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Medio ambiente
15 de julio de 2018
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Miércoles, 30 de marzo de 2016
Cristina Fernández
Hambre de fósforo
La ganadería y la agricultura deben aumentar el uso de fertilizantes a base de este recurso finito y escaso para satisfacer las necesidades alimentarias de cada vez más personas
Los más de 3.000 millones de hectáreas de pastizales del planeta apenas se gestionan / Foto: Wikipedia Los más de 3.000 millones de hectáreas de pastizales del planeta apenas se gestionan / Foto: Wikipedia

Garantizar la alimentación para una población en constante aumento es una necesidad imperiosa. Y el fósforo, un recurso finito y escaso, es por ahora clave para conseguirlo. Los pastos y las tierras de cultivo necesitarán duplicar el uso de fertilizantes fosfatados para dar de comer a los 9.000 millones de habitantes que tendrá el planeta en 2050, según un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications.

El fósforo es un elemento químico fundamental para todas las formas de vida de nuestro planeta, pero es escaso y no se puede sintetizar artificialmente. Resulta básico para la fertilidad de la tierra y el crecimiento de los cultivos, por lo que su agotamiento supondría un grave riesgo para el futuro de la producción de alimentos. Durante siglos, y todavía se hace a pequeña escala, se ha obtenido de los residuos agrícolas y del estiércol pero, desde principios del siglo XX, la mayoría de las explotaciones agrícolas del mundo dependen de los fertilizantes fosfatados obtenidos a partir de la roca fosfórica.

Se trata de un elemento fundamental para todas las formas de vida de nuestro planeta

Si la demanda mundial de carne y leche sigue aumentando –que lo hace, a pesar de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)–, los pastizales van a necesitar cuatro veces más fósforo para mitad de siglo con respecto a los empleados en 2005 (para lograr un aumento del 80% en la producción de leche y carne), tal y como revelan los autores del estudio, un grupo de científicos de universidades de los Países Bajos y de Naciones Unidas. Sin embargo, en la actualidad, en lugar de aumentar la cantidad de fósforo en los pastos, ésta disminuye, con lo que pueden acabar convirtiéndose en terrenos infértiles. Entre 1970 y 2005, el 44% de esta pérdida se registró en Asia.

La hierba sigue siendo un alimento básico esencial para la dieta del ganado en todo el mundo, a pesar de que cada vez más agricultores añaden cereales a la misma. Así que garantizar la alimentación humana depende, en gran parte, de la productividad de los prados. Y además, una mejor fertilización de los pastizales reduciría considerablemente la demanda de cereales destinados a los rumiantes, que podrían dedicarse al consumo humano.

La falta de fósforo en los pastos también afecta a la agricultura. Gran parte del que ingieren los animales regresa a la tierra a través del estiércol y es empleado por los agricultores, sobre todo en los países en desarrollo, para cultivar alimentos. “De todo el estiércol que se deposita en los prados, la mitad se destina a las tierras de cultivo, para combustible o para enyesar las paredes de las casas en África. El hecho es que como los pastizales no son fertilizados, reciben pocas aportaciones de fósforo”, explica el autor del estudio, Martin van Ittersum, profesor de la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos.

Por tanto, la escasez de fósforo en la tierra provocará una disminución del ganado y de los cultivos, con lo que la oferta de alimentos disminuirá. Para evitar este posible y amenazador escenario, los expertos estiman que los pastizales necesitarán 24 millones de toneladas de fósforo cada año hasta 2050. “Si no mejoramos la gestión y la fertilización de las praderas mientras la ganadería sigue aumentando, estamos ante el riesgo del sobrepastoreo, de la erosión del suelo y de la pérdida de su fertilidad”, afirma van Ittersum.

Tensiones y conflictos geopolíticos

Las praderas constituyen el 26% de las tierras del planeta, sin contar la Antártida ni las tierras árticas. Entre 1970 y 2005 se expandieron un 4%. Los más de 3.000 millones de hectáreas de pastizales apenas se gestionan, con la excepción de algunos países europeos como los Países Bajos, donde la cantidad de fosfato en los suelos es aún elevada y no se necesitarán fertilizantes adicionales en los próximos años.

Cabe destacar que el uso excesivo de fertilizantes de todo tipo provoca la eutrofización, acumulación de un exceso de nutrientes en un ecosistema, que en los medios acuáticos facilita la multiplicación de algas y otros microorganismos que agotan el oxígeno del agua y al final impiden la entrada de la luz en lagos, ríos y océanos, lo que acaba con las otras formas de vida, creando lo que se conoce como "zonas muertas”.

Por el momento, el fósforo no tiene sustituto en la producción de alimentos, por lo que siempre habrá una gran demanda global del mismo. Y, según explica Dana Cordell, investigadora del Instituto de Desarrollo Sostenible para el Futuro de la Universidad Tecnológica de Sidney (Australia) y cofundadora de la Iniciativa Mundial de Investigación del Fósforo, la demanda de fertilizantes fosfatados superará a la oferta antes de que acabe el siglo, en algún momento entre 2035 y 2075. Lo que ya ha empezado a disminuir es la calidad del mineral empleado.

El 88% de las reservas mundiales están controladas por tan sólo cinco países

En 2015, el 88% de las reservas mundiales estaban controladas por tan sólo cinco países, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos: Marruecos, China, Argelia, Siria y Sudáfrica. Sólo Marruecos, principal exportador, controla cerca del 75% de las reservas de alta calidad del mundo y está previsto que llegue a controlar hasta un 80-90% en las próximas décadas.

Muchas de las minas que explota Marruecos se encuentran en el territorio ocupado militarmente del Sáhara Occidental, donde se halla el yacimiento de Fos Bucráa, uno de los más ricos del planeta, descubierto durante la colonización española. Esta explotación en un territorio cuya soberanía no le reconoce la comunidad internacional contraviene diversas resoluciones de las Naciones Unidas. Y, por ello, algunas multinacionales han dejado de importar el mineral saharaui.

El pasado mes, el rey marroquí Mohamed VI inauguraba en el territorio las obras de construcción de un complejo industrial de producción de fertilizantes generados a partir de fosfatos, con el objetivo de cubrir la demanda de los países africanos, donde en algunas zonas los agricultores y ganaderos pueden llegar a pagar entre dos y cinco veces más que en Europa por el mismo producto.

Estados Unidos ha sido históricamente el mayor productor, consumidor, importador y exportador de roca fosfórica del mundo. Ahora le quedan reservas para abastecerse durante 20 años. Y China ha impuesto recientemente un arancel de exportación del 135% para garantizar el suministro nacional de fertilizantes, tras el vertiginoso auge de los precios del recurso en 2008, que ha detenido la mayor parte de las exportaciones, informa la Iniciativa Mundial de Investigación del Fósforo.

Si no hay voluntad política para asegurar la futura disponibilidad y la accesibilidad al fósforo, así como una gestión más eficiente de toda la cadena alimentaria –se pierde el 80% del recurso entre la mina y nuestros platos–, el aumento de la población y, por ende, de la demanda, vendrán acompañados de precios volátiles, tensiones y conflictos geopolíticos, augura Cordell. Del fósforo podría depender la paz en el mundo.

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