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Medio ambiente
19 de enero de 2018
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Lunes, 26 de mayo de 2014
Ramón Costa
El coche eléctrico pasa por Bolivia

El país andino avanza en la industrialización del litio con la mirada puesta en el desarrollo de las nuevas formas de movilidad

El Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, en el país andino  / Foto: JMP El Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, en el país andino / Foto: JMP
Con la inauguración el pasado mes de febrero de una planta piloto para la fabricación de baterías de ión-litio en las proximidades del Salar de Uyuni, donde se cree que existen las mayores reservas mundiales de este elemento, Bolivia ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para explotar un recurso clave para el desarrollo del vehículo eléctrico.

El litio es un metal de color blanco-plateado, blando, ligero y de muy baja densidad, excelente conductor del calor y la electricidad, descubierto en 1800 en una mina de Suecia. Se encuentra en pequeñas cantidades en rocas volcánicas y sales minerales, y se ha revelado como un elemento fundamental para hacer más ligeras y productivas las baterías de ordenadores, móviles, tabletas, cámaras y vehículos eléctricos, en las que una pequeña cantidad de litio actúa como un eficaz ánodo, lo que incrementó su precio de los 450 dólares (unos 330 euros) por tonelada en 2003 hasta los 3.000 (2.200 euros) en 2009.

El Salar de Uyuni podría almacenar 100 millones de toneladas de litio disuelto en la salmuera

Bolivia, Chile y Argentina acumulan, en los salares (desiertos de sal) de la zona donde se encuentran sus fronteras –principalmente los de Atacama (Chile), Uyuni (Bolivia) y el Hombre Muerto (Argentina)–, más de la mitad de los 40 millones de toneladas de litio que se cree que existen en todo el planeta (aunque algunas estimaciones elevan esta cantidad hasta el 85%).

Por ello, la revista Forbes llegó a llamar a esta región andina “la Arabia Saudí del litio”, comparando el peso estratégico que puede alcanzar, en un mundo dominado por la movilidad eléctrica, cuando se agoten, o el cambio climático haga inviable seguir explotando las reservas mundiales de hidrocarburos, con el que han tenido hasta ahora las monarquías petroleras del Golfo Pérsico.

Pero, pese a que Bolivia tiene el mayor yacimiento del mundo, todavía no ha conseguido desbancar en la producción a Australia y Chile, los mayores exportadores del metal. El país andino cifra en el litio buena parte de sus esperanzas de dejar de ser el segundo más pobre de América del Sur (históricamente fue siempre el más pobre, pero recientemente logró desbancar a Paraguay).

La planta inaugurada por el presidente Evo Morales es de tecnología china, y fue instalada por la compañía Linyi Gelon New Battery Materials sobre una superficie de 1.600 metros cuadrados en la localidad de La Palca, a unos 10 kilómetros de Potosí tras una inversión de casi tres millones de dólares (2,19 millones de euros).

El Gerente Nacional de Recursos Evaporíticos boliviano, Luis Alberto Echazú, afirmó que la industrialización del litio en el país avanza gradualmente con el objetivo de estar lista “antes del boom mundial de los vehículos eléctricos, que se prevé se produzca en 2020”. El mercado internacional absorbe “de 100.000 a 170.000 toneladas anuales de litio, no ha crecido tanto como auguraban algunos expertos, pero está creciendo”, dijo. “Para 2020 se espera que la demanda sea mayor que la oferta. Hoy es todavía al revés”, señaló.

Materias primas bolivianas

La Corporación Minera de Bolivia (Comibol) estima que el Salar de Uyuni puede almacenar 100 millones de toneladas de litio disuelto en la salmuera. "Si tenemos la reserva más grande de litio en Bolivia, ¿por qué no tener la industria más grande de litio en Bolivia? Esa debe ser nuestra meta y está en nuestras manos", afirmó Morales durante la inauguración.

El Salar de Uyuni es el mayor desierto de sal del mundo, con una superficie que supera los 10.000 kilómetros cuadrados. Antiguo fondo de un mar seco, hoy situado a 3.650 metros de altitud por la elevación de los Andes debida al empuje de las placas tectónicas, cuenta también con importantes reservas de potasio, boro y magnesio.

Precisamente con magnesio está muy mezclado el litio de Uyuni, lo que, junto a las lluvias periódicas, encarece el proceso de extracción y procesamiento del metal, que comenzó el año pasado una planta con capacidad para producir 40 toneladas mensuales de carbonato de litio en Llipi, a orillas del salar.

Las autoridades calculan que en unos cinco años se podrá empezar a exportar

Hasta el momento, la infraestructura ha generado ya nueve toneladas de este material, que es el utilizado como materia prima en las baterías. Una cantidad todavía muy pequeña frente a las 200.000 toneladas producidas a nivel mundial. También funciona ya en el salar una planta de producción de cloruro de potasio.

Mientras, la fábrica piloto de baterías inaugurada este año tiene como primer objetivo la capacitación de 21 técnicos bolivianos por parte de los expertos chinos, que han empezado a formarles en el ensamblaje de baterías para teléfonos móviles y bicicletas, inicialmente con materiales importados.

Más adelante, la planta trabajará ya con materias primas bolivianas. La instalación tiene una capacidad de producción de mil baterías de teléfonos móviles y 40 baterías mayores para bicicletas o automóviles al día. El ministro de Minería y Metalurgia, Mario Virreira, asegura que, en cinco años, Bolivia contará con plantas de baterías de ión-litio de alta densidad para abastecer el mercado nacional e incluso empezar a exportar.

El vehículo eléctrico sigue avanzando a un ritmo sostenido. Los expertos vaticinan para este año un crecimiento de la producción del 67%, lo que situaría el parque mundial en 1.100.000 unidades circulando. La consultora Pike Research augura que Estados Unidos se convertirá en el mayor mercado para esta clase de automóviles en 2020, con 1,8 millones de unidades vendidas, que supondrán al menos la mitad de las ventas globales.

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