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Medio ambiente
16 de febrero de 2019
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Jueves, 17 de enero de 2019
Roger Font
El negro balance del Rally Dakar sobre los territorios que atraviesa
Emisiones, residuos, erosión del terreno, daños a la fauna y el patrimonio arqueológico, y hasta el momento 65 víctimas mortales, nueve de ellas niños
Huellas del paso de uno de los vehículos del rally sobre geoglifos del desierto de Nazca / Foto: Asociación Maria Reiche Huellas del paso de uno de los vehículos del rally sobre geoglifos del desierto de Nazca / Foto: Asociación Maria Reiche

Tras 11 días de imágenes en televisión de coches y motos remontando dunas y grabando largas roderas en el desierto, entusiásticamente ensalzadas por los locutores, el Rally Dakar finalizó ayer dejando un año más una gran estela de impactos ambientales en los espacios naturales peruanos que ha atravesado a toda velocidad la caravana de coches, motos, camiones y otros vehículos terrestres de competición (337 en esta edición) y decenas más de apoyo logístico.

Porque además de los artefactos que compiten, están los vehículos de apoyo de los equipos, los de avituallamiento de esta ciudad móvil, ambulancias y otros, que son transportados parte del recorrido en aviones, más la decena de helicópteros que sobrevuelan este circo ambulante, que mueven a un colectivo de más de 3.000 personas a lo largo de la ruta. En la edición del año pasado, según la prensa boliviana, lo seguían además “un dispositivo de seguridad de más de 20.000 personas” y “alrededor de cuatro millones de espectadores, de los cuales 1,5 millones se registraron en Bolivia”. 

337 participantes y una caravana de 3.000 personas han recorrido espacios semivirgenes

Afortunadamente, en esta edición no se ha registrado ninguna víctima humana (aunque, sin duda, muchos animales domésticos y salvajes han acabado sus días bajo las ruedas). Las últimas muertes de personas se registraron en 2016, y fueron las de un espectador boliviano y otro argentino.

Pero, desde su primera edición, la carrera se ha cobrado las vidas de 25 participantes (por traumatismos, infartos e incluso deshidratación), incluida la del fundador del entonces llamado Rally París-Dakar, Thierry Sabine (fallecido al caer su helicóptero), y la cifra total de muertos, a la que se han sumado un buen puñado de espectadores y también simples viandantes ajenos a la carrera, arrollados por los corredores lanzados a toda velocidad, además de otros integrantes de la caravana (organizadores, mecánicos, periodistas), se eleva al menos a 65, incluyendo nueve niños atropellados.

Solamente una decena de las ediciones celebradas desde 1978, primero en África Occidental y después en Sudamérica, acabaron sin muertos, y en una sola de ellas, la de 1988, se registraron 8 fallecimientos. Además, cientos o miles de cabezas de ganado y animales salvajes (e innumerables de pequeño tamaño) también han resultado embestidos por los pilotos, o han sucumbido al estrés causado por el paso de los atronadores vehículos por sus hábitats. Este es sin duda el principal y peor efecto negativo de esta prueba que rinde culto a la contaminación, el despilfarro y la velocidad desmedida, pero no el único.

La propia organización admite que celebrar la carrera supone la emisión de 15.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) y la generación de no menos de 100 toneladas de residuos sólidos, que por supuesto nunca son recogidos en su totalidad, ni siquiera en su mayor parte. El Dakar afirma querer compensar las emisiones apoyando proyectos de reforestación en la Amazonia y recoger los desperdicios (pero muchos son lanzados por los participantes lejos de los campamentos y permanecerán en el entorno para siempre). Además, no solo ensucia la caravana: la prensa boliviana destacó el año pasado que “no se difundió información sobre alguna evaluación que se haya hecho sobre la cantidad de basura que genera el más de millón de visitantes" que siguieron la carrera.

