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Medio ambiente
29 de abril de 2017
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Viernes, 17 de febrero de 2017
Alberto G. Palomo
Élise Desaulniers: "No encuentro ningún motivo racional para comer carne"
No existe manera alguna de criar animales para el consumo humano que no sea éticamente reprobable, opina la escritora canadiense, quien considera "prioritario y urgente" afrontar el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero de nuestro modelo alimentario y se muestra indecisa a la hora de cuestionar si los cultivos transgénicos son dañinos o una forma viable de incrementar la producción de comida
Élise Desaulniers
Élise Desaulniers
Esta escritora y periodista (nacida en Joliette, Canadá, en una fecha que se resiste a facilitar) escribe sobre alimentación sin ser, señala, ni nutricionista, ni agrónoma, ni ganadera. Hace una década, de forma casi fortuita, empezó a investigar sobre lo que comía. Y dejó de poner carne en sus platos. Comenzó a publicar un blog personal para dar a conocer sus descubrimientos. Y de ahí pasó a medios de referencia como The Huffington Post o L'Observateur hasta que en 2011 publicó Comer con cabeza. Cómo alimentarse de manera sana, sostenible y respetando el bienestar animal, que Errata Naturae ha editado en castellano. En 2015 ganó el Gran Premio de Periodismo Independiente de su país.
¿Cómo se relaciona la ética con la comida? ¿Cada acción que llevamos a cabo para alimentarnos está reñida con la moralidad?

La ética es una rama de la filosofía que busca respuestas a preguntas como '¿Cuál es la mejor manera de vivir?' o '¿Qué acciones son correctas o incorrectas en circunstancias particulares?'. Todas nuestras acciones pueden tener consecuencias sobre otros seres humanos, sobre los animales o sobre el planeta. En esta perspectiva, por tanto, todas nuestras acciones se hallan relacionadas con la moral. Cuando hablamos de alimentos, las preocupaciones más comunes son si estos resultan perjudiciales para el planeta, si se obtienen mediante malas prácticas laborales, si provocan la escasez de alimentos para otros o cómo es el tratamiento y el sacrificio de los animales. La forma más sencilla de responder a cómo podemos ser éticos con la comida podría ser: reduciendo al mínimo el daño que causan nuestras opciones alimentarias.

En su libro explica cómo ha sido la progresión del trato a los animales. ¿Qué podemos hacer para volver a las granjas familiares o a otra forma de producción de carne menos dañina para ellos?

No creo que tengamos que regresar a la agricultura familiar o a granjas más pequeñas. Eso no sería muy distinto de cara a los animales. De hecho, no creo que exista alguna forma ética de críar animales para la alimentación. ¿Es realmente más ético matar a un animal con una vida feliz que a uno de granja industrial? Sí, es un poco mejor, pero al final también supone acortar la vida de un ser sensible que tiene ganas de vivir. Por otra parte, los estudios muestran que si todos los bovinos de Estados Unidos fueran criados en pastos sería necesaria la mitad del territorio del país. Ahora, las tierras agrícolas que se utilizan para la producción animal ocupan un 70% del total cultivado. Pronto habrá 10.000 millones de bocas humanas que alimentar, ¿no? Pues cada acre (4.047 metros cuadrados) de tierra sembrada tendrá que dar de comer a 5,6 personas en 2020, mientras que en 1960 estaba alimentando a 2,3 personas. Parece que el futuro de la agricultura actual sólo es alimentar a los animales que vamos a comer.

A la hora de saber qué comemos, ¿hay algún avance en las políticas de etiquetado? ¿Por qué es tan difícil la transparencia o tener un código internacional?

Creo que se ha experimentado algún progreso. Recientemente se han producido casos de fraude muy llamativos relacionados con la alimentación en Asia, Europa y América y los consumidores exigen más transparencia. La creciente demanda de alimentos orgánicos y locales entre las clases medias podría ser una buena señal. Sin embargo, las grandes empresas no tienen ningún interés en ser más transparentes y eso tampoco parece ser una prioridad para los gobiernos. Pasa lo mismo con todos los bienes manufacturados. No veo cómo podemos lograr una total transparencia sin necesidad de desmontar todo el sistema.

¿Dónde se produce el peor impacto de nuestro modelo alimentario, en la tierra o en el mar? ¿Qué especies han desaparecido debido a nuestra forma de comer?

