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Medio ambiente
25 de abril de 2018
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Viernes, 05 de junio de 2015
Ramón Costa
Esquiar sobre residuos
Copenhague construye una gran planta de generación de energía por medio de la incineración de basura sobre la que instalará un parque y un complejo recreativo
Las pistas de descenso tendrán 85 metros de altura máxima / Foto: Bjarke Ingels Group Las pistas de descenso tendrán 85 metros de altura máxima / Foto: Bjarke Ingels Group

Si el proyecto sale adelante según los planes de sus impulsores (ya está realizado aproximadamente en la mitad), en 2017 será posible practicar el esquí de descenso en el centro de Copenhague (Dinamarca es un país sin montañas, su mayor altura es de 170 metros, y por tanto carece de estaciones de esquí alpino), sobre... una planta de combustión controlada de residuos para la producción de energía, el mayor proyecto medioambiental emprendido en el país nórdico.

La capital escandinava, una de las urbes más avanzadas del mundo en materia medioambiental (es la primera que se ha marcado como objetivo dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera, lo que quiere lograr en 2025) ya es capaz de reciclar la inmensa mayor parte de los residuos sólidos que genera.

El complejo lanzará un anillo de humo para visualizar cada tonelada de CO2 emitida

Sólo un 2% de los mismos acaba en los vertederos. El resto se recupera como materia prima (lo que ya incluye la mitad del total) o se valoriza para la generación de electricidad o calefacción. En España, pese a los avances de la última década, la tasa de reciclaje es aún del 33%. Austria es el líder europeo en este terreno, con el 63%, y el conjunto de Dinamarca se queda en el 42%.

En este contexto, Copenhague trabaja ya en la construcción de la nueva planta Amager Bakke (la colina de Amager), situada en la isla de este nombre donde se hallan algunos barrios y el aeropuerto internacional, en el estrecho que la separa de la ciudad sueca de Malmoe, y donde los residuos urbanos serán empleados para producir electricidad y calor para el conjunto urbano.

Sobre ella, y deslizándose desde sus 85 metros de altura máxima (desde donde se obtendrán grandes vistas de la capital y sus alrededores), se construirán tres pistas de descenso de diferentes niveles de dificultad donde será posible esquiar todo el año sobre nieve artificial, y a las que se accederá por medio de un telesilla.

El complejo se erigirá sobre unos muros cubiertos por vegetación, y sobre la planta se extenderá un parque de 31.000 metros cuadrados que además de la pista de esquí dispondrá de jardines con árboles, varias zonas de recreo e incluso paredes de escalada.

Pero la finalidad primordial de la instalación será producir energía a partir de residuos urbanos (su capacidad de generación será de 60 megavatios, producirá calor para 160.000 hogares y electricidad para otros 62.500) y, para que resulte bien evidente, el estudio de arquitectura Bjarke Ingels Group, que empezó a trabajar en el proyecto en 2010 (tras ser elegido en un concurso al que se presentaron 36 diseños), quiere que la planta cumpla además una función pedagógica.

Iluminados por láser

Por ello, el telesilla pasará por encima del área de almacenamiento y emisión de los gases generados durante la combustión, situado en la cúspide de la loma artificial. En este sector, se acumularán los gases hasta que se haya generado el equivalente de una tonelada de dióxido de carbono, momento en el cual serán liberados en forma de un anillo de humo que será visible desde toda la ciudad y que le recordará a sus habitantes cómo se ha agravado con ello el calentamiento global.

Un dispositivo emisor de rayos laser iluminará estos anillos, liberados con esta forma perfectamente redonda por unos pistones especiales, y los teñirá de vivos colores para que también sean visibles de noche.

La nueva instalación, cuyo coste total será de unos 3.500 millones de coronas danesas (469 millones de euros) sustituirá en su mismo emplazamiento a la actual planta de Amagerforbraending, que suministra calor al sistema de calefacción pública de Copenhague desde hace 40 años con dos generadores, de 20 y 9 megavatios respectivamente, que aportaron energía a 150.000 hogares quemando 90.729 toneladas de residuos en 2013.

La planta incrementará el volumen de emisiones de la vieja instalación en un 43%, de las 140.000 toneladas a las 200.000. Pero lo hará generando el doble de energía, tratando mayor volumen de residuos y haciéndolo con mayor eficacia. En concreto, será un 25% más eficiente. “Tres kilos de residuos incinerados mantendrán encendida una bombilla durante cinco horas, en lugar de cuatro como hasta ahora”, explica la portavoz del complejo, Signe Josephsen.

Amager Bakke producirá calor para 160.000 viviendas y electricidad para 62.500

Y el volumen de emisiones será en cualquier caso mucho menor que el de metano (25 veces más potente como gas de efecto invernadero que el CO2) que habrían generado los millones de toneladas de residuos quemados si se hubieran depositado en vertederos (la emisión total será de dos a seis veces menos contaminante).

La primera piedra de la planta se colocó en la primavera de 2013, los trabajos comenzaron el verano siguiente y se espera que las obras finalicen el año que viene, según informa el ayuntamiento de la ciudad. El arquitecto Bjarke Ingels afirma que espera ser el primero en bajar esquiando por sus pendientes en 2017.

La concesión por parte de las administraciones públicas de la zona de una financiación de 42,2 millones de coronas danesas (unos 5,6 millones de euros) ha garantizado el futuro del área verde y de recreo que coronará la planta. El Ayuntamiento de Copenhague aporta la mayor parte, 30 millones de coronas (unos 4 millones de euros), y el resto provendrá de los gobiernos locales de Frederiksberg, Hvidøre, Tårnby y Dragør, municipios copropietarios de la planta.

Además de estas aportaciones públicas, que suponen el 60% del presupuesto total, el fondo privado Fonden R 98 ha comprometido otros 10 millones de coronas (1,34 millones de euros), y faltan por conseguir otros 18,2 millones (2,44 millones de euros) para que el proyecto pueda salir adelante.

Dinamarca cuenta con una treintena de plantas de producción de energía a partir de residuos, las llamadas WTE (de Waste to Energy, residuos a energía). Casi las mismas que Estados Unidos que, con 56 veces más habitantes, sólo tiene 26. En 2010 había 451 instalaciones de este tipo en la Unión Europea, frente a las 390 de 2001.

Según la Confederación Europea de Plantas que convierten Residuos en Energía (CEWEP), desde donde se recuerda a los detractores de la quema de residuos que “un 100% de reciclado es imposible”, se precisa que las mismas tratan anualmente 73 millones de toneladas métricas de residuos y producen con ello 44 millones de megavatios la hora de electricidad y otros 61 millones de calor, energía suficiente para proporcionar luz a 13 millones de personas y calefacción a otros 13 millones.

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