"Ostentación hiriente"

Y aquí tampoco se acaba la lista de perjuicios. Los potentes y ruidosos vehículos de competición atraviesan a toda marcha y sin miramiento alguno espacios naturales semivirgenes y cultivos en zonas rurales donde impera la pobreza, circulando fuera de los caminos establecidos y llevándose por delante todo lo que se cruza en el trazado que hayan elegido. El Defensor del Pueblo argentino recibió denuncias de comunidades nativas por "afectación de viviendas, destrucción de caminos comunitarios y mortandad de animales". Para muchas familias africanas o andinas, la pérdida de un sembrado o una cabra puede suponer el hambre.

Según enumeró hace años un documento de Ecologistas en Acción: “A la contaminación atmosférica y acústica que producen [los participantes], se unen la erosión del suelo (cada 1.000 km recorridos por uno de esos vehículos fuera de los caminos supone la erosión de una hectárea de suelo) y el efecto perturbador producido por ruido y luces sobre la fauna silvestre”, sin olvidar “el despilfarro inadmisible y la ostentación hiriente que este tipo de competición representa en un mundo de profundas desigualdades sociales. Conviene recordar que el Rally Dakar se desarrolla en las áreas más pobres del planeta”. "Esta prueba genera gran cantidad de residuos, neumáticos, aceites, basura y sobre todo una gran polución en el ambiente", coincidió tiempo después Greenpeace de Chile.

La Fundación Ambiente y Recursos Naturales de Argentina añade a estos impactos que la carrera "podría afectar zonas inundables, como humedales, sitios frágiles, ricos en biodiversidad y fuentes de agua, un recurso tan relevante en áreas áridas como las que suele atravesar la competición". 

La organización reconoce 15.000 toneladas de CO2 y 100 de residuos sólidos

Debido a que la situación política en África Occidental hizo demasiado peligrosa la prueba (para los participantes), el Dakar (que conserva en su nombre el de la capital senegalesa donde antaño finalizaba) se corre desde 2009 en América del Sur, por zonas ecológicamente tan frágiles como el altiplano andino.

“Cada uno de estos autos que están pasando por estos terrenos va deteriorando el suelo, quitándole la capa superficial fértil, que hace que puedan crecer sus escasas plantitas. En el altiplano los suelos son muy superficiales, más o menos la capa fértil sería de 20 centímetros”, señala la experta en la materia Kathya Sánchez Patzy, de la Universidad Católica San Pablo. Sobre el hecho de que el Dakar pague por reforestar la Amazonia, "es como si yo voy a tu patio, lo ensucio, boto [tiro] mi basura y la dejo allí y quiero compensártelo dándole árboles a tu vecino”, critica la ambientalista Carmen Capriles, de la campaña de lucha contra el cambio climático 350.org

Además de a la naturaleza, el rally causa daños al patrimonio arqueológico y paleontológico. En Chile, dos pilotos fueron detenidos al ser filmados cruzando a toda velocidad por un sitio arqueológico previamente demarcado. En Perú se pisaron algunas de las famosas líneas de Nazca. "Estoy muy preocupado pues creo que le estamos haciendo un gran daño a estos desiertos del Perú. La gente cree que solo hay arena, pero allí hay geoglifos [grandes dibujos grabados en el suelo] antiguos. Los de Nazca se conocen, pero el desierto de Ica está lleno de jeroglifos de la cultura Nazca que son parte de nuestro patrimonio", afirmaba hace unos años el empresario agrícola Alberto Benavides, que posee tierras en la zona y recordaba también que la zona atravesada por la carrera estaba llena de fósiles.

Frente a todo ello, el director general del rally, Etienne Lavigne, afirma que el cuidado del medio ambiente es “una obsesión” para la organización, que en su web califica el popular evento automovilístico de “ecoresponsable”, en un uso más que particular de estos términos. Poco se ha hablado de todos sus impactos negativos en las más de 1.200 horas de televisión que han sumado unos 70 canales con alcance en 190 países, con una audiencia potencial de al menos 1.000 millones de televidentes. Todo han sido imágenes espectaculares y elogios acríticos para las proezas de los pilotos.

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