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Medio ambiente
17 de julio de 2018
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Miércoles, 10 de julio de 2013
Enia Sánchez
El sabor amargo de las golosinas
Las populares chucherías que consumen niños y no tan niños predisponen a numerosas enfermedades. Pero ya existen alternativas saludables
Caramelo de forma de círcular / Foto: Elnur Caramelo de forma de círcular / Foto: Elnur

Con sus atractivos colores y presentaciones, los chicles, los caramelos, las patatas fritas y las chuches con forma de nube, osito o huevo frito ganan la batalla a menudo a alimentos saludables de la dieta mediterránea. Las golosinas, dulces o saladas, son una tentación irresistible para los más pequeños de la casa: la mitad de los niños españoles consume chucherías al menos una vez por semana, y uno de cada tres las toma a diario, según un estudio de la Sociedad Andaluza de Pediatría.

Pero no son sólo cosa de niños. El consumo de gominolas se ha generalizado en todas las franjas de edad. Según la Asociación Española de Fabricantes de Caramelos y Chicles (CAYCHI), más de la mitad de los adultos españoles consume este tipo de dulces: cada uno ingiere una media de tres kilogramos por año de caramelos y chicles, una cifra que sitúa al país en en los últimos puestos del ranking europeo de consumo de este tipo de productos.

El sector de las chuches resiste a la crisis económica. La facturación global (mercado interior y exportaciones) en 2011 del grupo de caramelos y chicles se situó en 710.291 euros, lo que supuso un aumento del 0,3% en relación al 2010, señalan los datos de la Asociación Española del Dulce. Por volumen, se comercializaron un total de 226.427 toneladas, un 2,89% más que en el año anterior. Los chicles sin azúcar (38%) se consolidan como el producto más vendido, seguido por los caramelos para niños (33%), los caramelos para adultos (26%) y los chicles con azúcar (3%).

El sector del dulce en general, que comprende las categorías de caramelos y chicles; chocolate y derivados del cacao; galletas, turrones y mazapanes y la de panificación y pastelería, facturó poco más de cuatro millones de euros en 2011, lo que supuso un aumento del 5,8% respecto al año precedente.

La mitad de los niños españoles las consume una vez por semana y un tercio, a diario 

“Manjar delicado, generalmente dulce, que sirve más para el gusto que para el sustento”. Con estas palabras define el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua a una golosina, remarcando el vínculo entre las chucherías y el placer, ya que desde un punto de vista nutricional son del todo prescindibles. Las gominolas son hipercalóricas: contienen de 300 a 400 kilocalorías cada cien gramos, unas calorías llamadas “vacías” porque aportan energía pero no nutrientes y provocan saciedad por un período corto de tiempo.

Las golosinas tienen excesivas grasas saturadas, demasiada sal o azúcar ─como la fructosa, la glucosa y la sacarosa─ e incluyen aditivos ─entre los que se encuentran los edulcorantes, los colorantes y los potenciadores del sabor─. Y precisamente son los aditivos los ingredientes que más controversia provocan.

Un abuso de los mismos, según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, puede provocar alergias y reacciones adversas como erupciones en la piel o incluso asma. Por ejemplo, del grupo de los colorantes azoicos, el llamado azul patentado (E-131), puede generar urticaria, y la tartracina (E-102) no está recomendada para personas asmáticas. Además, algunos expertos también los relacionan con el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, en contra de la posición de la Unión Europea

Un componente muy peligroso

En 2003, la UE suspendió la autorización de uso del aditivo alimentario E-425, llamado konjac o goma de konjac, por su peligrosidad, tanto en las golosinas de gelatina como en cualquier otro artículo de confitería a base de la citada sustancia, ya que había causado la muerte por asfixia de varios niños y personas mayores en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido.

Desde el 1 de junio de 2013 se aplica en todos los países de la UE una nueva lista de aditivos autorizados para su utilización en alimentos y sus condiciones de uso, establecidas en el anexo II del Reglamento (CE) n. 1333/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo. En el listado sólo aparecen los aditivos alimenticios que se han comprobado de manera científica como seguros para el consumo. Muchos de ellos se han sometido a una reevaluación puesto que habían sido estudiados en los años 80 y 90.

La ingesta excesiva de chuches favorece la diabetes, las caries y la obesidad

El consumo excesivo de chucherías también predispone a la diabetes, a las caries y a la obesidad. La Encuesta Nacional de Salud de 2011-2012 indica que la obesidad ha aumentado un 9,6% en los últimos 25 años. La enfermedad afecta al 17% de la población de 18 y más años (18% de los hombres y 16% de las mujeres), mientras que en 1987 la sufría el 7,4% de dicha franja de población. Por su parte, la prevalencia de la obesidad infantil (de dos a 17 años), se mantiene relativamente estable desde 1987, con altibajos: un 27,8% padece obesidad o sobrepeso.

Por ello, las asociaciones de pediatras advierten de la necesidad de vigilar el consumo que los más pequeños hacen de las golosinas y de que éstas vengan empaquetadas y cumplan las normas de higiene. Y si bien pueden utilizarse como una recompensa por un esfuerzo o en una celebración especial, no hay que emplearlas de manera rutinaria ni diaria.

Con el objetivo de encontrar una chuches saludables, un equipo de investigadoras de la Universitat Politècnica de Valencia ha desarrollado espumas del tipo nube de azúcar que no provocan caries y que estimulan y favorecen el crecimiento de la flora intestinal.

Además, el nuevo producto obtenido destaca por su bajo índice glicémico e insulinémico, es decir, no provocan picos de glucosa en sangre. La clave está, tal y como se explica en la web del centro, en la sustitución de los azúcares habitualmente utilizados en la fabricación de estos productos por dos ingredientes naturales, un azúcar (la isomaltulosa) y una fibra soluble (la oligofructosa).

Y hay otras opciones sanas. Se pueden comprar gominolas ecológicas o hacerlas en casa garantizando la calidad de la materia prima, reduciendo la cantidad de azúcar o sal y sin añadirle aditivos ni grasas. En los últimos años, varias empresas se han especializado en este tipo de productos. La moda eco también ha llegado a las chuches.

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