible con salarios justos. La saponina tiene efectos detergentes, desinfectantes y bactericidas.

La gama de productos a la venta la forman unos 60, entre los que los hay de higiene personal, para la casa, para la ropa, los suelos, los platos, el horno, cristales, antical y otros. De ellos, 50 son líquidos y el resto se comercializan en polvo, en barra (venden jabón al corte), en tabletas o en forma de cenizas, como la antigua lisciva de hidróxido de sodio, empleada por nuestros antepasados para blanquear la ropa. También comercializan accesorios de madera reciclada cerficada FSC como palos de escoba, cepillos o colgadores.

Su última apuesta es una gama de cosméticos naturales confeccionados con el murumuru, la manteca que contienen las semillas de una palmera espinosa del bosque amazónico brasileño (Astrocaryum murumuru). Esta sustancia es rica en emolientes, y contiene aceite oleico, linoleico y láurico, además de actuar como un eficaz bactericida. Todo ello la hace idónea para elaborar cremas regeneradoras de los aceites naturales de la piel. 

Con su compra se apoyan proyectos ecosostenibles de los que viven 486 comunidades de aquella zona de América del Sur. “Por cada tonelada de manteca se genera empleo justo y duradero para 18 personas gracias al cual se salvaguardan de la deforestación 100.000 metros cuadrados del pulmón del planeta”, apuntan desde Goccia Verde. Así, también el aire que respiramos está más limpio.

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