Esa es una pregunta difícil. Creo que no ha habido ningún estudio que compare los dos ámbitos. La mitad de la cubierta vegetal del planeta se ha perdido en los últimos 150 años, mientras que el calentamiento global tiene enormes efectos sobre la vida marina. En 2050 se espera que la pérdida de hábitats críticos, como los arrecifes de coral y los manglares, va a contribuir a una disminución sustancial del número de especies. Tenemos una responsabilidad muy grande a la hora de conservar la biodiversidad, pero es difícil separar el impacto de nuestra obtención de alimentos y el de otras actividades. Dicho esto, sabemos que algunos invertebrados, como las libélulas, han desaparecido debido a nuestro uso de pesticidas. Y muchas especies de la Amazonia están amenazadas debido a la deforestación que causan nuestras opciones alimentarias.

¿Qué cree que es peor, comer peces, que pueden llevar microplásticos y metales pesados en su organismo, o ejemplares de piscifactoría con antibióticos?

Desde mi punto de vista es igual de malo. Los peces son seres vivos y la pesca pone en peligro la biodiversidad en los océanos. Las piscifactorías, por su parte, también son una fuente importante de contaminación del mar. Muchos expertos están de acuerdo en que debemos reducir nuestro consumo de pescado teniendo acceso a proteínas y Omega 3 en productos de origen vegetal.

¿Hay algún argumento a favor del consumo de carne?

He estado trabajando en estos temas desde hace años y todavía no he visto un motivo racional para defenderlo. En la práctica, creo que la carne es la única fuente de proteínas para muchas personas que, simplemente, no tienen otra opción, de momento. A lo mejor en estos casos puede tener cierto sentido comer carne, porque no tienen alternativas. Pero sólo en este caso.

¿Y para defender los productos transgénicos? ¿Qué opina sobre el arroz dorado o el algodón contra las plagas?

Ha habido una gran cantidad de información errónea acerca de los productos modificados genéticamente. Se tiende a mezclar muchos temas en el debate. Podemos estar en desacuerdo con lo que Monsanto está haciendo y aun así creer que los transgénicos son una manera de salvar vidas y aumentar la producción de alimentos con una perspectiva ecológica. Debemos analizar las opciones de manera racional.

¿Cómo se mide la huella ecológica de nuestras verduras, frutas y alimentos en general?

Hay diferentes maneras de analizarla, pero creo que el criterio principal debería ser medir la emisión total de dióxido de carbono (y otros gases de efecto invernadero) que causa su producción. Nuestro enfoque principal y urgente debe estar en la lucha contra las emisiones de que genera llevar nuestros alimentos de la granja a la mesa. Por ejemplo, la producción de un kilo de carne de vacuno produce, de media, 27 kilos de C02 mientras que la de uno de lentejas sólo produce 0,9. Muchas veces tiramos del consumo local para reducir la huella ecológica, pero el transporte sólo representa el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero de nuestra comida.

¿Qué opina sobre iniciativas como el supermercado danés We Food u otras parecidas contra el desperdicio de alimentos?

Todas las iniciativas contra el desperdicio son buenas. Alrededor del 50% de los alimentos que producimos va a la basura y eso es una absoluta vergüenza. Pero debemos tener cuidado. En Canadá, una cadena de supermercados ha lanzado recientemente una marca de alimentos "feos" con patatas, zanahorias y otros vegetales que suelen descartarse... y me da la impresión de que puede ser una estrategia comercial, un nuevo envoltorio. Tenemos que pensar en la reducción de residuos desde el principio de la cadena: en los campos, en los supermercados, en el proceso de transformación y en el hogar.

¿Cree que la gente está tomando más conciencia sobre cómo comer con cabeza?

Sí, la gente está cada vez más y más concienciada. Cuando empecé a trabajar en este tema, hace siete u ocho años, era más complicado encontrar alternativas a la carne y los productos lácteos. Y yo era la única vegetariana en la oficina. Ahora hay buena comida vegetariana en todas partes a donde viajo y las personas que criticaban mis opciones me piden recetas vegetarianas. Muchos gobiernos también empiezan a tener en cuenta el impacto ambiental en sus recomendaciones nutricionales. En países como Francia, donde la carne es sagrada, sólo el 4% de la población quería ser vegetariana hace unos años. Cifras recientes muestran que el 10% de la población está pensando en adoptar una dieta basada en vegetales. En definitiva: el mundo está cambiando rápidamente. También gracias a los críticos gastronómicos y a los documentales sobre el tema.

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