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Medio ambiente
25 de junio de 2019
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Miércoles, 16 de enero de 2019
Ramón Costa
Europa empieza a vetar los rituales de sacrificio de animales islámicos y judíos
Para ser considerados 'halal' o 'kosher', los animales son degollados y desangrados lentamente sin previo aturdimiento, lo que ya han prohibido una decena de países del continente
Un cordero a punto de ser sacrificado en una fiesta musulmana en España / Foto: Igualdad Animal Un cordero a punto de ser sacrificado en una fiesta musulmana en España / Foto: Igualdad Animal

Bélgica acaba de sumarse a Suecia, Noruega, Austria, Estonia, Suiza, Lituania, Islandia y Dinamarca en la prohibición de los ritos de sacrificio de animales que imponen las religiones musulmana y judía, en las que las reses o aves mueren degolladas con un cuchillo afilado mientras se pronuncian frases rituales y se desangran lentamente  sin haber sido objeto de ningún tipo de aturdimiento previo que limite su estado de consciencia y por tanto su sufrimiento. Musulmanes y judíos no pueden comer alimentos no autorizados por sus credos (lo que sí pueden ingerir se designa como halal en el caso islámico y kosher en el hebraico).

La nueva ley que entró en vigor el 1 de enero en Flandes, una de las dos grandes regiones en que se divide el país (además de la capital, Bruselas, donde todavía se debate la cuestión), y lo hará desde el 1 de junio en la otra, Valonia, de habla francesa (donde se permitirán los rituales durante un periodo transitorio de tres meses más), afirma querer evitar que “la matanza pueda provocar dolor, angustia, miedo u otras formas de sufrimiento a los animales, incluso en las mejores condiciones técnicas disponibles”. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció en mayo del año pasado que la obligación de aturdir al animal antes de ser sacrificado no vulnera la libertad de religión mientras simultáneamente protege los derechos de los animales.

LA UE prohibe matar a seres conscientes, pero hace una excepción con ambas religiones

No lo han visto así los dirigentes de las comunidades musulmana (500.000 personas) y judía (unas 30.000) que viven en este estado europeo de 11 millones de habitantes. Algunos rabinos, como el presidente del Congreso Europeo Judío, Moshe Kantor, han llegado a afirmar que la nueva legislación constituye “el mayor asalto a la comunidad judía desde la ocupación nazi” y religiosos hebreos y imanes islámicos mantienen sin titubear que matar a un animal con un corte profundo en la garganta sin haberlo dejado antes sin sentido y permitir en estas condiciones que se desangre completamente (porque para ambas religiones consumir su sangre es algo impuro), algo que puede prolongarse hasta varios minutos, no le causa ninguna clase de sufrimiento.

Ambas religiones (que exigen que el matarife sea de su credo, mayor de edad, varón, y en el caso musulmán que oriente al animal en dirección a La Meca mientras pronuncia algunas oraciones) se oponen al aturdimiento previo porque sus dogmas consideran que un ejemplar privado de conciencia no cumple con las condiciones de perfecto estado de salud que prescriben para autorizar su consumo a los creyentes.

Sufrimiento brutal

“Sin aturdimiento, los animales son perfectamente conscientes y experimentan un sufrimiento brutal, mientras que con la pérdida de consciencia total y absoluta no se enteran de nada”, afirma José Enrique Zaldívar, presidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA). 

La legislación europea que regula el sacrificio de animales para consumo humano exige que los animales sean matados “únicamente previo aturdimiento”, pero el Reglamento 1099/2009, de setiembre de aquel año, que regula su protección en el momento de su muerte en los mataderos, autoriza las excepciones de los rituales islámico y judío por razones culturales, y esta clase de sacrificio se acaba efectuando, siempre por personas autorizadas por cada una de las dos religiones, en las mismas instalaciones de procesado de carne.

