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Medio ambiente
20 de octubre de 2018
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Miércoles, 25 de julio de 2012
Ramon Costa
Groenlandia se derrite
La NASA detecta un inusual volumen de deshielo en la mayor isla del mundo, después de Australia. Entre los días 11 y 16 de julio la fundición ha alcanzado al 97% de la capa superficial
Témpanos desgajados de un glaciar groenlandés / Foto: Over Snap Témpanos desgajados de un glaciar groenlandés / Foto: Over Snap
Un 97% de la superficie helada de Groenlandia, la mayor isla del planeta después de Australia, situada al noreste del continente americano, registró durante varios días del presente mes de julio la fundición superficial de la capa de hielo, según detectaron tres satélites independientes cuya información fue analizada por expertos de la Agencia Nacional del Espacio de los Estados Unidos (NASA, en sus siglas en inglés) y de diversas universidades norteamericanas.

Groenlandia, que es una región autónoma bajo soberanía de Dinamarca, tiene una superficie de 2,16 millones de quilómetros cuadrados en los que viven solamente unas 57.000 personas, lo que arroja una densidad de población de 0,026 personas por quilómetro cuadrado, una de las más bajas del mundo.

Aproximadamente el 80% de su territorio está cubierto de hielo, lo que la convierte en la mayor reserva del mismo y de agua dulce en la Tierra después de la Antártida. El grosor medio de la capa de hielo es de dos mil metros, aunque en algunos puntos puede alcanzar los tres.

Si todo ese hielo se derritiese, el nivel del mar subiría en todo el planeta unos siete metros, lo que provocaría la desaparición bajo las aguas de metrópolis como Los Ángeles, Nueva York, Londres o Barcelona.

Según un comunicado de la NASA, la extensión afectada por el deshielo, que habitualmente afecta en los días más cálidos del verano a las capas superficiales del 40% del casquete helado, "aumentó dramáticamente" este año hasta cubrir el 97% entre los días 11 y 16 de julio. El día 8, sólo el 40% del hielo sufría la fundición superficial, como resulta habitual.

Diversas olas de aire caliente se aposentaron sucesivamente sobre Groenlandia desde finales de mayo, "y cada una fue más fuerte que la anterior", explicó Thomas Mote, climatólogo de la Universidad de Georgia.

Se trata del mayor fenómeno de deshielo en la isla detectado en el seguimiento por satélite de los últimos treinta años, y los científicos todavía no han podido ni establecer sus causas –aunque coincide con dicha inusual acumulación de aire caliente sobre la isla– ni evaluar su impacto sobre la elevación del nivel de los océanos.

"Acontecimientos de este tipo se producen aproximadamente cada 150 años. Como el último se produjo en 1889, el actual estaría dentro de la norma", afirmó la glacióloga Lora Koenig, uno de los miembros del equipo que revisó los datos de los satélites. "Pero si seguimos observando fenómenos de este tipo en los próximos años, será algo realmente inquietante", advirtió.

A principios de julio, un enorme bloque de hielo de un tamaño que duplicaba el de la isla de Manhattan se desprendió de uno de los mayores glaciares groenlandeses, el de Petermann, al noroeste de la isla, según detectaron también los satélites monitorizados por la NASA. El glaciar tiene unas dimensiones de 70 quilómetros de largo por 15 de ancho, y un grosor de entre 30 y 600 metros.

El témpano desprendido, de una superficie de 119 quilómetros cuadrados, quedó flotando a la deriva. Y hace dos años, se desgajó del mismo glaciar un bloque de hielo de un tamaño todavía dos veces mayor. Los científicos creen que estos fenómenos guardan relación con el cambio climático, aunque todavía no disponen de pruebas inequívocas.

Andreas Muenchow, profesor de la universidad estadounidense de Delaware, que seguía la evolución del desprendimiento desde que se detectó una enorme fisura en el glaciar hace varios años, se mostró preocupado por estos incidentes. "Tenemos información sobre la isla desde hace siglo y medio, y estamos viendo cambios que no se habían visto antes", advierte. "Esto ya no es parte de las variaciones naturales", señala el glaciólogo de la NASA Eric Rignot, que ha estudiado el Petermann durante largo tiempo.
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