Dirigentes hebreos lo consideran "la mayor agresión desde la invasión nazi"

El partido animalista Pacma afirma incluso que “habitualmente los consumidores adquieren carne de este tipo sin saberlo, ya que las partes de los animales que no se certifican como carne halal o kosher para su envío a carnicerías especializadas, entran en la cadena comercial del resto de consumidores”. En España, el número de mataderos certificados por el Instituto Halal de la Junta Islámica de España para matar animales según su ritual ha pasado de 25 en 2008 a cerca de 100 diez años más tarde, según los datos de este organismo.

El negocio de la carne musulmana prospera con rapidez debido en gran medida a que el destino de la carne que producen estos mataderos españoles es en un alto porcentaje la exportación a países islámicos: según el Instituto Halal, solamente entre 2012 y 2014, las ventas de pollo autorizado para musulmanes crecieron un 32%, las de vacuno un 45% y las de cordero pasaron de 200 toneladas a 1.743. Por su parte, las exportaciones españolas de carne de bovino sacrificada por el ritual islámico aumentaron un 90% entre los dos años citados, alcanzando las 5.500 toneladas.

Las complejas reglas de la alimentación de los creyentes
Las regulaciones musulmanas de lo que se puede o no comer y beber son relativamente sencillas: se prohíbe consumir la carne de cerdo, así como la de cualquier animal no degollado según el rito establecido, y las de los que hayan muerto “por asfixia, golpe, caída, cornada o devorado por una fiera”, y también la ingesta de bebidas alcohólicas.

Los judíos resultan bastante más complicados a la hora de establecer lo que es o no kosher. Para empezar, además de no permitírseles comer ningún animal no sacrificado por su ritual, no pueden ingerir carne y lácteos al mismo tiempo, dos clases de productos que ni siquiera pueden estar sobre los mismos muebles ni en la misma nevera, lo que obliga a los ortodoxos a disponer en sus casas de dos de estos electrodomésticos.

Tampoco pueden alimentarse de carne de cerdo ni de ninguno de sus derivados, y solo pueden consumir carne de mamíferos que tengan pezuñas hendidas y rumien (vacas, ovejas, cabras y ciervos). Todos los demás quedan vetados. Por lo que respecta a las aves, solamente están permitidas el pollo, el pato y el ganso (aunque hay un encendido debate sobre el pavo, que no citan los textos sagrados por haber llegado muchos siglos más tarde de América), y de los pescados solamente están autorizados los que tienen a la vez aletas y escamas, mientras todos los crustáceos, moluscos e insectos quedan fuera de la ley religiosa. Y, naturalmente, cualquier derivado de un animal prohibido también lo resulta.

La langosta (el insecto, no el marisco) y el saltamontes sí se pueden comer, pero no los demás invertebrados alados (aunque, como excepción, se permite la miel, por considerarse que es un producto de origen vegetal), ni aquellos que andan por el suelo, los roedores, los reptiles y los anfibios. E incluso dentro de los animales permitidos hay partes vetadas, como las grasas alrededor de los órganos vitales o el nervio ciático. Frutas y verduras deben lavarse de forma cuidadosa para evitar la ingesta de algún pequeño invertebrado.

La ley judía permite el consumo de vino, pero este debe ser elaborado por judíos, y se da el caso de bodegas no hebreas, como la Cooperativa de Capçanes (Tarragona), donde se elaboran por separado caldos kosher en un proceso en el que la maquinaria que procesa la uva o los lagares donde envejecerá el vino en barriles solo pueden ser, no solamente manipulados, sino incluso contemplados, por personas de la comunidad hebrea, por lo que son ocultados a la vista del resto de personal mediante lonas. En caso contrario el vino resultaría contaminado para los creyentes.

Cualquier alimento debe ser revisado y autorizado por un rabino para ser considerado kosher, lo que obligó a principios del siglo pasado a la misma Coca-Cola a mostrar sus súper secretas fórmulas a un rabino. Y como algunos ingredientes no fueron autorizados por este (la glicerina de sebo de vaca y derivados de granos de cereales, prohibidos durante la Pascua hebrea), los técnicos de la marca tuvieron que buscar sustitutivos para no perder ese mercado. Hasta 1935, la bebida más famosa del mundo no fue clasificada como apta para judíos. 

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